Latinoamérica quedándose atrás

Durante mi reciente estadía en Washington, un amigo chileno que acababa de regresar de su patria me contó un par de cosas importantes. La primera es que el tumulto que vive Chile no fue instigado por agentes desestabilizadoras de Cuba o Venezuela. Más bien lo atribuye a agitadores de la izquierda criolla que han capitalizado la inconformidad de la clase media chilena que siente que sus condiciones de vida no son consistentes con sus expectativas. Lo segundo es que, con tal de apaciguar al país, la clase política chilena podría desmantelar la economía de mercado que el país ha tenido durante los últimos cuarenta años. En su lugar, regresarían a las políticas socialistas que fueron las que estancaron a Chile durante gran parte del siglo XX.

De cumplirse su segunda aseveración, sería pésima noticia para Chile. Gracias a su entusiasta apego a la economía de mercado, Chile ha logrado las tasas de crecimiento más elevadas de la región y ha alcanzado un ingreso per cápita de US$15,900, el más alto de Latinoamérica. Pero también sería una grave noticia para el resto de Latinoamérica porque animaría a los que abogan por el socialismo. El enfoque populista y socialista está fuertemente arraigado en la región y —combinado con la volatilidad política que ha sido endémica en el subcontinente— ha sido nefasto para la América Latina.

Veamos el récord histórico. En 1965, el “primer mundo” consistía de los Estados Unidos, algunos países de Europa Occidental y un manojito de naciones anglófonas como Canadá y Australia. En ese año, ¡Japón todavía recibía préstamos del Banco Mundial! Latinoamérica era subdesarrollada, pero era más próspera que el resto del Tercer Mundo. Tan es así que Nicaragua tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea, la China y Singapur.

Desde ese entonces, Latinoamérica se ha estancado. Durante la década recién cumplida, nuestra “tajada” del PIB global ha caído de 8.7 por ciento a 7.5 por ciento mientras que la de Asia ha subido de 25 por ciento a 33 por ciento. Pero no solo nos hemos quedado atrás de los “tigres” asiáticos, sino que nos están aventajando el Medio Oriente y África. Por ejemplo, en 2019 las economías de África Subsahariana crecieron a un ritmo de 3.2 por ciento, según el Fondo Monetario. Mientras tanto, las nuestras solo lograron una anémico crecimiento de 0.2 por ciento.

Claramente hay muchos factores que contribuyen a un pobre desempeño económico incluyendo desastres naturales. Pero nada es peor que desastres humanos como gobiernos que en lugar de fomentar el desarrollo y confianza, crean incertidumbre por errores políticos y/o de mal manejo económico.

El autor fue canciller de Nicaragua y presidente de la Comisión Económica de la Asamblea Nacional.

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