Torpeza económica de la dictadura

Esta voracidad económica gubernamental, dicen los analistas económicos y empresarios consultados por LA PRENSA, socavará los negocios, profundizará la retirada de inversión y dañará todavía más las finanzas de todos los nicaragüenses

dictadura, represión, Nicaragua

LA PRENSA ha publicado el lunes de esta semana algunas informaciones muy importantes sobre la situación de la economía nacional y sus perspectivas. Además, el día anterior, en la edición Domingo de este Diario se publicó también una entrevista de fondo sobre la misma problemática, con el conocido economista independiente Néstor Avendaño.

Las informaciones se refieren a las reformas legales que anunció la dictadura para este año, con el afán de “obtener más recursos económicos para garantizar el sostenimiento del gasto público y su aparato clientelista en un año preelectoral”. Como pieza principal de ese paquete legislativo se incluye una nueva reforma tributaria, que sería la segunda desde que estalló la crisis sociopolítica nacional en abril del año pasado y la cual tendría consecuencias más devastadoras para la economía de libre empresa y la vida de la gente en general, basta decir que la nueva reforma fiscal mandaría al desempleo a alrededor de 200 mil personas más. Esta voracidad económica gubernamental, dicen los analistas económicos y empresarios consultados por LA PRENSA, socavará los negocios, profundizará la retirada de inversión y dañará todavía más las finanzas de todos los nicaragüenses.

Es evidente que el dictador Ortega está empecinado en “acorralar” a los empresarios y destruir la economía de mercado, o reducirla a una mínima expresión. Este empecinamiento se debe, según los analistas, a su afán de vengarse de la clase empresarial porque rompió el acuerdo de cooperación con el régimen que mantuvo hasta el 18 de abril de 2018, cuando el estallido social hizo saltar en pedazos el modelo económico orteguista. Pero la verdad es que el modelo de consenso corporativista con los empresarios se rompió por culpa de la dictadura, que optó por reprimir a balazos las protestas sociales en vez de dialogar con los manifestantes pacíficos cuyas demandas ni siquiera eran políticas. La arrogancia dictatorial no le permitió a Ortega, como no se lo permite ahora, reconocer sus errores y las fallas estructurales de su proyecto gubernamental, y prefiere culpar y castigar a los demás.

En su entrevista con LA PRENSA el economista Néstor Avendaño advirtió que poner más impuestos aumentará la depresión de la economía, pero ni siquiera le permitirá al régimen aumentar sus ingresos. “Subir los impuestos es elevar la inflación y si hay una caída en picada de la economía, se deja de producir más porque los costos suben…”, advirtió Avendaño. Más bien lo que se debe hacer es bajar las tasas tributarias, explicó el economista independiente, quien cree “que (como alternativa) el gobierno está trabajando con las pequeñas empresas. Pero estas no son sustitutas, a como nos quieren vender, de la gran empresa. Ahí escucho a los voceros del gobierno de que la economía crece —asegura Avendaño— y yo solo me pongo a sonreír. Ningún país ha crecido sobre (la base de) la microempresa”.

En realidad, Ortega se vuelve a equivocar de plano si cree que con un modelo de socialismo estatista basado en la pequeña empresa y la generalización de la pobreza, podrá sustituir a la economía capitalista que se basa en las grandes empresas y en el libre mercado, promoviendo y facilitando las inversiones privadas nacionales y externas.

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