Elecciones, cómplices y el póker de Ortega

Daniel Ortega no tiene ninguna posibilidad de ganar otra elección, ni siquiera de robarsela, sin la complicidad de algunos opositores

Ni sandinismo ni orteguismo, Nicaragua

Póker

Imaginemos un juego de póker. Daniel Ortega tiene una “mala mano”, pero oculta sus cartas. Cuida que su cara no muestre señales de miedo. Fanfarronea. “Ahí van mis reformas electorales y mil policías más”, amenaza. Del otro lado, saben que tienen las cartas ganadoras en sus manos pero vacilan. “¿Y si tiene buena mano?”, piensan por separado. “¿No será mejor retirarme y salvar lo que me queda en vez de exponerme a perderlo todo?” Saben que Ortega es un tramposo. En sus planes no está perder. Que gana a las buenas o a las malas. Que aún con sus malas cartas tratará de ganar más o menos legalmente con pura intimidación. Y que, ya por último, al verse perdido, puede sacar pistolas y llevarse todo de nuevo.

Partidos políticos

Si en una columna pasada explicaba que las encuestas son parte del fraude, en esta debo decir que los partidos políticos también lo son. No quisiera echar a todos en el mismo saco, porque no son iguales, pero todos tienen algo en común: dependen de la voluntad de Ortega para vivir o morir. Daniel Ortega diseñó un sistema de partidos políticos en Nicaragua que le permita competir con la seguridad que nunca va a perder. Entre estos partidos encontramos desde los abyectamente colaboracionistas y vendidos hasta aquellos que por temor a perder su personería jurídica o agarrar algunos escaños han legitimado con su participación los fraudes en Nicaragua.

PLI

Cuando un partido político puede ponerlo en peligro, simplemente lo mata. En la víspera de las elecciones presidenciales pasadas Ortega eliminó el Partido Liberal Independiente para evitar que compitiera. ¿Se acuerdan? De segunda fuerza lo transformó en un adefesio inservible con una simple sentencia de su Corte. Les quitó hasta los diputados. Muchos dizque “opositores” participaron gozosamente en el linchamiento y algunos hasta tienen el descaro de aparecer nuevamente con su disfraz de opositores a ver cómo pueden serle útil esta vez a Ortega.

Unidad

Pero los partidos políticos colaboracionistas no solo sirven para dejar ganar sin competencia a Ortega. Su principal función es dividir, pulverizar a la verdadera oposición. No dejarla que se una. Porque la unidad opositora es la muerte para Ortega.

Reformas

Por eso es que Ortega insiste en hacer reformas electorales con los partidos políticos. Quiere llevar la demanda de cambios a su propio terreno. Porque ahí tiene el control. De ahí saldrá la reforma que él quiera y, por supuesto, lo que quiere es continuar con este modelo que le ha dejado puras ganancias desde llegó al poder. Participar en la discusión de unas reformas en el terreno que controla totalmente Ortega es lo mismo que hacerlo en esas elecciones donde solo Ortega puede ganar.

Cómplices

Si este fuese un juego de póker, Ortega no tiene cartas con qué ganar. Podrá hacer sus propias reformas electorales, pero no tendrán ninguna credibilidad si nadie le sigue el juego. Ni siquiera puede hacer las elecciones a su gusto si la oposición decide esta vez no aceptar las reglas tramposas con que quiere jugar. De hecho, cuando amenaza con no ceder nada está blofeando, fanfarroneando, para estimular la división y el “sálvese quien pueda”. Sabe que si hace reformas o elecciones sin la complicidad de opositores lo perderá todo. Porque le tocará salir a las malas.

Momento

Las elecciones que se avecinan, si es que las hay porque nada es seguro, son tan decisivas como nunca para Nicaragua. Tal vez solo comparables a las de 1990. Esta es la última oportunidad de dirimir la crisis en paz. Ortega tratará de llegar hasta noviembre de 2021 en control total. Sin mostrar su cartas. Blofeando. Aunque ya no tiene nada que ofrecer. Está derrotado desde hace más de un año. Solo podrá ganar si quienes tienen póker de ases en sus manos deciden perder, ya sea por miedo o por intereses personales. Esta vez los mercenarios de la política deben pensarla bien. Porque no solo sería cargar con los asesinatos que ya tiene sobre su conciencia este régimen, sino también con los que podrían ocurrir por echar a perder la posibilidad de salir en paz de esta dictadura.

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