La Revolución de Abril es democrática

Tiene mucho que ver con el propósito de asegurar el control de esa organización por parte de los sectores de ultraizquierda, que aspiran a convertir la revolución democrática de abril en una revolución socialista estatizante

democrática, Nicaragua, Alianza Cívica

La controversia desatada tras la elección el pasado cuatro de enero de la nueva junta directiva de la Unidad Azul y Blanco (UNAB) me confirmó el grado de madurez política alcanzado por los nicaragüenses.

El eslogan “después de Somoza cualquier cosa”, en este caso después de Ortega cualquier cosa, quedó en el pasado, por ello el resultado de dicha elección no satisfizo las expectativas de la mayoría de la población.

Quiero dejar meridianamente claro que no cuestiono ni un ápice el liderazgo de los nuevos directores, pero sí me cuesta digerir el proceso eleccionario y la representatividad que pretendieron atribuirse los electos. Por esa razón publiqué en las redes sociales la falacia de las democracias asamblearias y expliqué que esta se utiliza para lograr el control de una agrupación política. Este modelo que nació en Francia y que fue adoptado y perfeccionado por el “soviet” (poder supremo soviético) es la que le han aplicado al pueblo cubano durante los últimos sesenta años.

Considero que la solicitud que hiciera la UNAB a la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, de separarse, tiene mucho que ver con el propósito de asegurar el control de esa organización por parte de los sectores de ultraizquierda, que aspiran a convertir la revolución democrática de abril en una revolución socialista estatizante.

A mi juicio lo que veremos muy pronto en la UNAB será una depuración de su membresía, lo que es saludable. Pues al contrario de los que claman por la unidad de la oposición, creo que es más factible una alianza, ya que esta permite mantener nuestras identidades, pero todos con una meta común, que no es más que la erradicación del totalitarismo que actualmente padece nuestra sociedad.

El movimiento social conocido como la Articulación Social, el MRS y otras organizaciones de corte socialista, tienen todo el derecho de existir y participar en la lucha por el retorno a la democracia, lo que no deben hacer es enfrentar a una parte del pueblo contra la otra, alegando diferencias de clase social o de cualquier otra índole, ya que esto precisamente es una de las estratagemas usadas por el orteguismo para implementar un sistema de gobierno que no les funcionó en el siglo XX y tampoco les funcionará en el siglo XXI.

Mientras tanto aceptemos la nueva estrategia de ambas organizaciones ACJD y UNAB de juntos, pero no revueltos, para ponerlo en nicaragüense.

Para no ser hipócrita, finalizo declarando que me siento más cómodo con la Alianza a pesar de no ser capitalista ni empresario, pero sí un fiel creyente que solo en democracia y con libre empresa se logra el desarrollo de los pueblos.

El autor es analista político.

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