El delantal de la falda de Stella

Delantal primaveral que contiene a la rosa purpúrea. La reina, la honra del campo, la preferida de Flora y de las flores. Sus pétalos aterciopelados “se mezclaban en las ánforas con el vino”

delantal, Stella, cuentos

En el cuento Bouquet de Rubén Darío, Stella (Rafaela Contreras) va acompañada de sus querubines, de una manada de mariposas y de gorrioncillos. Corta flores y en una mezcla de perfumados pétalos y hojas los muestra en su delantal.

Delantal primaveral que contiene a la rosa purpúrea. La reina, la honra del campo, la preferida de Flora y de las flores. Sus pétalos aterciopelados “se mezclaban en las ánforas con el vino”.

Anacreonte el poeta griego, lírico, el cantor de las musas de Baco y del Amor, la consideraba por igual, al gozo de las almas de las tres Gracias, las hijas de Venus y Baco: Aglaya, Talía, Eufrósine.

Llegó de Bengala “lugar de sueños, de perlas, y ojos ardientes y de tigres formidables”. Rosa “traída a Europa por el muy noble lord Mac Artenny, un gran señor amigo de las flores —como tu como Yo—”.

Junto a la rosa puso a la hortensia, la que lleva el nombre de la hija de la emperatriz Josefina, de color rosa pálido, del mismo color de las yemas de los dedos de Stella que se asemejan a los de las ninfas. Introducida a Francia por el naturalista Philibert Commerson.

También colocó al lirio blanco. Flor triste, de pureza, y melancolía. La nomeolvides (vergissmeinnicht) cantada en las lieder alemanas.

Luego le siguió la azucena, la “reina del Paraíso”. ¡Flor santa y antigua!” Los persas la llamaban lilio y si se acerca a los pechos de las ninfas manará leche en abundancia. Símbolo de castidad por su blancura. “La biblia está sembrada de azucenas”, y en “la puerta del Edén” se respira su fragancia.

Y luego le llega el turno a la camelia de cuna oriental, la flor de María Duplessys, la famosa Dama de las Camelias, la que “murió de muerte”. “Flor de las vírgenes desposadas”. El “Padre Camelín” la descubrió, en la China.

Le siguen las lilas que son de Persia, de color azulado, las del país de los cuentos de hadas. Llevada a Francia por el embajador de Luis XIV.

Desdeñaría, dice Darío, a todas las rosas y azucenas por una sola violeta, “besa el aire a escondidas. Ella tiembla, se oculta, y en el aire, y las mariposas, y el rayo del sol, se cuelan por los ramajes y verdores y la acarician en secreto”.

Queda una última flor que la ama: el agraciado “enamorado de la violeta”, la de color azul que tiende a rojo oscuro o morado, de olor suavísimo que anuncia la primavera.

“Juntas van ¡flores del amor y el recuerdo! en el ojal de la levita” o en “el devocionario que abren blancas y finas manos, y leen ojos azules como los de Minerva o negros y ardientes Stela, ¡como esos ojos con que me miras!”

Como Beatriz, que conduce a Dante por el Paraíso, Edgar Allan Poe transfigura a Lady Rowena en Ligeia, y Darío busca a Rafaela, preguntando por Stella.

Rafaela Contreras a temprana edad, muere, como también mueren: Beatriz, Ligeia, pero en los recuerdos de Rubén persisten los lirios mezclados con el azul de las violetas y las rosas del delantal de la falda de Stella.

Lirio divino, lirio de las Anunciaciones; / lirio, florido príncipe, / hermano perfumado de las estrellas castas, […] / en el sagrado Empíreo la mano de / Las vírgenes. / […]

¿Has visto acaso el vuelo del alma de mi Stella, / la hermana de Ligeia, por quien mi canto a veces es tan triste?

(El poeta pregunta por Stella). (Darío).

La autora es máster en Literatura Española.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: