Perder así duele: El Real Estelí dice adiós con el recuerdo del “casi ganamos”

David Rosario no podía hablar en la conferencia. Respiró profundo, agachó la cabeza y le quitó la mirada a los periodistas. No era un simple drama por la derrota, sino que no había ningún ser humano más en el país que creyera en el equipo como él lo hacía

Bartel López jugó 17 minutos. LAPRENSA/JADER FLORES

David Rosario no podía hablar en la conferencia. Respiró profundo, agachó la cabeza y le quitó la mirada a los periodistas. No era un simple drama por la derrota, sino que no había ningún ser humano más en el país que creyera en el equipo como él lo hacía. Se había sentido con la miel en los labios cuando viniendo desde atrás el Real Estelí se colocaba 77-78 ante Instituto faltando tres minutos, pero se tragó sus ilusiones.

Sintió el amargor de la derrota, el jugo gástrico arrugó su estómago con el triple de Davis que los puso 77-81. Nunca se habían sentido tan solos y desahuciado. Por más que hubieran 6 mil personas en el Polideportivo Alexis Argüello y que faltando 15 segundos se volvieran a colocar a un punto 85-86. El destino le dio esperanzas en coma. Falta a Davis, dos tiros libros adentro. El juego 85-88 y última jugada para Estelí.  Buscaron el triple con Víctor Liz, quien había clavado solo uno en cinco intentos. No hubo suerte, la pelota rebotó en la esquina del aro y regresó. Una bofetada en el rostro al Estelí, que vieron cómo sus esfuerzos se diluyeron 85-90.

Estelí hizo más de lo que se esperaba. Cerró el segundo cuarto perdiendo por 10 puntos (35-45). Muchos fallos en los pases, concesiones de segundas oportunidades al oponente en los rebotes y una figura argentina llamada Nicolás Romano hundía a la tropa de Rosario. Milagrosamente, igualaron las acciones en el tercero 61-61. Parecía que la gesta se empezaba a construir. Los ingredientes estaban. Instituto faltando seis minutos llegó a cinco faltas. Estelí descontaba puntos a base de tiros libres sin perder tiempo valioso del reloj. Al Tren del Norte le gustaba el fetiche de verse hundido, maltratado en el fondo del abismo para resurgir. No obstante, con Akindele amarrado, Davis sin brújula, Liz errático en la definición pero brillante en darle juego al conjunto, con un hombre callado pero implacable frente al aro como es Jezreel De Jesús, Estelí estaba saltando el precipicio.

Los milagros ocurren de vez en cuando. Esta vez no le tocó la ruleta al equipo nicaragüense. Rosario se destrabó en la conferencia. Tragó gordo y siguió hablando. “Ha sido un honor estar aquí, perder así duele, pero dimos todo”, mientras que Sebastián  Ginóbilli, entrenador del Instituto señaló: “Decidimos entrar a la cocina y no estar probando tiros de tres en la recta final. Eso nos pasó factura en el primer juego y por ahora corregimos. En este momento bien pudiera ser yo quien estuviera hablando de la derrota de mi equipo. El duelo fue parejo y pudo ganarlo cualquiera”.

 

Solo quedarán los recuerdos de la noche mágica del sábado y el “casi ganamos” del lunes. Estelí fue una maravilla disfuncional que generó mucha alegría al país.

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