La Virgen de la esperanza

Se conoce que los tiempos de gran tribulación —como la que se sufre actualmente en Nicaragua bajo la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo— son también de gran reavivamiento de la fe

dictadura, represión, Nicaragua

Los medios de comunicación independientes reportaron como apoteósica la llegada de la imagen de la Virgen de Fátima a Nicaragua, su recepción oficial por la Conferencia Episcopal en la Catedral de Managua y su recibimiento posterior en Jinotega.

La imagen de Fátima que llegó desde su santuario en Portugal, estará en Nicaragua durante 18 meses y en ese tiempo visitará todas las Diócesis del país y la mayor cantidad de parroquias que sea posible, hasta las más alejadas y humildes del territorio nacional.

Es comprensible el júbilo popular por la presencia en el país de la imagen de Fátima, pues la Virgen María es uno de los principales íconos de la fe católica que profesa la mayor parte del pueblo de Nicaragua.

Pero en particular la Virgen de Fátima tiene aquí una poderosa significación espiritual. Ella es un símbolo de esperanza de los creyentes nicaragüenses, en las trágicas circunstancias que vive el país ensangrentado por la espantosa represión genocida perpetrada por la dictadura el año pasado, cuyas secuelas dolorosas se siguen sintiendo hasta ahora.

Se conoce que los tiempos de gran tribulación —como la que se sufre actualmente en Nicaragua bajo la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo— son también de gran reavivamiento de la fe. Así ha ocurrido siempre en el mundo y también en Nicaragua.

Pero además el pueblo católico nicaragüense es mariano por excelencia. La celebración de las festividades de la Virgen María y su manifestación criolla de la Purísima es famosa en el mundo católico. Y de acuerdo con la tradición la Virgen María se apareció cinco veces en Nicaragua, en la localidad chontaleña de Cuapa.

Seguramente que no fue por casualidad que esas apariciones ocurrieron en 1980, cuando estaba en curso la revolución sandinista que atacó duramente los símbolos y a los representantes de la Iglesia católica, y los fieles estaban tan adoloridos y urgidos de esperanza como ahora.

Para la mayoría de los católicos las apariciones de la Virgen en Cuapa fueron una valiosísima ayuda espiritual para soportar los rigores de la dictadura y la guerra, que finalmente terminaron en 1990 gracias a la intercesión mariana en favor de Nicaragua.

Ahora los católicos nicaragüenses manifiestan por todos los medios posibles su fe y esperanza en que la llegada de la Virgen de Fátima sea la señal de que Ella nuevamente ayudará a la liberación de Nicaragua. Si es cierto que la fe mueve montañas, como se suele decir, esperamos que así sea.

El obispo de Mallorca, España, monseñor Sebastiá Taltavull, ha escrito que los cristianos son más fuertes en la fe cuando experimentan momentos de peligro, cuando son perseguidos, amenazados y excluidos, cuando han de defender la vida, la dignidad humana y la propia religión que profesan. Y pone como ejemplo a monseñor Silvio Báez, el obispo nicaragüense y gran líder católico que aún en el exilio forzado anima a su pueblo a no perder la fe ni la esperanza en la inevitable liberación.

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