María Teresa Blandón: «Somos una sociedad machista, violenta, discriminatoria y racista»

María Teresa Blandón, reconocida activista feminista, profundiza en el delicado tema de los femicidios y responde a dudas como: ¿Todo hombre es un potencial femicida? ¿Toda mujer asesinada por un hombre es víctima de femicidio?

María Teresa Blandón, feminista y socióloga nicaragüense. La Prensa/ Óscar Navarrete

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Al menos seis mujeres fueron asesinadas en Nicaragua en el primer mes de 2020; unos números que, para María Teresa Blandón, están ligados a la creciente inseguridad ciudadana, pero también a la mentalidad de los nicaragüenses.

En esta entrevista, Blandón, reconocida experta en temas de género y activista feminista, profundiza en el delicado tema de los femicidios y responde a dudas como: ¿Todo hombre es un potencial femicida? ¿Toda mujer asesinada por un hombre es víctima de femicidio? ¿Acaso los hombres también pueden ser víctimas del machismo?

Además, habla de las debilidades de las estadísticas y de cómo el propio Estado fomenta un modelo en el que la violencia es el principal lenguaje.

¿Hasta dónde los femicidios son un problema de género y dónde comienza la inseguridad ciudadana general?
Es que es una línea continua. Los grupos que ya eran discriminados, despreciados o estigmatizados van a ser la primera víctima en una situación de crisis como la que está viviendo Nicaragua, agravada porque no hay una apuesta estatal para la prevención y porque hay fuerzas delincuenciales que tienen más espacio para actuar. Por ejemplo, México tiene una de las tasas de femicidios más altas del mundo. ¿Qué pasa? Que en México hay zonas enteras controladas por el narcotráfico, que tiene un desprecio general por la vida, pero un desprecio particular por la vida de las mujeres.

¿O sea que cuando hay un clima de inseguridad las mujeres se llevan la peor parte?
Sí. No todas las mujeres. Las mujeres más pobres, las mujeres con menos poder, las mujeres menos informadas, las mujeres que no tienen acceso a los mecanismos de protección del Estado porque el Estado las rechaza, no las recibe, no las reconoce; las mujeres que están muy dominadas por ciertos mandatos culturales. Por ejemplo, una mujer como la Vilma Trujillo era una víctima sacrificial completa. Vivía lejos, era pobre, estaba bastante comprometida con una religión, un pastor le hizo creer que tenía el demonio, ella creyó que debía obedecer al pastor y a las otras “ovejas” que participaron en su asesinato. Era una mujer sin mucha información, pobre y discriminada. Ese es el perfil de una mujer que va a ser víctima fácil de la violencia, tanto cuando hay crisis como cuando no la hay.

Pero actualmente hay una percepción de que absolutamente a cualquier mujer que salga a la calle le pude pasar algo. Como terminar abusada sexualmente en la costa del Xolotlán, por ejemplo.
Y es verdad. Solo conocemos la punta del iceberg. No sabemos en este país cuántas mujeres son violadas cada día, cada mes, cada año. No sabemos. En el caso anterior estaba hablando de femicidios. El perfil de la gran mayoría de las mujeres asesinadas son mujeres pobres y los hombres que las asesinaron, en la mayoría de los casos son también hombres pobres. No estoy diciendo que solo los hombres pobres pueden asesinar o que solo las mujeres pobres pueden ser asesinadas; digo que estos al estar en la cola de la cola de la discriminación, no tienen nada que perder. En general, la vida de los femicidas ya es una vida de marginación, de marginalidad, de ignorancia, de brutalidad. Hay un proceso antiguo de des-hu-ma-ni-za-ción.

¿Por qué aumenta la inseguridad ciudadana cuando hay una crisis como la que vive Nicaragua?
Porque se rompen los diques. La ley queda suspendida, porque el Estado no actúa, porque los hombres van a descargar todas sus frustraciones sobre lo que consideran inferior. Un hombre puede ser discriminado por el Estado, corrido de una empresa, quedar desempleado y ser despreciado por otros, pero va a querer restituir su propia autoestima ejerciendo poder sobre otros cuerpos: las mujeres, las niñas, los niños, aquellos a quienes este hombre desprecia o ningunea. Pero porque además el Estado le está diciendo que la violencia es un medio para sostener su propio poder. ¿Qué está diciendo el Estado cuando va y asesina a un montón de chavalos y tortura y encarcela a otros? Está diciendo, sobre todo a los hombres, si querés mantener tu status quo, si querés que no haya rebelión en la granja, la violencia es el medio. La violencia es un lenguaje de poder. El que te mata, te tortura, te viola, te está diciendo: yo tengo el poder sobre vos y puedo hacer con vos lo que me dé la gana. El femicidio habla de un poder total; la violación, de un poder sobre tu cuerpo.

Hay una especie de definición universal de femicidio, más allá de lo que puedan decir las leyes y los reglamentos de cada país: “Cuando te matan por ser mujer”. ¿Qué tan acertada es?
Es la manera común como la gente lo explica, pero eso explica quién es la víctima y no quién es el agresor, que es la parte más complicada. El agresor es un hombre o unos hombres que fueron educados para menospreciar a las mujeres, para no valorar la vida de una mujer. No es un hombre peleando con otro y producto de esa riña hay un muerto. No. Es un hombre con todas las ventajas físicas, sociales, culturales que están vinculadas a su género.

¿Solo un hombre puede cometer femicidio?
Sí. Porque el femicidio habla de dos cosas: del poder masculino sobre el cuerpo de las mujeres y de la falta de protección estatal hacia las mujeres.

¿Y si una mujer mata a otra mujer?
Es homicidio o puede ser parricidio, dependiendo del vínculo. Es delito, por supuesto, pero es distinto.

¿Cuál es la diferencia?
Esta mujer no tiene poder social, los machos sí, desde que nacen y son educados para machos ya vienen con un sistema de privilegios. A una mujer que mata a otra mujer nadie le va a buscar una justificación. Con los hombres sí tienen justificaciones del tipo: estaba deprimido, ella lo dejó, ella era una vaga y se iba a beber guaro y lo dejaba solito, ella se las pegó, a él le entró el diablo o bebió de más y perdió la razón, “fue un arrebato”. Una vez la magistrada Juana Méndez dijo eso, cuando aquel Farington Reyes violó a la chavala (Fátima Hernández) y le suspendieron la condena porque encontraron un atenuante y el atenuante era que se había tomado unas cervezas. Eso nadie lo va a decir cuando se trata de una mujer cometiendo un delito. El peso del juicio penal y social va a caer sobre ella. Con los hombres hay una predisposición a justificar.

 

El reciente crimen contra Josseling Pineda, la muchacha de 17 años a la que mataron en Chinandega, ¿es femicidio o asesinato? Dice la Policía que el taxista la mató «por robarle el celular».

Es un femicidio. Incorrectamente dicen que fue por robarle el celular, pero no fue por eso, fue porque esta chavala intentó zafarse, liberarse de la agresión. Si solo hubiese querido robarle el celular, se lo roba, se va y deja que la chavala se vaya… No. La intención era violarla. Ante la resistencia de esta chavala, que seguramente se debió haber aterrorizado enormemente en los últimos minutos de su vida, este hombre la castigó por no someterse a la violación. Por robar un celular no matás a una criatura de 17 años, que además la llevás dentro del taxi. Si el móvil hubiera sido el robo, eso no hubiera ocurrido. Además, mirá el contexto. Él ya había estado preso por violación. Hay un patrón, un antecedente. Estuvo preso, lo sacaron. La impunidad es un mensaje para los agresores.

¿No corría el mismo riesgo un muchacho de 17 años?
La pregunta que te tenés que hacer es qué motiva a un hombre asesinar a una mujer, qué lo motiva a asesinarla fríamente, violándola o no. Es una larguísima socialización para despreciar la vida de las mujeres y para afirmar su masculinidad a través de la dominación del cuerpo de las mujeres.

¿Si ha sido un chavalo no podía pasar lo mismo?
Aquí es más infrecuente que en Honduras, por ejemplo, que maten a alguien por robarle algo. Pero eso no es lo que establece la diferencia. La diferencia es que hay 63 mujeres asesinadas el año pasado. ¡Es que ese es un móvil falso! Porque entonces las estadísticas serían de un montón de chavalas y chavalos asesinados por robarles un celular.

Si a una mujer la asaltan en la calle y, en medio del asalto, la matan, ¿sería femicidio?
Según la ley, no. Y puede haber asesinatos circunstanciales. Evidentemente no todos los asesinatos de mujeres son femicidios. Vos vas caminando, te quieren robar, vos te defendés, se asusta el ladrón, te mata. Eso no es un femicidio. Es un homicidio culposo o doloso o lo que sea. Pero a esta chavala no solo le querían robar el celular, la llevaba en el taxi, la tenía sometida y ella se resistió.

¿Por qué es importante que los femicidios se tipifiquen de esa manera y no como asesinato?
Por las razones, por las causas. No es lo mismo matar a alguien en un accidente de tránsito, por imprudencia, o en una riña, o por una propiedad o por una herencia. No es lo mismo. En el caso del femicidio es un crimen de poder: yo, hombre, me siento con derecho sobre tu cuerpo, pensamiento, elecciones, vida. Te mato porque me pertenecés y porque un macho de verdad no tiene compasión por una mujer.

¿Cualquier hombre es un potencial femicida?
No. Eso es incorrecto y además los hombres cuando decís eso, dicen: “Pero estas están locas, a mí jamás en la vida se me ocurriría matar a una mujer”. Y tienen razón, porque no todos los hombres reaccionan de la misma manera, igual que nosotras las mujeres no reaccionamos de la misma manera frente a los discursos conservadores. Hay hombres que dicen: “Yo vi que mi papá mangoneaba a mi mamá y hasta la golpeaba, pero yo no voy a hacer eso”. ¿Quiénes son los que matan? ¿Quiénes son los que violan? Los que se tragaron toda esa toxicidad de la cultura machista. Los que lo hacen son los que se han apropiado con mayor intensidad de este discurso que dice que los hombres tienen que mandar a las mujeres, que a las mujeres hay que castigarlas cuando no cumplen los roles socialmente establecidos.

¿De dónde salen los femicidas?
No están locos, no se les metió el diablo. Salen de una sociedad que se alimenta de sexismo, de machismo, de misoginia, una sociedad que enseña a los hombres a ser abusivos con las mujeres.

Hay quienes cuestionan las estadísticas de los grupos feministas que hacen monitoreos. Dicen que no todos esos casos deberían ser considerados femicidios. Que hay parricidios, asesinatos, homicidios, ¿qué piensa usted de eso?
Mirá, yo no me peleo mucho por eso. En realidad, el dato duro es que hay hombres que andan matando mujeres, que no van a buscar a otros hombres, que van a buscar a su esposa, a su hija, a su mama, a su examante, a su cuñada. Ese es el dato. El tema es que las estadísticas en este país están pervertidas. Todas. Todas. No hay manera de hablar en este país de estadísticas confiables, pero en el caso del femicidio es peor. Porque la Ley 779 decía una cosa, luego aprobaron un reglamento que dice todo lo contrario. La Policía desconoció la ley y empezó a ocupar la definición que aparece en el reglamento. Lo que había aprobado la Asamblea Nacional era que se cometerá femicidio cuando un hombre asesine a una mujer dentro o fuera de su casa, estando de por medio la prevalencia de unas relaciones desiguales de poder, luego dijeron que solo si ocurría en el ámbito privado.

¿Es posible que haya femicidios que no aparezcan en los medios de comunicación y por lo tanto no se reflejen en los monitoreos de las feministas?
Sí, por eso los monitoreos que tienen espacios como las Católicas por el Derecho a Decidir o la Red de Mujeres contra la Violencia, son incompletos. Primero no nos podemos fiar de las estadísticas policiales y, segundo, el reporte que podés sacar de los medios es incompleto. En estos tiempos es más difícil encubrir un femicidio, pero no podemos presumir que lo que sacan los medios es el número total. Hay femicidios que las propias familias callan, el año pasado conocimos tres o cuatro casos de mujeres que aparecieron asesinadas en sus casas y la familia dijo que era suicido.

¿Un hombre también puede ser víctima del machismo?
Uhhh, sí. ¡Todos! Es más, lo acepten o no lo acepten, quieran o no quieran, todos los hombres son víctimas del machismo. Y habría que decir que son los primeros. Si no te dejan desarrollarte de manera integral, te están amputando. Tienen una psiquis amputada, disociada, porque una cosa es la que sienten, porque son seres humanos como todo el mundo, y otra cosa es lo que les han enseñado. Hay una especie de disociación entre lo que la sociedad dice que tiene que ser un hombre y lo que individualmente cada ser humano quiere ser. Entonces tienen que esconderse, reprimirse, fingir que son lo que no son o lo que no quieren ser. Desde esa perspectiva, ese fraccionamiento de su humanidad, ellos son las primeras víctimas. Luego también victimizan a las mujeres y las agreden, pero ellos ya fueron víctimas en el sentido de haber sido educados en unos prejuicios que les hacen daño a ellos mismos.

Pero las mujeres también crecen con prejuicios.
Enormemente. Es que ahí, como dice el dicho, para un roto se necesita un descosido. Para que haya hombres que se sientan superiores, más listos, más fuertes, más dominantes y que tengan un montón de privilegios, es preciso que su contraparte sea definida de otra manera. A las mujeres se les construye como un otro diferente, pero además se les define en negativo, como si fueran inferiores. En el relato que predomina en la sociedad la mayor parte de los atributos asignados a las mujeres son negativos.

¿En una escala del 1 al 10, en la que el 10 es el máximo de machismo, en qué número se encuentra Nicaragua?
En el nueve. La gente no se quiere ver a sí misma. La gente prefiere creer que otros son más machistas, más sexistas o más discriminatorios que nosotros mismos, pero los datos hablan por sí mismos. El acoso en las calles y en los centros de trabajo, las violaciones, los femicidios, el altísimo nivel de explotación sexual, la explotación económica que padece la mayor parte de las mujeres de este país, la falta de derecho de las mujeres rurales, el abandono en que se encuentran las mujeres indígenas, hablan elocuentemente del tipo de sociedad que tenemos. Es una sociedad machista, discriminatoria, violenta y racista. Tenemos demasiadas cosas que cambiar en las estructuras sociales y culturales, en las ideas que tenemos respecto de los otros.


Plano personal

  • María Teresa Blandón Gadea tiene 58 años y nació en Matagalpa.
  • No tiene hijos.
  • Es socióloga, con una maestría en Género y Desarrollo. Además, dirige una oenegé llamada Programa Feminista La Corriente y es catedrática de maestría en la Universidad Centroamericana (UCA). También da clases en maestrías online.
  • Cuando tiene tiempo libre, que no es mucho, le encanta leer y ver películas. Pero sobre todo leer: literatura feminista y novelas, pero no de amor.
  • Sus ídolos son Herta Müller, George Orwell, Clarice Lispector y Marguerite Yourcenar. También le gusta Albert Camus, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, entre otros escritores.
  • Le gustan las películas de Steven Spielberg y los filmes en los que actúa Ricardo Darín.
  • Le encanta la música de Joan Manuel Serrat, Silvio Rodríguez, Lila Downs, Chavela Vargas y Caetano Veloso.

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