Sin plata no hay dictadores

Esto nos lleva al dilema inevitable: quitarle la plata al tirano, condición para debilitarlo, cuesta al pueblo plata. Dejársela, puede prolongar su tiranía, lo que a la postre puede aún salir más caro a toda la nación, pues no hay tiranía barata. Ninguna solución será gratis.

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¿Qué mantiene a los dictadores en el poder y qué los quita? Responder esta pregunta es el tema del interesante libro The Dictator’s Handbook (El manual de los dictadores) de Bruce Bueno de la Mesquita. Su observación central es que ni aún el más poderoso déspota puede prescindir del apoyo de un grupo crítico de colaboradores, y que estos le serán fieles mientras perciban que estarán mejor con él que sin él. Cuando esta certeza se nubla, ya sea porque dejan de recibir la plata con que compraron sus lealtades, o porque su jefe, envejecido, no les puede asegurar la continuidad de sus privilegios, el grupo crítico puede fracturarse o abandonarlo.

Otra observación del autor, inquietante por cierto, es que en la medida que el dictador logre continuar comprando la lealtad y unidad de ese círculo de poder, podrá sortear muchas dificultades e, incluso, prolongarse en el mando, aun cuando el resto de la población se hunda en la miseria. Ante una crisis financiera grave el déspota astuto reducirá los fondos destinados al bienestar de la población, pero no aquellos destinados a mantener lubricada la argolla humana que lo sostiene. El error (fatal) de César fue tratar de ayudar al pueblo a expensa de sus colaboradores cercanos.
Enfrentados a la escasez de fondos, los dictadores que no dependen de fuentes fáciles de ingreso —como el petróleo o la ayuda externa— no tienen más remedio que aumentar los impuestos. Pero este tiene un límite: cuando son demasiado onerosos contraen la economía y quitan el incentivo de invertir. Con todo, el momento crítico llegará sólo cuando las restricciones presupuestarias amenacen el pago o el futuro de sus cercanos importantes. En ese caso los dictadores, o negocian su poder, o se exponen a caer.

Ortega todavía no está allí. Las remesas y las exportaciones, aunque insuficientes para salir del estancamiento, pueden evitarle recurrir a recortes presupuestarios severos. Pero podría llegar allí si enfrentara ciertas sanciones. Las personales; como el desvisado masivo y el bloqueo financiero contra los agentes importantes del régimen sus familias, le suben el costo de mantener satisfecho al círculo de poder. Las sanciones contra sus negocios reducen sus recursos de libre disponibilidad. Pero difícilmente se llegará al punto crítico sin sanciones económicas globales, es decir, aquellas que golpean la economía nacional, pero que también pueden mermar la plata disponible para la compra de las lealtades indispensables.

Esto nos lleva al dilema inevitable: quitarle la plata al tirano, condición para debilitarlo, cuesta al pueblo plata. Dejársela, puede prolongar su tiranía, lo que a la postre puede aún salir más caro a toda la nación, pues no hay tiranía barata. Ninguna solución será gratis.

El autor lo es del libro Buscando la tierra prometida, Historia de Nicaragua 1492-2019.

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