La más importante reforma electoral

En este sentido la pregunta que con más frecuencia se plantea es: ¿cómo ir a elecciones en estas condiciones tan adversas, que, como se suele decir popularmente, sería como una pelea de tigre suelto contra burro amarrado?

Nicaragua, presos, defensores de derechos humanos

Al haberse establecido mediante consenso nacional de hecho, que el camino electoral es el único o el más apropiado para resolver la crisis de Nicaragua y reconstruir la democracia, es lógico que se hable bastante sobre los diversos problemas relacionados con las elecciones.

Ante todo, se discute acerca de las dificultades para forjar una alternativa electoral democrática con posibilidad de triunfo, en condiciones de una dictadura que no permite ninguna expresión masiva de oposición ni cuestionamiento político público.

En este sentido la pregunta que con más frecuencia se plantea es: ¿cómo ir a elecciones en estas condiciones tan adversas, que, como se suele decir popularmente, sería como una pelea de tigre suelto contra burro amarrado?

Pero se sobreentiende que las reformas electorales que demanda la oposición y respalda la comunidad democrática internacional, incluyen en primer lugar el restablecimiento de las garantías indispensables para hacer una campaña electoral abierta, que pueda llegar a todos los sectores de la población y hasta los últimos rincones del país.

Además, la reforma debe incluir que se permita una observación electoral confiable, nacional e internacional, así como el derecho y la posibilidad de hacer conteo rápido de las votaciones y entrevistas a boca de urna. Pero ante todo, debemos repetirlo, libertad que permita a la oposición movilizarse sin acosos ni intimidaciones, para lo cual es indispensable que los observadores estén en el país desde el arranque de la campaña electoral.

Por supuesto que no se puede pretender que haya las condiciones más óptimas, como si en Nicaragua hubiese una democracia electoral antigua, consolidada y robusta. Pero sí se requieren condiciones básicas parecidas a las que se consiguieron para las elecciones del 25 de febrero de 1990, que permitieron la celebración de elecciones básicamente aceptables cuyos resultados cambiaron la historia nacional, al menos para un período de 16 años.

Los técnicos y expertos electorales no partidistas aseguran que se necesitan dos clases de reformas electorales para que haya elecciones libres y transparentes en Nicaragua.

Primero, las reformas que aseguren el arbitraje independiente del proceso electoral. Esto se podría lograr mediante un cambio total del poder electoral para integrarlo con personas profesionales sin afiliación partidista; o con representación balanceada del gobierno y la oposición en la que ambas partes se controlen recíprocamente.

Segundo, reformas de los procedimientos que permitan garantizar la eficiencia del proceso electoral, el conteo honesto de los votos y la asignación de las papeletas a los partidos y candidatos que en realidad los obtuvieron por voluntad de los ciudadanos.

Sin embargo, la principal reforma electoral —aunque no se le menciona— es que haya la participación máxima de los ciudadanos. Que la mayoría de la gente se convenza de que ya no hay que abstenerse, que tiene que ir a votar masivamente para poder producir un cambio de gobierno y de sistema político en el país.

En las próximas elecciones la oposición necesita ganar con más votos que en las del 21 de febrero de 1990. Esta vez hay que vencer con más del 60 por ciento de los sufragios, para poder aprobar las reformas constitucionales fundamentales que se necesitarán para erradicar el régimen dictatorial y construir la nueva democracia.

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