Nicaragua, un país condenado a vivir en el subempleo

El subempleo es un trabajo precario, donde la persona labora menos o más de las ocho horas de las establecidas, pero que sus ingresos son bajos. Tampoco goza de prestaciones.

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La venta de pollo asado es de los negocios que más han proliferado en los últimos meses en Managua. Es una salida al desempleo. LAPRENSA/U. MOLINA

Personas limpiando vidrios de vehículos cuando el semáforo está en rojo. Ventas de comida bajo toldos o árboles, en plena vía. Comercialización de ropa usada en paradas de buses. Elaboración de bisutería con entrega en puntos céntricos. Esto es parte del trabajo informal que existe en la ciudad de Managua y se extiende en el resto del país como salida al desempleo que impera.

Estas alternativas que conforman el subempleo son vistas en diferentes sitios de la capital; sin embargo, no dimensionan la cifra que aparece en el informe de empleo de la encuesta continua de hogares, realizado por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide) y el subregistro que puede haber.

Este estudio revela que en el último cuatrimestre de 2018 en Managua, de cada cien personas, 53 estaban con un trabajo informal o subempleo. En el resto de las zonas urbanas de Nicaragua la informalidad es de al menos cincuenta personas por cada cien.

El subempleo es un trabajo precario, donde la persona labora menos o más de las ocho horas de las establecidas, pero que sus ingresos son bajos. Tampoco goza de prestaciones.

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Cirilo Otero: seguirá en aumento

El sociólogo Cirilo Otero explicó que desde hace unos 15 años el subempleo es considerable en Managua y todo el país, pero que la cifra se dispara a partir de abril 2018, con la represión a las protestas ciudadanas que desencadenó la crisis sociopolítica. Y por si no fuera suficiente, a su juicio, seguirá en aumento.

“El país entero está condenado a la informalidad y a la incapacidad de generar riquezas. Y en el interior es peor, recordemos que la mayor cantidad de personas que migra son campesinos, obreros agrícolas. Gente que tiene una profunda necesidad en el marco rural y se va a trabajar a Costa Rica”, puntualizó Otero.

LA PRENSA conversó con varias personas que, al ser despedidas en sus centros de trabajo o presionadas a renunciar, tuvieron que irse a la informalidad y todos expresaron su preocupación si brindaban sus nombres porque el régimen orteguista podría bloquearles su modo de sobrevivencia.

“Hace poco nos tuvimos que mover de donde estábamos con el negocio y ahora empezamos acá y nos da miedo que nos cree problema hablar”, dijo un vendedor de comida ubicado en una vía principal de Managua.

Profesionales calificados

Otero señaló que en el caso de la venta de pollos asados —un negocio que ha crecido como la espuma en los últimos meses— él ha visitado cinco puntos y conversado con los encargados se ha enterado que son profesionales. “Personas calificadas”, zanjó.

Por otro lado, en el documento del Inide aparece el historial de los últimos años respecto al subempleo. Estos se dividen en trimestres pero la variación de su promedio es mínima.

Radiografía con negocios en Managua

Además del informe de empleo, elaborado por el Inide, donde claramente se reporta un incremento del trabajo informal, en el caso de Managua están los detalles de ingresos de la municipalidad. Por el impuesto de matrícula y licencias en 2017 la comuna logró 506.3 millones de córdobas, en 2018 subió a 571.2 millones y el año pasado bajó a 478 millones.

La disminución del pago de matrícula y licencias es por el cierre de negocios, que se traduce en el cierre de plazas laborales y personas lanzadas a la informalidad.

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