La generación de sandinistas históricos marginada encara a la nueva militancia leal a Rosario Murillo

El entramado de leales que armó Rosario Murillo desde que tomó el poder en 2007, no le sirvió de nada en el momento de la peor crisis que vivió su régimen ante las protestas civiles de abril de 2018. El régimen Ortega-Murillo tuvo que recurrir a los viejos combatientes marginados, quienes ahora reclaman su recompensa por haber matado durante las protestas.

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2007 fue el parteaguas entre el Frente Sandinista de Daniel Ortega y Frente Sandinista mancomunado con su esposa Rosario Murillo. Ese año, el sandinismo regresó al poder con la marca de Murillo, caracterizada visualmente por la trama de colores pasteles y por el hermetismo y su poder para decidirlo todo en Nicaragua.

Así comenzó también el tejido de los CPC (Consejos del Poder Ciudadanos), la promoción de una nueva Juventud Sandinista, la ubicación estratégica de sus leales en cargos de poder, y, en general, la combinación del Estado con el partido Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

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Jorge Acosta, Carazo, paramilitares
Jorge Acosta (c) junto al dictador Daniel Ortega, Rosario Murillo y Fidel Moreno. LA PRENSA/Tomada del 19 digital

El malestar que causaron los cambios de Murillo a lo interno del FSLN, trató de ocultarse con ese hermetismo característico del nuevo sandinismo. Además, desde el principio comenzó una depuración de los funcionarios que se atrevieron a criticar las nuevas decisiones o, incluso, de quienes solo hablaron sin autorización.

Trece años después, la crisis que vive el país desde de abril de 2018, trajo una fuga de inconformidades que ha delatado la tensión entre la vieja guardia versus los nuevos sandinistas leales a Murillo.

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El antiguo formato del FSLN

La exguerrillera Dora María Téllez, disidente del FSLN, recordó que este partido tenía una institucionalidad: tenía una dirección general, la asamblea sandinista, el congreso, los comité departamentales o comité regionales, y comité zonales o municipales.

Luego se organizaron los CLS (Comité de Liderazgo Sandinista) tanto en los territorios como en los centros de trabajo. Y en la época de elecciones funcionaban los comandos electorales.

LA PRENSA
Los nueve comandantes de la revolución sandinista: de pie, Carlos Núñez, Luis Carrión, Bayardo Arce, Jaime Wheelock, Henry Ruiz y Humberto Ortega. En cuclillas: Tomás Borge, Daniel Ortega y Víctor Tirado. Plutarco Hernández salió de la Dirección Nacional del FSLN en marzo de 1979. LA PRENSA/ CORTESÍA/ IHNCA

Los CPC fusionaron toda la estructura del FSLN

Con la entrada de Murillo a los engranes del poder, todo eso dejó de funcionar y los CPC se convirtieron en una red que entrelaza a todas esas organizaciones, con ella a la cabeza.

«Estos CPC, inicialmente formados por gente de la estructura del partido de las organizaciones comunitarias o locales, se convirtieron en un mecanismo para fusionar completamente a todas las organizaciones y ella es la cabeza del Consejo de Comunicación y Ciudadanía. De manera que los CPC comienza este proceso de subordinación directo a Rosario Murillo».

Campaña electoral
Militantes de partido gobernante FSLN andan casa a casa preguntando a los ciudadanos si van a ir a votar y si conocen a los candidatos del FSLN. LA PRENSA/C. VALLE

«Los secretarios políticos vienen siendo los mismos alcaldes o los diputados y todos terminan fusionados en la misma estructura de los CPC. Quedó licuada todas las organizaciones de masa. El FNT (Frente Nacional de Trabajadores) colapsó completamente. En la última convocatoria del FNT, hace un par de meses, lo que se puede ver es un montón de personas de la tercera edad, que probablemente la inmensa mayoría estén jubiladas, siquiera son trabajadores activos y mucho menos que sean una masa laboral juvenil activa».

Gustavo Porras
En una llamada asamblea nacional de sindicatos orteguistas, el sancionado presidente de la Asamblea Nacional,Gustavo Porras, reiteró que el dictador Daniel Ortega sería el candidato presidencial del 2021.
LAPRENSA/ Captura de transmisión de Canal 4.

«La estructura de la CST (Central Sindical de Trabajadores) colapsó, porque todos quedaron absolutamente alineados en el modelo que estructuró la Rosario. Y la Asociación de Trabajadores del Campo esa desapareció completamente, ya no digamos la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos. Quedaron prácticamente liquidadas como organizaciones nacionales. Y la Rosario asestó un golpe final cuando disolvió la Federación Nacional de Cooperativas. Es decir, la característica fundamental ha sido que ha licuado completamente toda la institucionalidad preexistente tanto del FSLN como de las organizaciones sociales, gremiales, etcétera», valoró Téllez.

Juventud Sandinista

Según Téllez, la única organización que se puede diferenciar de los CPC es la Juventud Sandinista (JS). La JS es un brazo político con funciones específicas: como entrega de paquetes alimenticios a las familias y ancianos sandinistas. También son una base privilegiada y en los actos públicos de Ortega, son los más cercanos a él. Su papel en la represión, según se observó, fue levantar los escombros de los tranques, los cuales fueron construidos por los mismos ciudadanos para protegerse de los ataques de la Policía Orteguista (PO) y los grupos armados.

Aniversario 33 de la revolución sandinista. Camila Ortega Murillo está detrás de sus padres, con la camiseta de la Juventud Sandinista. Ella es la hija que los acompaña a todos lados.
LA PRENSA/ ARCHIVO/ OSCAR NAVARRETE

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La generación marginada por Murillo

Téllez explicó que los cambios de Murillo no incluyeron a los viejos combatientes del FSLN, quienes actualmente protagonizan el epicentro de la fractura de la base sandinista, lo que se refleja en las expresiones del excombatiente Marlon Enoc Sáenz Cruz, conocido como el Chino Enoc.

«Los combatientes históricos quedaron botados, los militantes históricos también. La inmensa mayoría quedaron sin espacio en el Estado, una parte jubilados, y a otros, Ortega nunca terminó de reconocer los beneficios de los excombatientes tanto del Ejercito, el Ministerio del Interior, como los excombatientes de la guerra de liberación, los excombatientes de la Contra. Y todas estas personas están llegando a la edad de jubilación y ya en este momento sienten las consecuencias del abandono, de pensiones mínimas en algunos casos, en otros casos siquiera tienen pensiones y en otros ningún acceso a esferas que le puedan resolver ningún problema dentro del modelo clientelista de los Ortega-Murillo», dijo Téllez.

El regreso de los marginados

En 2018, la lealtad a Murillo no sirvió de nada para aplacar las protestas y dejar el poder, no era una opción. Entonces fue cuando el régimen de Ortega-Murillo recurrió a los viejos métodos terroristas para imponer «a sangre y fuego» «la paz de los cementerios», dirían los críticos y opositores.  Los viejos sandinistas fueron sacados de la sombra y la marginación y se activaron para reprimir a balas las protestas civiles.

«Frente a lo de abril, Ortega tuvo que recurrir a los combatientes históricos, porque decidió enfrentar las movilizaciones a sangre y fuego. Los que podían hacer eso eran los combatientes históricos, que son los que estaban entrenados para disparar, que tenían una cierta capacidad para eso y se sentían muy importantes de ser convocados a la defensa del comandante y la compañera», valoró Téllez,

Con la recuperación de la «normalidad» por cuenta de los grupos armados que se coordinaron con la Policía Orteguista (PO) para reprimir las protestas civiles, los ancianos sandinistas también regresaron a su normalidad marginal, lo que ha devino en la crítica y enfrentamientos verbales (hasta donde se puede ver) entre los murillistas y los viejos combatientes.

Confusión Estado-Partido-Familia

El sociólogo Óscar René Vargas opinó que el régimen de Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, es un sistema basado en la confusión Estado-partido-familia. Con los episodios de abril de 2018, también quedó claro que para sostener ese sistema es necesario el poder de las armas.

Según Vargas, cuando la familia Ortega-Murillo tomó el poder en 2007, comenzó un proceso de control de todos los poderes e instituciones del Estado, bajo las consignas históricas de la revolución de los años ochenta y el partido Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Ortega-Murillo comenzaron a usar todos los recursos del Estado para su propaganda partidaria, mientras, tras bambalinas, su familia tejía los negocios familiares con los recursos del Estado y la cooperación venezolana.

Para Vargas, la combinación del Estado-partido-familia es clave para entender la situación política actual del país, pero también explicó que ese sistema se sostiene en «cuatro patas» necesarias de la silla en que descansa el régimen de Ortega y su esposa: las fuerzas armadas, los trabajadores del Estado más leales y los militantes del partido.

«Ese sistema está basado en cuatro patas: una es la Policía, «la otra el Ejército». La tercera pata son los funcionarios del Estado, que no son todos, pero cuando habló de funcionarios estoy hablando de toda la gente que ellos han localizado en las diferentes instituciones, que posiblemente sean el sesenta por ciento en contra, pero el cuarenta por ciento que tienen ellos son fieles y le garantizan la información de lo que está pasando en las instituciones como espías. Y la cuarta pata de esa silla sería la gente del partido», manifestó Vargas.

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