El lanzador nicaragüense que ha recibido consejos de la estrella colombiana Julio Teherán

Dilmer Mejía no es ese lanzador que impacta por su físico ni por lanzar la recta a una velocidad que cruce la barrera del sonido. Sin embargo, da la sensación de tranquilidad cuando sube al montículo

Dilmer Mejía a sus 22 años ha tenido una estable carrera en Ligas Menores. LAPRENSA/GERMAN GARCÍA

Dilmer Mejía no es ese lanzador que impacta por su físico ni por lanzar la recta a una velocidad que cruce la barrera del sonido. Sin embargo, da la sensación de tranquilidad cuando sube al montículo. En el dogout pasa relajado junto a sus compañeros, da una que otra broma y muestra una muy buena elocuencia y respeto para hablar. Mejía ha sido dos años consecutivos un pelotero sobresaliente con los Bravos de Atlanta en Ligas Menores y por un instante ha sentido lo que es estar en un estadio de la Gran Carpa, cuando recibió el premio de la organización por ser el más destacado de su circuito en un encuentro entre Atlanta y los Nacionales.

El muchacho parece como si practicara un disciplinado ejercicio espiritual sobre la loma. Lo suyo es el control. «Tengo un cambio de velocidad que llama la atención y un dominio sobre mi recta interesante», lo dice lleno de humildad. Y al preguntarle sobre su velocidad responde sin darse cuenta: «está bien mi velocidad. El año pasado lancé hasta 96 millas por hora», y sonríe. «Aunque mi promedio varía por 91,92 y 93 millas».

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Mejía se ha convertido en la principal figura de la Selección Nacional Sub 23 en el pitcheo. Sin embargo,  Atlanta solamente dio la autorización de 50 lanzamientos o tres episodios por cada salida. «Aún no sé cómo me utilizará Sandor Guido. Yo haré lo que me pida. Hay que recordar que los partidos son a siete entradas», agregó. Recibir el permiso para jugar con la Selección Nacional no fue nada sencillo. No bastó con una simple carta de solicitud de Feniba. Cuando sos un prospecto valorado, la organización mete las cartas en un laberinto sin respuesta. «Tuve que hablar con el mánager y con otros encargados del equipo. No fue fácil, pero se cumplió uno de mis sueños que es jugar con el equipo de mi país. Como dicen popularmente, se tuvieron que mover unas fichas para estar aquí», relata Mejía.

Originario de El Sauce, León, Mejía no oculta su emoción. Repite constantemente el significado de vestir los colores patrios. Aunque no pierde su enfoque principal: cumplir el anhelo de niño de llegar a las Grandes Ligas. «Trataré de llegar y dar más de un cien por ciento en Ligas Menores para competir donde me pongan. El año pasado en Nicaragua me ayudó mucho jugar en la Liga Profesional porque hay muchos peloteros de experiencia», agregó. No oculta su admiración por Johan Santana. «Aprendo de él viendo sus videos de cómo tira el cambio, la recta y hace su mecánica. Asimismo, me siento orgulloso de haber conocido y haber tenido roce y consejos de Julio Teherán y Arodys Vizcaíno», cuenta Mejía, quien disfruta la reunión de latinos que todos los años hacen los Bravos.

En su último año lanzó para 2.66 con 8-5 en ganados y perdidos con los Bravos de Roma en la Liga del Sur del Atlántico. Ahora está vestido de azul y blanco, ansioso de recibir el llamado de Sandor Guido: «Vamos Mejía, al montículo» y demostrar su capacidad frente a pesos pesados en el Premundial Sub 23, el cual inicia este 21 de febrero.

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