La historia de amor entre los boxeadores Irene Aguirre y Alexander Mejía

Por ahora, Mejía e Irene alquilan, pero pronto esperan tener su casa propia. Y además desean darle un hermanito a Alexander, su más grande inspiración.

Fue en el 2013 cuando los boxeadores Irene Aguirre y Alexander «Popeye» Mejía se vieron por vez primera y desde entonces supieron que no querían separarse jamás. Hace tres años se casaron y como muchas veces sucede, su amor ha estado a prueba una y otra vez. Ahora tienen un bebé de 15 meses.

Fue en octubre del 2013 cuando Irene y Alexander se conocieron mientras estaban reconcentrados como seleccionados nacionales de boxeo en Somoto, departamento de Madriz.

«Fue amor a primera vista», dice entre risas «Popeye» Mejía, mientras Irene lo observa. «Recuerdo que nos vimos, pero no nos dijimos nada, solos nos pusimos a reír», agrega el púgil.

En los cinco meses próximos hubo dos concentraciones más, en Guatemala y Honduras, en las que nuevamente volvieron a coincidir y tras regresar al país, Irene le escribió al deportista y le preguntó «¿te gusto?».

«Me quedé pensativo, no sabía qué decir, era la primera vez que una mujer me hacía esa pregunta y yo le dije que sí, que sí me gustaba y fue entonces que la invité a salir», confiesa Mejía.

Pero salir no fue tan fácil para Irene. Como en muchos hogares tradicionales, sus padres no le permitían tener novio.

Para entonces, además de ser seleccionado nacional, «Popeye» trabajaba en las calles de Managua como vendedor de mangos, jocotes, coyolitos y groseas, algo que debió confesarle a su futura novia.

«Cuando la conocí a ella se lo dije, yo no me afrentaba de mi trabajo y ella tampoco debía hacerlo, si me quería tenía que aceptarme así como era», cuenta el boxeador.

La primera cita

La esperada primera cita llegó y tuvo como escenario el Puerto Salvador Allende, pero Irene no llegó sola sino que llegó acompañada de su mamá y su abuelita.

«El papá de Irene al inicio no me aceptaba, pero luego se dio cuenta del amor que le tenía a su hija y del respeto que también le tenía», confiesa Mejía.

El noviazgo duró tres años. Luego se casaron, primero por lo civil en octubre del 2016 y dos meses después del mismo año, por la Iglesia.

Con los años, el amor entre Irene Aguirre y Alexander Mejía se ha fortalecido. LA PRENSA/ROSA MEMBREÑO.

«No quería saber nada del amor»

Cuando Irene conoció a Alexander venía de una dolorosa relación amorosa. No quería saber nada del amor, pero Mejía cambió sus planes.

«Yo no quería saber nada del amor ni de novios, pero sí le pedía a Dios que me mandara a alguien que fuera conmigo a la Iglesia y Dios me respondió con Alexander», relata la boxeadora, quien por cuatro años fue seleccionada nacional.

Agrega que admira de su esposo «su atención, he estado con él en las buenas y malas, admiro que es un hombre luchador, nunca me he afrentado de su trabajo como vendedor, incluso le dije que yo quería ayudarle a vender, pero él no quiso», relató Irene.

Sus metas

Alexander, quien actualmente se ubica en el quinto lugar del ranking de las 122 libras de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) y sueña con coronarse campeón mundial.

Irene en tanto expresó que «espero seguir luchando, que caminemos de la mano de Dios porque sin él no somos nada, le pido a Dios fortaleza para seguir luchando cada día».

Por ahora, Mejía e Irene alquilan, pero pronto esperan tener su casa propia. Y además desean darle un hermanito al bebé que tienen.

Irene Aguirre y Alexander Mejía aseguran que su matrinomio ha superado muchos obstáculos, pero su amor lo ha superado. LA PRENSA/ROSA MEMBREÑO.

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