¿Qué se necesita para que las comisarías de la mujer en realidad funcionen? Esto es lo que dicen las especialistas

De acuerdo con las cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido algún tipo de violencia en algún momento de su vida.

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El traslado de las Comisarías de la Mujer a la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ) ya es del conocimiento de las organizaciones de mujeres. LA PRENSA/ARCHIVO

Después que el régimen orteguista cerró de forma silenciosa las comisarías de la mujer desde el 2015, en su relanzamiento buscan tener toda la atención mediática posible. Pero más allá de la infraestructura y la promesa de la prevención de la violencia, para que en realidad funcionen se requiere de personal sensibilizado en la atención a las víctimas de violencia, que no revictimizen, que investiguen y que apliquen la Ley 779, Ley Integral Contra la Violencia hacia Las Mujeres, de forma adecuada, explicó la feminista Mirna Blandón.

Este jueves fue el turno de la delegación policial del Distrito II de Managua, a través de la cual se espera atender a unas 68 mil mujeres, según cifras brindadas por la vicepresidenta Rosario Murillo. Para Blandón, las personas que van a trabajar en las comisarías deben de tener claro el Modelo de Atención Integral (MAI), que comprende la Ley en el capítulo tres sobre Las Políticas Públicas y Medidas Estratégicas de Preveción y Atención.

A través del MAI se busca no revictimizar a la mujer, que esta no repita su historia de violencia, como si se tratara de algo fácil y no doloroso, como efectivamente sucede. Esto hace que el proceso sea cansado, de tortura, y es peor cuando las culpabilizan, sostiene Blandón.

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De acuerdo con las cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido algún tipo de violencia en algún momento de su vida, ya sea por parte de su pareja o por terceros. Para la OMS, la violencia contra la mujer constituye un grave problema de salud pública. Y así es que tiene que ser concebido en el país explica Blandón, y no como una cuestión de feministas.

La violencia se da por las relaciones desiguales de poder, que tienen su efecto en el machismo de los hombres y en el afán de estos al someter a las mujeres. Si ese concepto no lo tiene claro el personal de las comisarías, todo continuará igual, explicó.

Por su parte, Eveling Flores, integrante de la Red de Mujeres Contra la Violencia (RMCV), sostuvo que lo más importante es que si en estas comisarías además de la recepción de denuncias, también van a investigar para sancionar o solo van buscar mediación, cuestionó.

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“La RMCV rechaza la mediación porque es otra expresión de violencia”, dijo. Para Blandón mediar “era un atentado”, porque esto no resuelve el problema estructural de la violencia, y lo que provoca es que haya menos denuncia.

Si una facilitadora judicial sugiere mediar por el bien de la familia están exponiendo a las mujeres a que regresen a un espacio donde convive con el agresor, que si la golpeó una vez, lo más probable es que se repita, y por otro lado, se expone a niños y niñas a vivir en un ambiente de violencia.

El MAI, según la ley dice claramente: «elevar la calidad de los servicios de atención a víctimas de violencia hacia las mujeres, niñas, niños y adolescentes, creando o fortaleciendo las capacidades y habilidades de los recursos humanos de las instituciones a través de instrumentos que garanticen una atención integral basada en el respeto a los derechos humanos; con perspectiva de género, de alta calidad humana y técnica, ágil, eficiente, oportuna e integral».

A ese concepto que dista mucho de la realidad, Blandón asegura que las comisarías no deben «existir por existir», sino que se deben desarrollar campañas educativas que prevengan la violencia, albergues donde se proteja a las mujeres y recursos para resarcir el daño infringido en casos de violencia, todo esto enmarcado en una clara política de Estado.

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