Jason Adair Sándigo, el joven con discapacidad intelectual que logró bachillerarse

El joven de 20 años superó cada reto que la vida le puso, y se siente orgulloso del título que obtuvo. Ahora sueña con estudiar una carrera técnica en computación.

Jason Adair En el 2018 logró uno de sus sueños: bachillerarse de un colegio no especial

Jason Adair Sándigo es un joven de 20 años que tiene discapacidad intelectual. En el 2018 logró uno de sus sueños: bachillerarse de un colegio no especial. Para doña Fátima Sándigo, madre del joven, este es un gran logro no solo para su familia, sino para todas las personas con discapacidad que quieren estudiar y demandar su lugar dentro de la sociedad.

«La discapacidad no es una enfermedad y menos una enfermedad contagiosa. La inclusión empieza de niño y si la promovemos en la familia no hay necesidad de hablar de esto», dijo Leonor Gutiérrez, directora de la Asociación de Padres de Familia con Hijos con Discapacidad Los Pipitos, al referirse a la educación inclusiva en Nicaragua.

Doña Fátima está muy clara de eso y de las grandes brechas que existen en el país en cuanto al tema. Para ver a su hijo con el título de bachiller, su familia tuvo que atravesar muchos retos, como la negación de una matrícula o sufrir bullying.

«Encontrar una escuela fue la mayor dificultad, porque íbamos a una y nos decían que no porque tenía una discapacidad. Estamos claros que hablar de una educación inclusiva se requiere de ajustes en el curriculum (de los maestros), apoyo, ajustes en la infraestructura pero también cambiar la idea de que discapacidad es una enfermedad», dijo doña Fátima.

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Jason sufrió rechazo, bullying y discriminación. «Sufrió bullying. Miramos que estaba solito y separado del resto. Nos dimos cuenta que los niños decían que su mamá les decía que les iba a pasar lo que él tiene, pero la discapacidad no es una enfermedad. Yo creo que si aportamos todos desde el hogar, los muchachos con discapacidad van a tener la plena participación y acompañamiento y una vida feliz como cualquier otra persona», relató la mamá del joven.

Jason superó cada reto que la vida le puso, y ahora se siente orgulloso del avance que ha obtenido. A él le gusta pasar tiempo en la computadora, por lo que le gustaría estudiar una carrera técnica en computación. «Él es bueno en la computadora, quiere aprender eso pero actualmente no hay un lugar donde pueda seguir avanzando», lamentó la madre del joven.

Jason Adair Sándigo junto a sus padres y hermano. El joven de 20 años terminó su bachillerato en el 2018. LA PRENSA/L. López

Los retos

«Hay un gran desafío para nuestras organizaciones, de que más niños, niñas, adolescentes y jóvenes puedan acceder a las diferentes opciones educativas con calidad, y eso se ha vuelto cada día más complicado», manifestó Gutiérrez.

Hablar sobre educación inclusiva es un tema que va más allá de la familia, ello involucra al Estado, instituciones públicas y privadas y la sociedad entera.  

Para la representante de Los Pipitos, entre los grandes desafíos que vive el país es la falta de compromiso de las instituciones públicas, la insensibilidad y la contribución social. «Todas las instituciones deberían disponer condiciones apropiadas para que hayan niños y jóvenes estudiando en las escuelas, y no es un tema para hablar de rampa. Se necesita lenguajes de señas, maestras sombras que ayuden a la maestra a trabajar y esa es una respuesta institucional que se requiere. Se requiere recursos y muchas capacidades para resolver este tema», señaló Gutiérrez.

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Para evidenciar la falta de respuesta institucional a este asunto público, en enero de este año, un colegio privado negó la matrícula a un niño autista. El motivo que brindó el centro escolar fue porque no tenían la capacidad para atender a niños especiales. Se conoció que la familia del niño desistió de algún acompañamiento de organismo para evitar problemas.

«El país dispone de una política educativa que reconoce la educación inclusiva. Sin embargo, entre eso y la realidad que tiene que vivir un maestro con 35 niños y que le digan que le van a llevar a tres muchachos con discapacidades diferentes, cualquier maestro sabe que eso es un reto muy complejo. Y ahí, si no trabajamos todos en función de eso, y aunque declaremos que hay educación inclusiva, en la práctica no es de calidad para los jóvenes y niños», refirió Gutiérrez.

En el 2019, Los Pipitos contabilizó a  1,792 niñas, niños, adolescentes y jóvenes con discapacidad que se integraron a los Centros de Aprendizajes para la Vida, de los cuales 915 fueron escolarizados en las diversas modalidades, mientras que 265 no pudieron ingresar.

«Las estadísticas nos está diciendo que las familias logren incluir a sus hijos a las escuelas, estamos viendo mayores ingresos», dijo Hazel Sánchez Méndez, responsable de formación y gestión del conocimiento de Los pipitos.

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