Se burlaban de ellos por sus discapacidades y ahora tienen trabajo y familia. Esta es la historia de Carla y Alexis

¿Qué tiene en común una joven con Síndrome de Down y un joven con discapacidad motora? Que los dos han cumplido con el sueño de tener un trabajo

La historia de dos jóvenes con discapacidad que han logrado sus sueños

El reloj marca las 8:30 de la mañana y Carla Jimena Hurtado Vega ya se encuentra en su escritorio viendo la agenda del día. Ama su trabajo. Lleva cuatro años y cinco meses trabajando como apoyo en el área administrativa de la empresa PricewaterhouseCoopers (PwC) Nicaragua.

Su sonrisa contagia a sus compañeros, quienes la describen como una joven carismática. “Me siento muy satisfecha con lo que yo estoy haciendo”, asegura Carla, de 28 años.

La joven nació con Síndrome de Down, pero desde pequeña supo soñar en grande. Uno de esos sueños ya lo logró, y ahora está enfocada en aprender a conducir y tener su propio carro. Tener una familia también es otro de sus anhelos.

“Tengo muchos sueños y propósitos por alcanzar, entre ellos es tener una familia y manejar mi propio carro”, dice firmemente.

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Carla está consciente de lo difícil que es encontrar un trabajo, y más aún cuando se cuenta con una discapacidad, pero sabe que detrás de su sueño también hubo sacrificios y esfuerzo, como todos. Sufrir y aprender a ser fuerte fue otras de las lecciones que le ha dado la vida.

«Yo pienso que algunas personas les cuesta aceptar a las personas con discapacidad, pero hay otras que la aceptan por igual. Hay personas que discriminan sin saber de que hay personas que sienten, y lo que hay que hacer es amarlas a como son”, expresa Carla.

Su testimonio de vida es similar a las demás personas con discapacidad, que han sido rechazadas por la sociedad. Desde pequeña fue parte de un colegio no especial. Sus inicios en preescolar y primaria fueron duros: trato diferente, rechazo y burlas, hasta que en secundaria la suerte cambió. “En el (colegio) Doris María me empezaron a valorar, ayudar de acuerdo a mi capacidad”, dice.

Carla cree que hay desinformación en la sociedad en cuanto al tema de personas con discapacidad. Oscar Navarrete/ LA PRENSA.

Carla prefiere hablar de cosas positivas, como es su trabajo, el cual le ha llenado de orgullo. “He aprendido los valores, los buenos hábitos, en el trabajo he aprendido también a querer y valorar a las personas, ellos me han visto cómo soy, una muchacha colaboradora”, declara entre sonrisas.

“Carla es bien trabajadora, colaboradora, siempre está dispuesta, nunca nos dice no, y ella ha aprendido bastante, es cuidadosa con las cosas que hace, y cuando le damos alguna orientación las acata”, declara Deborah Guillén, jefa de Carla.

Durante los más de cuatro años que lleva Carla en la empresa PwC Nicaragua, a ella se le ha aumentado la responsabilidad para ayudarle a desarrollar sus capacidades. “Se les da más responsabilidad a medida que se van desarrollando y aprendiendo más”, señala Guillén.

Carla, quien es hija única, habla inglés y sabe nadar. En su tiempo libre le gusta cantar, escuchar música y bailar, además de pasar tiempo con su familia.

Carla al lado de su mamá (camisa celeste) y sus familiares. LA PRENSA/CORTESÍA

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La felicidad de Alexis

A sus 29 años, Alexis Javier Gutiérrez Silva se siente pleno. Su discapacidad motora no impidió que cumpliera sus dos grandes sueños: tener una familia y ser un profesional. Después de una larga jornada laboral, Alexis agradece a Dios la oportunidad de saber que en casa le espera su esposa Sindia Úbeda y su hijo de 10 meses de nacido, Alexis Roberto. Ellos son su felicidad.

Alexis no puede estar más feliz porque además está trabajando en lo que se preparó. Es soporte técnico en informática y desarrollador web en la empresa de coworking Numu. Lleva un par de meses formando parte de ese equipo.

Alexis Javier Gutiérrez, es parte de la empresa Numu. Oscar Navarrete/ LA PRENSA.

“Eso lo llena de orgullo a uno, aún para mi familia ha sido un gran ejemplo porque algunos pensaron que no iba a llegar donde está hoy, y eso lo llena de satisfacción porque valió la pena”, dice María Silva Larios, madre de Alexis.

Su nacimiento prematuro, a los siete meses de embarazo, y sus dificultades para caminar quisieron truncar los sueños de Alexis. Logró caminar a los siete años de edad, lo que lo llevó a pasar por malos ratos, que van desde burlas hasta experiencias vergonzosas.

“En preescolar yo pasé una situación difícil, me costaba caminar, sostenerme, me costaba ir al baño”, comparte Alexis. El joven recibió atención especializada a los cinco años de edad. A los siete años, por recomendación de Los Pipitos, ingresó a un colegio no especial.

“Tenía que pedir ayuda para ir al baño, y muchos me rechazaban y no me llevaban”, recuerda Alexis.

Esta misma experiencia continúo en primaria y secundaria pero más violento, tanto que fue empujado de un segundo piso del colegio. “Ahí comenzó la tormenta. Me decían Quasimodo, Robocop, me decían muchas cosas, hasta me tiraban las paletas de las sillas”. Pese a las burlas y agresiones, Alexis no desistió de su objetivo, graduarse.

“Decidí entrar a la carrera de Ingeniería en Sistema, ya en ese tiempo los jóvenes comprendía lo que era una persona con discapacidad, ya respetaban”, agrega.

Pero todo lo que vivió solo lo hizo y más fuerte y determinante, y ahora confiesa que “está lejos de rendirse”. “Me defino como una persona de fe, positiva porque mi mamá me contagió del positivismo”, dice.

Esa determinación llevó a que Sindia Úbeda, esposa de Alexis, se casara con él hace un año. Se conocieron cuando eran parte de Los Pipitos, y fruto de ese amor nació el pequeño Alexis, quien no presenta ninguna discapacidad a como le advertían la gente.

“Las madres de mis novias que tuve siempre le decían que si se casaban iban a salir con la misma deficiencia mía, entonces ellas decían cortarme y seguir su camino. Con Sindia, a ella no le importó lo que le decían”, señala.

Alexis no para de soñar. Quiere tener su propia empresa y seguir formándose. “Actualmente me siento bien”.

“Es una persona luchadora y ha logrado lo que se propone, es una persona responsable”, dice orgullosa su madre.

Pese a que Alexis ha logrado su independencia como cualquier otro ciudadano, sigue siendo objeto de discriminación. “Siempre recibo discriminación en la calle, en los buses, en las paradas, incluso en los bancos. La discapacidad está en la mente de las personas”.

Los números en Nicaragua

Los testimonios de Carla y Alexis solo es una muestra de muchos casos de inclusión laboral que existen en Nicaragua, y que a lo largo de estos años ha sido logro y lucha de organizaciones que atienden a personas con discapacidad.

De acuerdo a datos de 2019, en el país hay 151,280 personas con discapacidad, lo cual constituye casi el tres por ciento de la población total del país, según el Ministerio de la Salud, que maneja el programa Todos con Voz.

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De acuerdo a David López, de la Federación de Asociaciones con Personas con Discapacidad (Feconori), esas cifras presentadas por el Minsa no incluye las áreas rurales de la Costa Caribe, por falta de censo y caracterización de las personas con discapacidad, como consecuencia de la lejanía.

“En lo concerniente a la inclusión laboral todavía se presentan brechas de desventaja de las personas con discapacidad respecto al resto de la población. Se tiene estimado que del total de las personas con discapacidad en edad productiva, únicamente el 20 por ciento están ubicadas en empleos formales y el 80 por ciento están en el empleo por cuenta propia o no están empleadas”, expuso López.

Los retos

Y es que hablar de inclusión laboral todavía es una tarea pendiente que no solo incluye al Estado, sino al sector privado, sociedad y familia, apunta Petrona López, coordinadora del programa de inclusión laboral de la Asociación de Padres de Familia con Hijos con Discapacidad, Los Pipitos. No obstante, destaca que la familia y el Estado son los principales garantes de este derecho.

“Los primeros que deben de creer que su hijo puede ser alguien productivo en la vida, es la familia”, enfatiza López.

La especialista considera que aunque aún hay grandes retos en la inclusión laboral, ha habido avances en cuanto al tema, pues se ha ampliado la oferta de trabajo. “Antes se decía ‘como tiene discapacidad va hacer piñata, ya estaban como dadas sus habilidades, sin embargo, es importante trabajar con las habilidades e intereses que vienen desarrollando los jóvenes”, declara.

Carla durante su preparación en el CAV de Managua,

La Ley 763, Ley de los Derechos de las Personas con Discapacidad, expone que las personas con discapacidad representen el dos por ciento de la planilla de las empresas privadas e instituciones públicas, sin embargo, es una ley que no se cumple. Al menos en la mayoría de las empresas, expresa López.

«La inclusión es un proceso, no solamente una ley sino es cambiar una cultura, en cómo la gente aprende la importancia», añade la especialista.

Pero es la minoría de las empresas que aceptan a personas con discapacidad, o que tienen alguna alianza con asociaciones, pese a que estas ofrecen capacitación para el equipo laboral. «Es tratar de desconstruir todos los mitos que le anteceden al estar con una persona con discapacidad. Lo primero que te dicen (los dueños de las empresas) es  ‘tengo miedo de que se accidenten’ o ‘tengo miedo de que no me entiendan’. Es importante en todo este proceso sensibilizar a las empresas, acompañarlas y decirle cómo lo podemos hacer en conjunto con el joven y la familia», plantea López.

Los Pipitos desde hace nueve años creó los Centros de Aprendizaje para la Vida (CAV), que tiene como objetivo desarrollar las habilidades y capacidades de los niños, niñas y adolescentes con discapacidad y de esta manera, prepararlos para el mundo laboral. Tiene alianza con al menos 50 empresas privadas, y en el 2019 se lograron 22 inclusiones laborales en seis empresas.

Según López, los jóvenes con discapacidad auditiva son los que más logran ser incluidos en el ámbito laboral

Las 38 CAV con lo que actualmente cuenta Los Pipitos, atienden a 583 jóvenes, de los cuales 273 son mujeres y 310 hombres. De estos el 40 por ciento corresponden a adolescentes de 13 a 17 años, 38 por ciento son de 19 a 25 años, y el 22 por ciento de 26 a más.

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