Rosario Murillo confirma la orden de «más patrullaje» a la Policía Orteguista para «ahuyentar todo indicio» de protestas

"Hemos venido ahuyentando todo indicio de acoso de la paz, toda amenaza a vivir tranquilos", dijo Murillo para justiciar la represión que se intensificó desde el fin de semana pasado, al} imponer casa por cárcel por la fuerza a más de treinta políticos y excarcelados opositores.

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Los dictadores Rosario Murillo y Daniel Ortega han intensificado la represión ante el anuncio de la Coalición Nacional. LA PRENSA/ ARCHIVO/ TOMADO DE PRESIDENCIA

La vicepresidenta designada y sancionada, Rosario Murillo, confirmó que el régimen ordenó a la Policía Orteguista (PO) aumentar el patrullaje en las principales ciudadades para impedir «cualquier intento perverso de querer alterar la paz» este 25 de febrero, cuando sectores opositores convocaron a una marcha nacional y han firmado la proclama de la Coalición Nacional para enfrentar a la dictadura orteguista en unas eventuales elecciones.

Mientras Murillo intervenía en los medios oficialistas, la mayoría propiedad de la pareja presidencial, a la 1:00 de la tarde, un despliegue de más de cien antimotiles y policías causaban el terror en el centro comercial de Metrocentro cuando ingresaron para evitar un piquete que iban a realizar familiares de presos políticos, junto a otros ciudadanos.

La PO tiene militarizado ese centro comercial, en Managua, como el resto de la ciudad desde tempranas horas con oficiales de línea, antimotines, patrullas, la técnica canina junto a simpatizantes orteguistas armados.

Manteniendo la estrategia de distorsionar la realidad de lo que sucede en Nicaragua, Murillo dijo que «los planes de nuestra Policía Nacional (son) más patrullaje para protegernos y asegurar a las familias la paz  y cariño en todos los lugares de nuestra sagrada geografía».

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La dictadura de Daniel Ortega y Murillo han reaccionado con furia ante el anuncio de la unidad opositora de más de cien movimientos y organizaciones sociales y partidos políticos que desde el estallido de la crisis sociopolítica en abril del 2018, que siguen demandando justicia por los al menos 328 asesinados, cientos de heridos así como la liberación de más de sesenta presos políticos y reformas electorales que permitan que en Nicaragua hayan elecciones adelantadas, transparentes y con la participación de observadores nacionales e internacionales.

La vicepresidenta y esposa de Ortega el 24 y 25 de febrero ha enfilado nuevamente sus ataques contra los sacerdotes, obispos, empresarios, la Alianza Cívica y el resto de sectores opositores que desde hace 22 meses mantienen la resistencia a pesar de la represión de la PO y simpatizantes sandinistas armados.

En lo que se ha entendido como una amenaza contra los grupos opositores, Murillo dijo este martes que no permitirán que se «altere la paz» pues se oponen «a la cultura del odio», lo cual es contradictorio cuando la dictadura orteguista se sostiene por la represión de la PO y grupos de choque que han cometido una serie de crímenes considerados delitos de lesa humanidad por organismos internacionales de derechos humanos.

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Impedir las manifestaciones de los opositores  es parte de la estrategia de la dictadura ante «cualquier miseria», «por encima de cualquier intento perverso de querer alterarla» la paz, aseguró la vicepresidenta designada.

«Hemos venido ahuyentando todo indicio de acoso de la paz, toda amenaza a vivir tranquilos», dijo Murillo para justiciar la represión que se intensificó desde el fin de semana pasado con imponer la casa por cárcel por la fuerza a más de treinta políticos y excarcelados opositores.

Manipula palabras del papa Francisco e insulta a sacerdotes de Nicaragua

La dictadura ha negado sus propios crímenes contra la población, donde las víctimas incluye a sacerdotes y los obispos de la Iglesia Católica a los que el régimen ha acusado de promover el intento de golpe de Estado, como descalifica las protestas iniciadas desde hace casi dos años. Las parroquias católicas son asediadas y agredidas por la PO y los parapolicias, así como sacerdotes y obispos, como Silvio Báez, el cardenal Leopoldo Brenes y  el nuncio apostólico Waldemar Soomertang han sido agredidos y amenazados por los orteguistas.

Sin embargo, en sus discursos Murillo suele leer textos bíblicos tergiversándolos a favor de la política represora del orteguismo. Estos últimos dos días ha manipulando el mensaje del papa Francisco por el inicio de la Cuaresma, mientras insultaba a los sacerdotes y obispos católicos de Nicaragua acusándoles de que «santificaron» «el carnaval satánico» de «todos los diablos» como tildó a las manifestantes.

Sentenció que «nunca se borrará el sonido de las campanas al vuelo, curiosamente, llamando a matarnos» en alusión a la alerta que hacían desde las parroquias católicas en las ciudades y pueblos para avisar de la llegada de los parapolicías y la PO para atacar a los ciudadanos autoconvocados que habían levantado barricadas y tranques, durante los meses más crudos de las protestas en el 2018.

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Acusó nuevamente a los sacerdotes y obispos de «la manipulación de la fe» y que «entre tantos calumniosos y falsos mensajes, desde estaciones de redes extranjeras, donde instruían y reproducían códigos infernales».

El gobierno de Estados Unidos (EE.UU.) en noviembre del 2018 sancionó a la dictadora Murillo por violaciones a los derechos humanos al dirigir la jornada sangrienta cometida por la Juventud Sandinista (JS) y la Policía Orteguista contra las protestas ciudadanas a partir de abril de ese año. La sanciones contra la esposa del dictador Ortega también son por corrupción.

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