Reflexiones sobre el Súper Martes

En este ensayo comparto algunas reflexiones relacionadas con las primarias demócratas de Súper Martes.

Primero, aclararon quién será el abanderado de los demócratas en la elección general de noviembre. Al arrancar la precampaña, había más de una docena de precandidatos demócratas serios. De estos, solo cuatro quedaban para Súper Martes: el exvicepresidente Biden, dos senadores (Sanders y Warren) y uno de los hombres más ricos del mundo (Bloomberg).

Después del martes, se redujeron los precandidatos a dos: el exvicepresidente Joe Biden y el senador Bernie Sanders. Mike Bloomberg tiró la toalla y anunció su apoyo para Biden al tener un pobre desempeño. Un día después, Elizabeth Warren también se retiró por la misma razón. Con esto, Súper Martes cumplió con su misión darwiniana de reducir el número de candidatos a los más fuertes. Y también les brindó a los norteamericanos un importante contraste ideológico ya que Biden es un moderado y Sanders está a la extrema izquierda del espectro ideológico estadounidense.

Segundo, no habrá un relevo generacional para Estados Unidos en noviembre. Los tres finalistas —Biden, Sanders y Trump— son de avanzada edad. El presidente Trump tendrá 74 años, Biden 78 y Sanders 79 en noviembre. Los tres tienen más años que Ronald Reagan que comparado a ellos era un “joven” de 69 cuando asumió la Presidencia por primera vez en 1980 a pesar de que en ese entonces algunos cuestionaban su candidatura precisamente por su edad.

Tercero, lo más sorprendente de Súper Martes es que Biden emergió como el favorito para ganar el nombramiento de su partido. El exvicepresidente es un veterano de la política estadounidense.

Sirvió en el Senado del Congreso por 36 años, se postuló para la Presidencia dos veces pero nunca ganó ni una primaria, y después fue el vicepresidente de Barack Obama durante ocho años. A Biden le fue muy mal en las primarias iniciales de esta campaña y muchos descartaron su precandidatura hasta que arrasó en la primaria de Carolina del Sur el 29 de febrero. Esta contundente victoria —combinada con un temor entre los demócratas que Sanders sería demasiado izquierdista para ser potable en las elecciones generales— catapultó Biden a que ganase 10 de los 14 estados en juego en Súper Martes.

Cuarto, Biden tuvo una amplia aceptación en Súper Martes. Se sabía que contaba con el apoyo fuerte de los afrodescendientes, sobre todo en los estados sureños como Carolina del Sur donde ellos son el bloque mayoritario de los votantes demócratas. Y al arrasar se confirmó que los afroamericanos son incondicionales a los demócratas. Pero también ganó en estados norteños con pequeñas poblaciones morenas como Maine, Minnesota y Massachusetts. Otra curiosidad es que Biden logró derrotar a la senadora Warren en Oklahoma y Massachusetts, los estados donde ella nació y reside, respectivamente. También ganó en Texas, el segundo estado más grande de Norteamérica.

Quinto, en Súper Martes se golpeó a la tesis de que se necesita plata, y mucha de ella, para ganar elecciones. Mike Bloomberg gastó US$500 millones de su propio bolsillo en su corta campaña principalmente en costosos anuncios por televisión. Además, contrató a un equipo grande y de lujo de operadores políticos en los 14 estados de Súper Martes. Sin embargo, no ganó ni uno de ellos.

Sanders, el socialista, también gastó una fortuna —pero en su caso con el dinero de otros— y tuvo que resignarse a un honroso segundo lugar. Al otro extremo, Biden invirtió menos de US$20 millones en Carolina del Sur y Súper Martes. Sin embargo él es el que más delegados ha cosechado hasta la fecha para la convención demócrata: un poco más de 600 de los 1,991 requeridos para ganar la nominación.

Sexto, Joe Biden es simpático pero no carismático. Además comete frecuente lapsus cuando habla hasta el punto que algunos observan que su edad lo está afectando. A pesar de esto, es el claro favorito para la convención, y con cada día que pasa se suman a su campaña más maharajás del partido. Biden tendría que tropezarse en las primarias restantes para perder el cómodo liderazgo en delegados que ahora tiene. Y ahora se aproximan estados que se inclinan hacia él incluyendo la Florida.

Séptimo, toda la atención ha estado puesta en las primarias demócratas porque el presidente Trump ya tiene amarrada la nominación republicana. Es más, se tiene que considerar a Trump como el favorito para repetir como presidente. Es más, en la elección general triunfará en muchos de los estados sureños que Biden ganó en Súper Martes. Su base es leal y fuerte sobre todo en el Sur, zonas rurales y entre obreros blancos. Finalmente lo favorece el bajo desempleo que hay en Estados Unidos: 3.5 por ciento.

Finalmente, el nivel de participación será decisivo en las elecciones de noviembre. En 2016 Donald Trump recibió 63 millones de votos, un récord para un republicano. Pero Hillary Clinton obtuvo tres millones de votos más que Trump, aunque perdió en votos electorales por dos razones. Primero, porque su campaña ignoró a tres estados norteños que tradicionalmente votan demócrata —Pennsylvania, Michigan y Wisconsin— y los perdió. Y segundo, porque cosechó menos votos populares que los que obtuvo el presidente Obama en sus dos campañas. ¿Por cuánto? Ella tuvo 3.6 millones de votos menos de los que Obama obtuvo en 2008.

Este dato es increíble ¿verdad?

El autor fue canciller y embajador de Nicaragua en Estados Unidos

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