El enemigo de la Policía

No es enemigo de la Policía quien la critica y le exige que cumpla con su naturaleza, sino quien la corrompe y convierte en su antítesis

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Policía

Es triste reconocer en la últimas sanciones de Estados Unidos, que en Nicaragua ya no hay Policía. En el mundo existen unos 20 países sin fuerzas armadas, pero todos ellos tienen policías o una fuerza que hace las veces de ella. La Policía es necesaria para cualquier país del mundo. Podemos vivir sin Ejército, pero difícilmente sin Policía.

Antítesis

Daniel Ortega no es el gran jefe de la Policía, sino más bien su destructor. Si por algo recordará la historia a Ortega es, entre otras cosas, por haber convertido a la Policía en su antítesis, en todo lo contrario a lo que debe ser. Digámoslo más claro: si en Nicaragua hubiese Policía debería estar persiguiendo, deteniendo y procesando a muchos de quienes hoy están usurpando su uniforme.

Origen

La Policía es una institución que en su momento presumía de su eficacia. Se le reconocía el haberse desmarcado de su origen partidario para convertirse en un cuerpo que, con sus aciertos y errores, buscaba como profesionalizarse. ¿Ahora qué queda? Lo mejor que se puede decir de ella es que degeneró en una policía política, dedicada a perseguir opositores. Pero es más que eso, incluso. Es un grupo armado y organizado, que todos los días viola la ley.

Delitos

Hace unos días, una turba violenta atacó a un joven periodista. Tan fuerte fue la golpiza que está en el hospital con serias lesiones. El hecho quedó registrado en videos ampliamente difundidos. Le robaron sus equipos de trabajo. Uno de los agresores salió de la escena cargando tranquilamente la mochila robada y se montó en un bus dispuesto para su traslado. No hay nadie detenido. Eso es delito aquí y en la Conchinchina, pero en Nicaragua no hay policía para esos delitos.

Trámites

Si usted maneja un carro, necesita licencia de conducir y la debe sacar ante esta Policía, así y como está. Y si es un opositor más o menos reconocido, alguien lo fotografiará y dirá algo así como “qué descarados, reniegan de la Policía y ahí están sirviéndose de ella”. Igual, cuando se pone alguna denuncia. Igual cuando se hacen otros trámites como certificados, permisos, etcétera. Eso de ninguna manera significa que se le reconozca como la Policía Nacional que debe ser, cuando ya perdió sus papeles. Significa que hay que cumplir esos trámites para poder vivir en este territorio que controlan, igual que se haría con una mara que exige peaje, salvoconductos o establece leyes en el territorio que ocupan.

Records de Policía

Por ejemplo, a mi me parece una grosería que todavía las empresas exijan Récord de Policía para la contratación de sus nuevos empleados. Desde el momento que criminaliza derechos ciudadanos como protestar o manifestarse, y permite y promueve comportamientos delictivos como el de la turba que vapuleó al periodista o los agentes y paramilitares que participaron en la matanza, esta Policía perdió la capacidad de decir quién está limpio y quién no. A estas alturas, lo menos que esperaría yo del Cosep es que pidiera a sus empresas dejar de exigir este requisito.

Amigos de la Policía

Se acuerdan que hace algún tiempo había una organización que se llamaba “Amigos de la Policía”. Tal vez comenzó con buena intención pero luego derivó en una especie de club, donde algunos recibían “mejor trato” a cambio de su apoyo. “No hombre”, le dije en algún momento a un jefe policial, cuando todavía se podía hablar con ellos, “los verdaderos amigos de la Policía no son quienes pervierten su labor a cambio recursos o apoyos personales, son quienes les piden, a veces con duras críticas, que hagan su labor. Que sean policías”.

Caramelos con veneno

Para muchos de los policías actuales, el mejor amigo que tienen es Daniel Ortega. Les aumenta el presupuesto, les da recursos, se hace de la vista gorda con sus crímenes y desmanes, les ha dado licencia para matar y golpear ciudadanos. Son caramelos envenenados. Daniel Ortega en realidad es su principal enemigo. El que la destruyó. La convirtió en lo contrario a su naturaleza. Ortega es quien la llevó, desgraciadamente, al punto de no retorno. Pues como han dicho varios analistas ya: esta Policía, tal cual es, no puede sobrevivir a Ortega. Y ese es un crimen social que la historia se encargará de recordarlo siempre.

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