El tirano desnudo

Esto es lo que pasa con Daniel Ortega. Para toda persona sensata y mente lúcida, el coronavirus o Covid-19 es una catástrofe de salud pública que para enfrentarla y vencerla hay que unir todos los esfuerzos del Estado, la sociedad y de cada persona y familia.

Nicaragua, elecciones, Daniel Ortega

Es muy conocido el cuento del escritor danés del siglo XIX, Hans Cristian Andersen, sobre el rey que andaba desnudo pero en su imaginación creía que iba cubierto con hermosas vestiduras. De dicho cuento se deduce la moraleja de que no porque alguien crea que lo que dice es verdad, significa que lo sea.

Esto es lo que pasa con Daniel Ortega. Para toda persona sensata y mente lúcida, el coronavirus o Covid-19 es una catástrofe de salud pública que para enfrentarla y vencerla hay que unir todos los esfuerzos del Estado, la sociedad y de cada persona y familia.

“Estamos todos en la misma barca, en la misma lucha”, es momento de “pedir la ayuda del otro”, alertó el papa Francisco en su dramática homilía del viernes 27 de marzo, antes de la bendición a la ciudad y el mundo que impartió por la pandemia del Covid-19, en la insólitamente desierta Plaza de San Pedro.

El papa, sin decirlo expresamente nos recordó la sabiduría generalmente olvidada por quienes detentan mucho poder y este se les sube a la cabeza: que la grandeza humana también está en la modestia, en asumir responsabilidades, en pedir y aceptar ayuda cuando se necesita para enfrentar las dificultades, sobre todo las peores.

Pero los oídos de Daniel Ortega y Rosario Murillo están sordos y sus corazones endurecidos, son insensibles al dolor humano ajeno, incapaces de pedir y aceptar ayuda (salvo que sea dinero de la comunidad internacional, para su lucro) incluso cuando más la necesitan. Creen que visten regios ropajes, como se los hacen creer en coro sus fanáticos, pero en realidad están desnudos o andan en harapos.

“Lo ideal sería que en este caso todas las fuerzas del país, las fuerzas privadas y las fuerzas públicas trabajáramos al mismo norte, con el mismo fin, con la misma estrategia, con el mismo objetivo”, dijo el director del Incae en Nicaragua, Enrique Bolaños Abaunza, en la revista en línea Confidencial.

En el mismo medio, el ingeniero en bioquímica y biología molecular, Jorge Huete, vicepresidente de la Academia de Ciencias de Nicaragua y también vicerrector de la UCA, señaló que en el esfuerzo de enfrentar al coronavirus conviene sumar “a toda la capacidad científica nacional que… representa un recurso incuestionable de las universidades”.

Médicos de distintas especialidades agrupados en un Comité Científico Multidisciplinario se han puesto a la orden del Gobierno. Lo mismo han hecho la empresa privada independiente, la Iglesia católica y algunas evangélicas, la Unidad Médica Nicaragüense y muchas organizaciones de la sociedad civil, como Mujeres por la República, ANIA y otras que ya hemos mencionado en ocasiones anteriores; sin olvidar a partidos y movimientos sociales y políticos democráticos.

Pero el tirano desprecia la ayuda que le ofrecen. Cree que está bien vestido y apto para enfrentar la calamidad social, pero en realidad está desnudo y derrotado moralmente. La gente se la tiene que ingeniar para enfrentar la emergencia por sus propios medios.

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