Esto es un secuestro

Nicaragua está secuestrada. ¿Cuál es el protocolo a seguir cuando en un secuestro hay heridos o enfermos graves entre los rehenes o secuestradores?

Secuestro

Veamos la situación como es en esta epidemia. Nicaragua está secuestrada. No es gobierno, son secuestradores. No somos ciudadanos, somos rehenes. ¿Cuál es el protocolo a seguir cuando durante un secuestro hay heridos o enfermos graves entre los rehenes o, incluso, entre los secuestradores? Partamos de algunas premisas que se me ocurren: uno, los secuestradores tienen el control, y deciden quién y cómo se recibe la medicina y la asistencia médica; dos, mentirán y ocultarán la información que no les conviene; y tres, entre secuestradores y rehenes hay intereses enfrentados, irreconciliables.

 Tregua

Traigo esto a colación porque ahora que llegó el coronavirus, y existe la posibilidad que pronto estemos ante escenarios de miles de contagiados y cientos de muertos, se habla de “tregua”, de “negociación” y de “dejar a un lado diferencias de toda índole” para enfrentar la pandemia. El propósito es justo. Enfrentar a este coronavirus requiere el concurso de todos. Eso no debería estar en discusión. Los que no podemos perder de vista, por nuestra propia sobrevivencia, es a quien tenemos del otro lado, y cuáles son su prioridades.

Negociación

Tampoco dejemos de reconocer los apuros que está pasando el secuestrador. No es cosa de que las tienen todas con él. Están rodeados, acosados y agotándoseles sus recursos. Cada vez tienen menos espacios para mover y sacar dinero.  Probablemente el secuestrador tratará de sacar ventaja. Pedirá comida, agua, que le den garantías de salir impune, y si es posible con dinero. Quiten las sanciones, pide.  Denme dinero. Háganlo por los enfermos, dirá, aunque los enfermos sean lo último que le importe.

Apocalipsis

En el terremoto del 72 hubo cárceles que se derrumbaron. La Aviación, por ejemplo. De repente algunos presos se vieron libres. Otros murieron sepultados por los derrumbes. O sea, la desgracia de unos fue la bendición de otros. Un escenario apocalíptico, como el que se está viviendo ahora mismo en otros países, podría ser, o bien el salvavidas del régimen, o bien la cuerda que termine de ahogarlos.

Cálculos

El régimen Ortega Murillo parece estar llevando la epidemia a un escenario apocalíptico, ya sea por incapacidad o por conveniencia. Un cálculo podría ser una negociación como la que algunos le ofrecen ahora. “O aceptan mis condiciones o nos morimos todos”, dirá el secuestrador con la pistola apuntado la cabeza del rehén. Otro puede ser la ingenua esperanza de que con algo de suerte y la ayuda de sus dioses podría no pasar a más la epidemia en Nicaragua, y ellos se ven en el sueño de opio, emergiendo entre el humo como los héroes salvadores.

Disparates

Sea lo que sea, lo están haciendo muy mal. Piden financiamiento para atender una emergencia que ellos mismos niegan. Cómo les darán dinero, si el que tienen lo gastan organizando visitas masivas a las casas o en marchas de “Amor en tiempos del Covid-19”. ¡Es un disparate! Quieren controlar la epidemia como controlan las elecciones en Nicaragua. Manipulando los votos. Manipulando los datos.

Casos importados

Veamos un ejemplo con los casos reconocidos oficialmente. Todos son casos importados. Y es posible que así lo sigan siendo por mucho tiempo, porque la misma recién nombrada ministra de Salud, Martha Reyes, ha dicho que una condición sine qua non para hacer la prueba del coronavirus en Nicaragua es que el paciente haya viajado recientemente o tenido contacto con alguien que viajó. O sea, que mientras sigamos así, jamás vamos a tener “trasmisión comunitaria” porque si usted tiene todos los síntomas pero no ha viajado, nel pastel, pase al rincón de casos sospechosos. Y si se muere, será siempre por una neumonía, que ni se registrará porque el gobierno ya decidió no seguir publicando los datos sobre los casos de neumonía.

Desconfianza

Si este fuera un gobierno responsable, ya estaría llamando a una mesa de consenso de los más importantes sectores del país para enfrentar la amenaza que pende sobre Nicaragua. Empresarios, iglesia, oposición real, partidos políticos, sociedad civil, y gobierno, por supuesto, entre otros. Pero este no es un gobierno responsable. Ni siquiera es gobierno. Por lo tanto, cualquier negociación que busque involucrarlo deberá tratarlo con la misma desconfianza con que se negocia con un secuestrador, cuya naturaleza es sacar ventaja de la desgracia de sus rehenes.

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