Maduro, la bebe o la derrama

Expertos en la situación venezolana aseguran que Nicolás Maduro no aceptará la posibilidad que le ofrece EE.UU. de salir airoso del atolladero

Nicaragua, elecciones, Daniel Ortega

La acusación formal de los Estados Unidos (EE.UU.) contra Nicolás Maduro y varios de sus allegados más cercanos, por graves crímenes de narcotráfico internacional y promoción del terrorismo, ha sido como un ultimátum al dictador bolivariano que, como ya dijimos antes, literalmente hablando lo ha puesto contra la pared.

Pero, como han precisado los voceros de EE.UU., a este país lo que le interesa es que se termine la dictadura en Venezuela y se recupere la democracia. De manera que además de acorralar a Maduro también le ha ofrecido la salida.

En efecto, el secretario de Estado Mike Pompeo dio a conocer este martes 31 de marzo un Marco para la Transición Democrática en Venezuela, con 14 puntos sustantivos y dos adicionales llamados “garantías”, que constituyen una hoja de ruta para salir de la dictadura de manera rápida, pero pacífica, y abrir el camino a la transición democrática venezolana.

De manera significativa, y atractiva, en el mismo primer punto del plan EE.UU. asegura que las sanciones que pesan sobre el régimen de Venezuela comenzarían a ser suspendidas, apenas la Asamblea Nacional recupere su plena integridad y funcionalidad institucional, y que se autodisuelva la espuria “Asamblea Nacional Constituyente” inventada por la dictadura.

Para facilitar el proceso de la transición Juan Guaidó renunciaría al cargo de “presidente encargado de Venezuela”, que en base de la Constitución le delegó la Asamblea Nacional y tiene el reconocimiento de alrededor de 70 países democráticos, mientras que Nicolás Maduro dejaría de usurpar el poder de facto.

El gobierno provisional sería ejercido por un Consejo de Estado de cinco miembros escogidos por la Asamblea Nacional, con representación de las partes democrática y chavista, cuya función primordial sería organizar elecciones libres, limpias y observadas internacionalmente en un plazo de seis meses a un año. Para eso la Asamblea Nacional elegiría también a nuevos miembros del Consejo Nacional Electoral (CNE) y del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), que sean aceptables para los partidos o alianzas partidistas que representen el 25 por ciento o más de los diputados. De esta manera tanto el sector madurista como el democrático tendrían derecho de vetar personas propuestas por la otra parte para ocupar esos cargos estratégicos.

La hoja de ruta incluye por supuesto la inmediata puesta en libertad de todos los presos políticos; amnistía para los delitos políticos cometidos desde 1999, excluyendo los que hayan sido de lesa humanidad; establecimiento de una Comisión de la Verdad de cinco miembros, nombrados por el secretario general de las Naciones Unidas con el consentimiento del Consejo de Estado; y otras medidas sustanciales que garantizarían el éxito del proceso que conduzca a la democratización de Venezuela.

Expertos en la situación venezolana aseguran que Nicolás Maduro no aceptará la posibilidad que le ofrece EE.UU. de salir airoso del atolladero. Creen que al final se tendrá que recurrir a la fuerza para sacarlo del poder, ya sea mediante una acción de la parte sana que supuestamente queda en el Ejército y la Policía, un operativo de liquidación física o una acción armada externa con respaldo internacional.

Como sea, hay que esperar para verlo.

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