El vacío de poder que Rosario Murillo intenta llenar con llamadas telefónicas

Daniel Ortega lleva 27 días sin aparecer en público, pero tampoco lo ha hecho Rosario Murillo, quien todos los mediodías brinda un informe a través de los medios oficialistas, pero por teléfono

Rosario Murillo, primera dama y vicepresidenta del país. LA PRENSA/Tomada de El 19 Digital

Nicaragua es un país con un presidente que no ha dado la cara en 27 días. La vicepresidenta, quien además es primera dama y vocera del Gobierno, solo se comunica vía telefónica todos los días al mediodía para decir que todo marcha bien en el país. Aún así, Rosario Murillo tiene el mismo tiempo que su esposo, el dictador Daniel Ortega, sin dar la cara a la ciudadanía.

Ante la ausencia de poder, Murillo intenta «gobernar» y lo hace a través de llamadas telefónicas. Desde que Ortega llegó al poder en 2007, Murillo hace la llamada a través de los medios oficialistas. En su informe ofrece un reporte de trabajo de cada institución del Estado y en estos días informa del avance del coronavirus en el país. Brinda poca información y sus intervenciones están cargadas de lecturas bíblicas, poemas de Rubén Darío y agradecimientos a Dios.

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La líder opositora en el exilio, Haydée Castillo, manifestó que Murillo es una usurpadora de todos los poderes del Estado, debido que solo ella comunica las informaciones oficiales, a través de los medios de comunicación oficialistas, convirtiéndose en una persona que “ejerce el gobierno como locutora de radio”.

«Nos han ido acostumbrando poco a poco a un gobierno virtual, que se comunica con la ciudadanía de forma remota y podría decir que prácticamente no hay comunicación con la totalidad de la ciudadanía, porque no todo el mundo tiene acceso a esos medios de comunicación por los cuales esta persona locutora trasmite supuestamente esas funciones de Estado», dijo Castillo.

Nicaragua es el único país de América Latina donde los gobernantes no han dado la cara en momentos de la pandemia del Covid-19. Sin el permiso de Murillo, ningún funcionario público puede hablar o dar entrevistas para contrastar la información oficial con la realidad del país.

«Hay un gran vacío de poder y la figura del presidente de la república desapareció del país. Se podría decir que la vicepresidenta pudiera asumir si tuviésemos conocimiento que ha habido una falta temporal del presidente, que vamos a decir la mínima, que es la ausencia temporal por 15 días. Pero el señor Ortega tiene semanas sin dar la cara», agregó Castillo.

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Es más fácil engañar si no te ven la cara

El sociólogo Cirilo Otero manifestó que es más fácil engañar a las personas si no te están viendo, porque «ver a una persona a la cara te proporciona más información para saber si está diciendo la verdad o te está engañando».

«Psicológicamente y sociológicamente es necesario verle el rostro a las personas, porque los ojos y los gestos hablan. Hay un lenguaje corporal que te dice mucho: si la personas está entendiendo o está de acuerdo con lo que decís o va a cumplir o es mentiroso», valoró el sociólogo.

Otero explicó que cuando se escucha solo la voz de la persona «hay que ser mucho más analítico para encontrar los defectos del tono, porque el tono también ayuda a saber si la persona te está mintiendo».

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Pero particularmente sobre la primera dama y vicepresidenta, Rosario Murillo, Otero tiene un diagnóstico concluyente: ella no da la cara por simple arrogancia. «Ella habla por ese medio porque es arrogante y no tiene capacidad para conversar ni para dialogar. No le gusta escuchar lo que las otras personas piensan», opinó el sociólogo.

La socióloga Luis Molina manifestó que Murillo es una persona que no tiene valores, principios ni ética que la obligue a tener respeto por la población que la escucha.

Pero, además, Molina valoró que del otro lado existe un grupo de la población que se siente súbdito, y que es de donde Murillo y todos los gobernantes que ha tenido el país se aprovechan para tratar a Nicaragua «como que fuera su finca». «Esta señora con qué valores puede gobernar el país, si ella cree que es dueña del país. Y los hijos también se creen dueños», dijo Molina.

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