El último día de Mercedes Cárcamo

Cuatro años de maltrato y abusos terminaron con la muerte de una mujer, a manos del hombre que después se quitó la vida. Fue el femicidio número 18 que ha ocurrido en Nicaragua en este año 2020.

José Francisco Cárcamo y Juana Vivas muestran fotografías de su hija Mercedes Cárcamo. LA PRENSA/Óscar Navarrete/ LA PRENSA.

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Róger Salinas tenía del cabello a su exmujer Mercedes Cárcamo, mientras ella le gritaba que la soltara y le repetía que no quería regresar con él, pues lo había dejado seis meses atrás.

Con la mano izquierda, el hombre le sujetaba la cabeza. Con la derecha, le apuntaba con una pistola.

Un hermano de ella, Denis, quiso defenderla pero cayó al suelo cuando Salinas lo golpeó con la cacha de la pistola en la sien izquierda. José Francisco, de 72 años de edad, también quiso defender a su hija, pero su yerno le disparó en el hombro izquierdo. La bala rozó en la mejilla izquierda al anciano.

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La idea que tenía Salinas era matar a toda la familia. Así se lo dijo al entrar a la casa a Denis, este pasado sábado 11 de abril, a las 2:00 de la tarde, en la zona 5 de Ciudad Sandino.

Cárcamo se le soltó a su agresor y quiso correr a la calle, pero recibió un balazo en la pierna derecha que la imposibilitó de avanzar y cayó en la entrada de su casa, en la parte de afuera. La mamá de ella, Juana Vivas, de 80 años de edad, la vio caer y se le acercó. “Mamita, corra”, le dijo su hija.

Segundos después, la anciana escuchó dos disparos más y su hija dijo: “Ay mamita”. Salinas había matado a su hija.

Mercedes Carcamo Rivas fue asesinada de un disparo por su ex compañero de vida. LA PRENSA/Óscar Navarrete

Cárcamo fue la víctima número 18 de femicidio en Nicaragua durante el transcurso de este año 2020, según las estadísticas que contabilizan las organizaciones de mujeres. Tenía 40 años de edad, de los cuales fue soltera hasta los 16. Los dos maridos que tuvo Cárcamo le llenaron de violencia la existencia. El peor fue el segundo. Fue el que la mató.

En el primero tuvo cinco hijos, cuatro mujeres y un varón. Más de 20 años vivió con él. Casados. Se dejaron hace cuatro años porque ella ya no le aguantó maltrato y licor.

A los seis meses de haberse dejado con su esposo, Cárcamo empezó a vivir con Salinas. Al principio se portaba bien. Pero el calvario llegó a los pocos días. La acusaba de andar con otro hombre.

Fueron cuatro años duros, pero, aunque se lo suplicaban, ella no lo dejaba totalmente.

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Al final de la historia, él, un guarda de seguridad, la mató con su arma de trabajo. Y después, arrecostado sobre el cadáver de Cárcamo, viendo como casi todos los hombres de una calle se le venían encima, Salinas se pegó un tiro en la cabeza.

Los cuerpos quedaron en la entrada de la casa de los padres de ella, forrada en la parte de afuera con lata, y construida de madera por dentro, en una calle de tierra que está en la zona 5 de Ciudad Sandino, unas tres cuadras al norte de la casa de zinc.

Una mujer alegre

Cárcamo era la menor de los 10 hijos que tuvo el matrimonio de José Francisco Cárcamo con Juana Vivas. “Desde pequeña fue una mujer tranquila, alegre”, dice su madre, de 80 años de edad.

José Francisco Cárcamo recibió un disparo de parte de Roger Salinas, pero la bala no le penetró, solamente le pasó rozando la mejilla izquierda, causándole una herida en el rostro y quemadura por pólvora en el hombro y pecho. LA PRENSA/Óscar Navarrete

El problema fue cuando la mandaron a la escuela. No tardaron mucho sus padres en descubrir que la muchacha no entraba a clases sino que se iba a jugar con unas amigas. El papá, de 72 años de edad, se ríe cuando recuerda la historia.

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“Ella era bien popular. Se iba con las amigas y la profe mandaba a decir que no llegó a estudiar. Y ella decía: Ay mamá es que eso a mí me aburre. Tenés que aprender a leer, le decía yo. Así se quedó. Después aprendió a leer, llegó hasta tercer grado”, cuenta la mamá.

A los 16 años de edad se unió con José Noel Mayorga, 10 años mayor que ella, y luego se casaron. “Era alegre, carismática. Se mantenía sonriendo, bromeando y era popular”, la recuerda Mayorga.

La vecina de enfrente, Melania Baltodano Castañeda, la recuerda como una mujer que solo vivía en su casa, con sus hijos y cuidando a sus padres. “No se le despegaba a los viejitos”, dice Baltodano. Todavía un día antes de morir, Cárcamo acompañó a su mamá a ponerse un suero.

Melania Baltodano Castañeda presenció el femicidio de Mercedes Cárcamo. LA PRENSA/Óscar Navarrete

Desde que se había dejado con su esposo, las cuatro hijas menores de Cárcamo se habían ido a vivir con el papá, pero este último siempre las pasaba dejando donde Cárcamo, para él ir a trabajar. Por la tarde, él pasaba de nuevo por sus hijas. El hijo mayor, Kevin, de 21 años de edad, ya tiene familia propia.

Su primer esposo recuerda que cuando él llegó a traer sus cosas, las hijas se le montaron en el carretón y se fueron a vivir con él.

Cárcamo no trabajaba. Algunos de sus hermanos le ayudaban para que se mantuviera cuidando a los padres. Si se bebía una gaseosa era porque tal vez sus hijos se la compraban. Los padres de ella se quejan de que Salinas “nunca le dio un peso”.


17 femicidios en Nicaragua hasta marzo de 2020 había contabilizado la Red de Mujeres Contra la Violencia, informó Eveling Flores, además de 30 femicidios frustrados. “Lo que va en aumento son los femicidios en ámbito público. De los 17, diez fueron en ámbitos privados”, dice Flores.


Un hombre enfermo

A poco más de una cuadra de la casa de los padres de Cárcamo viven dos hermanos de Róger Salinas  Pérez, quien tenía 40 años de edad cuando mató a su exmujer y luego se suicidó.

Esta es la casa de una hermana de Róger Salinas donde él vivía y fue velado en Ciudad Sandino. LA PRENSA/Jader Flores

Alejandro Salinas, su hermano mayor, cuenta que en San Francisco del Carnicero tienen al grueso de la familia pero ellos propiamente viven en Ciudad Sandino desde hace muchos años, desde que se llamaba Open 3, en los años setenta del siglo pasado, de tal manera que Mercedes Cárcamo y Róger Salinas se conocían desde “chavalos”.

Lo que más resalta Alejandro de su hermano es que era muy enfermo, diabético. “Estaba flaquito”, dice, y agrega que siempre le aconsejaba que dejara el trabajo de guarda de seguridad porque lo desvelaba demasiado y que regresara a su antiguo oficio de carpintero, el que una vez ejerció en la Embajada de Estados Unidos en Managua.

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Salinas había estado casado antes y estaba separado, pero de esa unión le nació una hija que es “igualita a él”. La hija vive en Panamá y ya había hecho abuelo a su padre.

Mercedes Cárcamo, tercera de derecha a izquierda en una foto familiar. LA PRENSA/Reproducción/Óscar Navarrete

Después de su separación —recuerda Alejandro—, Salinas se había hecho “mujeriego”, pero a todos asombró que después de juntarse con Cárcamo “solo con ella se mantenía”.

Una vida tortuosa

El primer indicio de que algo malo podía ocurrir en la relación entre Mercedes Cárcamo y Róger Salinas se produjo dos meses después de que ambos se juntaran maritalmente. Fue hace cuatro años y en esa ocasión la mujer casi pierde el ojo izquierdo. Lo que ella dijo a la gente fue que se había agachado y se golpeó en la punta de una mesa de madera.

“Mentira”, dijeron unos vecinos a sus familiares. “El hombre la vergueó”, agregaron.

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El ojo le sangraba a Cárcamo y su mamá, Juana Vivas, la llevó al hospital de Ciudad Sandino, donde la mujer le explicó a las enfermeras el mismo cuento. No le creyeron, pero pasó. No solo el ojo había resultado con daños, sino que, de los golpes que le propinó Salinas, resultó también con el oído reventado.

Fue el inicio de cuatro años tormentosos, tanto que Juana Vivas se llevó a su hija a vivir a Granada, pero hasta allá llegó Salinas, buscándola, y se quedaron a vivir allá.

“(En Granada) la amarraba y ahí le pegaba. Y una vez me le dio con un machete y me le dejó la pierna morada. Otra vez le pegó y le zafó la mano y ella llegó con la mano amarrada. Es que me caí mamá. Y yo a mi hija nunca la mandé a vender y cuando se fue con ese hombre la mandó a vender frescos al parque de Granada. Él se quedaba y mi hija iba a vender. Y si mi hija se dilataba la agarraba y le pegaba. Que qué se quedaba haciendo en la calle. Me la maltrató demasiado. Le tenía un miedo horrible”, cuenta la madre de Cárcamo.

Las agresiones de Salinas no solo iban en contra de Cárcamo sino también dirigidas a los padres de ella. Con el papá se había peleado en Granada y con la mamá, siempre la amenazaba de que le iba a quemar la casa y que le cortaría la cabeza a su hija y se la iba a enviar a ella.

Casi nadie se metía con la pareja. Al principio, el hijo mayor de ella no aceptaba la relación, pero después vio que no podía hacer algo por evitarla. Y las hijas solo le decían a la mamá que dejara al hombre, pero Cárcamo primero corrió de la casa a la hija mayor, Alison, de 18 años de edad, cuando ella llevó la Policía a la casa. Y Cárcamo también le dejó de hablar bastante tiempo a su madre porque ella pidió una orden policial de alejamiento en contra de Salinas. Cárcamo nunca lo denunció en la Policía.

Alejandro, el hermano de Salinas, acepta que su hermano en ocasiones se ponía violento. “Medio miraba que se ponía violento, pero (era) por el azúcar. Cuando se le alteraba el azúcar”, afirma.

La pareja discutía mucho y se le podía ver en las calles peleando, asegura Alejandro.

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A la vecina de los padres de Cárcamo, Melania Baltodano, le llamó la atención que la pareja a veces vivía alquilando y en otras ocasiones cada quien en su casa.

Además de la violencia física, los familiares de Cárcamo suman que ella también sufría violencia económica. “Nosotros le vivíamos diciendo, dejá a ese hombre, no te da ni un peso, vivir por vivir con él nada más”, recuerda Juana Vivas, su madre. Y agrega: “Mientras él estuvo con mi hija ni un lápiz ni un cuaderno le compró a las niñas”.

La muerte

Seis meses antes del femicidio, Cárcamo logró dejar a Salinas. Le dijo que se iría de la casa que alquilaban. “Si vos salís de aquí lo que se va a ir es la cabeza, se la voy a llevar a tu madre”, le respondió él. “Siempre le ofrecía volarle la cabeza”, recuerda la madre de ella.

Cárcamo logró escapar aprovechando que él estaba en el trabajo.

Salinas nunca dejó de buscarla, aunque su hermano Alejandro dice que los dos se buscaban. “Ella le mandaba comida a él”, dice.

Salinas la llamaba o si no pasaba por la casa y la mandaba a llamar. Ella salía, admiten sus familiares.

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Días antes de que ser asesinada, Cárcamo parecía presentir lo que iba a ocurrir, explica su hija mayor Alison. “Caminaba alegre, se pintaba, se cambiaba de colores las uñas. Como que ya presentía que estaba viviendo sus últimos días. Se bañaba a cada ratito, le hacían trenzas, se soltaba el pelo”, recuerda Alison.

El día que la mató, Salinas debió estar en el trabajo desde las 6:00 de la mañana, pero llegó cerca de las 8:00 de la mañana a la casa de los padres de Cárcamo, en short y camiseta. Cárcamo le dio agua helada.

En este punto, los familiares de la víctima se hacen varias interrogantes, especialmente ¿cómo logró salir del trabajo con el arma? También se preguntan si pueden demandar que la empresa que contrató a Salinas pueda pasarle una pensión a las niñas menores de edad que Cárcamo dejó huérfanas. La mayor tiene 18 años de edad, pero después le siguen una de 17, otra de 16 y la última de 11. Además, el papá de las niñas dice que Salinas tenía antecedentes policiales y no era para que trabajara como guarda de seguridad.

La vecina Melania los vio discutiendo en el mismo momento en que por el lugar pasaba la pastora de la iglesia evangélica a la que Cárcamo había empezado a asistir.

“Cállate que ahí viene la pastora y te va a escuchar”, le dijo Cárcamo a Salinas. Él se quedó callado y después se fue.

Después de mediodía, Alejandro vio salir a su hermano de la casa vecina, donde vive una hermana de ellos. “Ya me voy hermano para el trabajo”, le dijo Salinas. “Que te vaya bien hermano”, respondió Alejandro, y le entregó 20 córdobas que Salinas le pidió.

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Minutos después, Alejandro quedaría como loco y casi lo atropella un carro cuando le dijeron que su hermano había matado a Cárcamo y luego se suicidó.

Cerca de las 2:00 de la tarde del pasado sábado 11 de abril, Juana Vivas y su esposo José Francisco Cárcamo estaban en el porche de su casa cuando vieron entrar a Salinas, quien se dirigió a donde estaba su cuñado Denis descansando y de un “bolso viejo” sacó una pistola.

“Oye vos hijueputa, vengo por tu familia, mirá aquí está la pistola”, le dijo a Denis, quien se suspendió y le dijo a su hermana: “Mercedes mirá”.

La mujer supo inmediatamente que llegaba para matarla y corrió. “Papito, papito, Róger me quiere matar”, le dijo a su padre, pero casi inmediatamente Salinas tomó del cabello a Cárcamo.

Una hija menor de edad de Cárcamo escuchó que su mamá le decía a Salinas. “No quiero irme a vivir con vos”.

El anciano de 72 años se indignó de ver cómo el hombre agarraba a su hija y recordó que tenía dos machetes guardados en su dormitorio y fue a buscarlos. “Se me subió la sangre. Yo iba a matarlo”, dice el papá de Cárcamo. Pero no halló los machetes. Después que pasó el crimen, los encontró en el mismo lugar donde los había buscado.

Se regresó y vio que Salinas había golpeado con la cacha de la pistola a su otro hijo Denis, quien tenía el rostro ensangrentado.

Cárcamo había logrado salir de la casa, mientras Denis forcejeaba con el hombre. La mamá de ella, Juana Vivas, fue sacada por una vecina. Pero Cárcamo volvió a entrar a la casa. Ya los vecinos habían escuchado los gritos.

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Cuando Cárcamo entró de nuevo, ya su papá estaba forcejeando con Salinas. El papá recuerda que le daba puñetazos duros en el rostro a Salinas, tanto que después los dientes de Salinas le causaron heridas en los nudillos de la mano derecha, los cuales se los vendaron en el hospital posteriormente.

El padre de Cárcamo tenía domado a Salinas, pero se confió, se dio la vuelta para buscar un palo y Salinas le disparó en el hombro derecho. La bala no le penetró pero le pasó rozando la mejilla izquierda, causándole una herida en el rostro y quemadura por pólvora en el hombro y pecho.

Salinas tomó del cabello nuevamente a Cárcamo y además le propinó dos puntapiés. Ella una vez más se le soltó y corrió a la calle, pero él le disparó en la pierna izquierda. La mujer cayó. Ya afuera, el hombre le disparó una bala que le atravesó un pulmón. Fue cuando Juana Vivas se acercó a su hija, pero llegó el tercer disparo, en la parte derecha del cuello de la víctima. Ella lo vio. Y su hija alcanzó a decirle: “Ay, mamita”.

Juana Vivas recuerda que cuando se acercó su hija levantaba un brazo pidiendo ayuda y varios hombres de la cuadra se acercaron para tratar de desarmar a Salinas, pero el hombre cargó el arma y dijo: “El hijueputa que se meta se va también”. Todos tuvieron miedo y retrocedieron.

Los cuerpos de la pareja quedaron en la entrada a la vivienda que habitaban. LA PRENSA/Tomada de Facebook

Algunos grabaron la escena con sus teléfonos celulares. Salinas se arrecostó en el cadáver de Cárcamo. La vecina Melania Baltodano cuenta que Salinas cargó dos veces la pistola pero no se le disparó. A la tercera la cargó con más fuerza y la escena quedó grabada haciéndose viral. Salinas se disparó en la parte derecha de la cabeza. Los cuerpos de ambos quedaron sobre la calle de tierra.

Los funerales

Mercedes Cárcamo y Róger Salinas se velaron a poco más de una cuadra de distancia. Ella en casa de sus padres y él en casa de una hermana.

“Viera qué gentillal que había en la vela de mi hija. Vino gente de todos lados. Aquí hubo de todo. Café, gaseosas, pan, galletas. La gente aquí amaneció, se les dio de desayunar, se les dio de almorzar. Gracias a Dios hubo de todo”, recuerda Juana Vivas.

Según los allegados a Cárcamo, en la vela de Salinas casi no había gente. La familia y unos cuantos allegados.

Alejandro, el hermano de Salinas, lo desmiente. “Hubo gente”, dice. La vela de Salinas tuvo que ser resguardada por cinco patrullas de la Policía. Un grupo de jóvenes había mostrado la intención de entrar a quemar el féretro del fallecido.

Alejandro Salinas dice que el peligro estuvo a la hora del entierro y por esa la Policía los acompañó durante todo el trayecto, en el cual evitaron pasar por la casa donde era velada Cárcamo.

“Lo enterramos a las 11:00 de la mañana. Hacer el hoyo costó porque la tierra estaba muy dura”, dice el hermano del difunto.

Mientras cavaban el hoyo de Salinas, también era cavado el sepulcro de Cárcamo.

Cárcamo fue sepultada a las 3:00 de la tarde en el mismo cementerio de Ciudad Sandino donde quedó Salinas.

“De la casa salió bastante gente y en el cementerio nos estaba esperando otro montón de gente”, dice Juana Vivas.

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