El libro en tiempos de la pandemia

Hoy se celebra el Día Internacional del Libro, establecido por la Unesco en memoria de Miguel de Cervantes, Garcilaso de la Vega, William Shakespeare y otros grandes escritores.

En tiempos de pandemia y con una dictadura brutal encima, se podría pensar que es banal y pérdida de tiempo, celebrar algo tan fuera de la cruda realidad material como es el libro. Igual se podría decir de la celebración del Día de la Tierra, que fue ayer 22 de abril, establecido para crear conciencia alrededor de graves problemas globales de la humanidad actual, como la sobrepoblación mundial, la contaminación ambiental, el deterioro de la biodiversidad, el calentamiento global, etc.

Pero dedicarse a cuestiones trascendentales es muy importante y útil, también cuando se está ocupado en protegerse del contagio de la peste, en lavarse cuidadosamente las manos, distanciarse prudentemente de las demás personas y recluirse convenientemente en casa, sin salir salvo en casos de mucha necesidad.

Para aprovechar los días de la pandemia y el confinamiento o la restricción drástica de salidas, y para no caer en el aburrimiento, se escuchan recomendaciones de leer obras literarias para todos los gustos y nivel intelectual. Sin embargo, la lectura durante la pandemia —ni nunca— no tiene que ser solo para entretenerse y matar el tedio.

Precisamente en estos días del Covid-19, Mario Vargas Llosa ha escrito en su columna internacional de opinión que “las buenas lecturas no solo producen felicidad; enseñan a hablar bien, a pensar con audacia, a fantasear, y crean ciudadanos críticos, recelosos de las mentiras oficiales de ese arte supremo del mentir que es la política”.

Agrega el escritor peruano-español galardonado con el Premio Nobel de Literatura: “Un buen lector es el ciudadano ideal de una sociedad democrática: nunca se conforma con aquello que tiene, siempre aspira a más o a cosas distintas de las que le ofrecen. Sin esos inconformes sería imposible el progreso verdadero, el que, además de enriquecer la vida material, aumenta la libertad y el abanico de elecciones para ajustar la vida propia a nuestros sueños, deseos e ilusiones”.

Nicaragua ha tenido y sigue teniendo buenos escritores, algunos de ellos tan grandes que sus nombres y obras fulguran en el mundo internacional de los libros. Cabe mencionar que la riqueza literaria nacional, que arranca con la llegada de los españoles, es resumida por el académico de la Lengua Jorge Eduardo Arellano en su obra Literatura Nicaragüense, que debería ser materia de estudio en los institutos y universidades de Nicaragua.

A la luz del pensamiento de Vargas Llosa se puede decir que si bien Nicaragua ha tenido antes y tiene ahora muchos buenos escritores, los lectores seguramente no han sido bastantes. Quizás por eso es que se han impuesto, en extensos períodos de la historia nacional y hasta hoy, dictadores ordinarios que son una vergüenza en un país que ha producido tantos autores literarios fecundos y brillantes, desde Rubén Darío hasta los contemporáneos.

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