Zona de Strikes: Julio Medina era un big leaguer jugando aquí

Julio Medina fue el mejor jugador de Nicaragua en la década de los años ochenta. Su elegancia y precisión producían una emoción muy singular

Vicente Padilla, zona de strikes, beisbol

En Julio Medina había una mezcla de naturalidad, armonía y precisión. Su juego transmitía una emoción muy singular. Era elegante y extrovertido, pero quizá poco generoso.

Se movía con armonía en torno a la segunda base, con un guante que atrapaba lo que se movía y un brazo muy potente, aunque su mayor peligro era generado en el homeplate.

En Medina teníamos a un big leaguer jugando aquí en los Pomares. Su marco físico no era imponente, pero tras su apariencia endeble, había mucho talento y un carácter firme.

Llegó a convertirse en el mejor segunda base que ha producido Nicaragua. Muy completo. No tenía el poder de un jonronero, pero su juego era altamente productivo con el bate.

Aún no cumplía sus 17 años cuando debutó en Primera División en 1977 con average de .214. Mejoró a .278 en 1978 y regresó hasta en 1981, cuando subió a .280 e impactó en los Pomares.

Un año después (1982) atrapó el liderato de bateo con .356 y repitió en 1985 con .347, tras una feroz pelea con Arnoldo Muñoz (.346). Justo ahí, ya era el mejor jugador del país.

Para entonces, ya había bateado .393 en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Cuba (1982), .316 en la Copa de Bélgica (1983) y .367 en la Copa de Edmonton (1985).

Si había un jugador fijo en la Selección Nacional en esa época, ese era Medina, quien junto a Ariel Delgado y Arnoldo Muñoz formaba una muralla en León y en la tropa pinolera.

Cuando Nicaragua al fin le ganó a Japón 4-2 en el Mundial de Cuba en 1984, resultó decisivo un jonrón de Julio ante Masahiro Fujikawa con Cayetano García en circulación.

Medina también le botó la bola a Andy Benes en el Mundial de Italia en 1988, aunque se perdió el partido ante EE. UU. Pero su presencia fue siempre clave en los momentos decisivos.

Fue 13 años miembro de la Selección Nacional (de 1982 a 1995) y se retiró con .297 de average (656-195) 88 remolques y 12 jonrones. A nivel local bateó .316 con 1,538 hits y 69 jonrones.

Su mejor campaña a nivel nacional fue la de 1993 con el San Fernando. Bateó .360 con 20 toletazos a las tribunas y 74 impulsadas, pero curiosamente no tuvo otro año ni de 10 jonrones.

En 11 de sus 20 temporadas bateó sobre .300, siendo su average más alto el .385 de 1989. Su mayor cantidad de hits fueron 139 en 1993, año en el que además impuso marca de 103 anotadas, superada luego por las 110 de Arnol Rizo en 2014.

No obstante, la calidad de Medina era innegable. Un peloterazo en toda la extensión del término. Tenía la elegancia de un baletista, el descaro de un ambicioso y el corazón de un guerrero.

Edgard Rodríguez en Twitter: @EdgardR

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