César Jarquín guardó durante doce años la bola del último out ante Cuba en 1972

Una línea de Urbano González a las manos de César Jarquín terminó convertida en doble play, pero ¿dónde está la bola de ese último out ante Cuba?

César «La Maravilla» Jarquín, torpedero de la Selección Nacional de 1972, vencedora de Cuba. LA PRENSA/OSCAR NAVARRETE

El juego de beisbol más recordado en la historia de Nicaragua es el del 3 de diciembre de 1972 en el viejo Estadio Nacional Dennis Martínez, en donde la Selección Nacional de esa época alcanzó la inmortalidad al vencer al equipo monstruo del beisbol amateur mundial, Cuba, con una blanqueada de 2 por 0 de Julio Juárez.

Cada aniversario de ese triunfo aún se celebra y la voz del narrador Sucre Frech todavía se escucha con el doble play que puso punto final al partido. Fue una línea de Urbano González que atrapó el mago César Jarquín en el campo corto para luego pisar la segunda base y completar la histórica victoria, dando origen a una celebración que aún no tiene fecha de vencimiento.

Esa pelota ahogada en el guante de Jarquín debería estar en el Salón de la Fama del Deporte Nicaragua o exhibida en una elegante vitrina. Sin embargo, no creerán cuál fue el final de la misma.
En medio del tumulto de la celebración, porque los fanáticos se tiraron de las graderías al campo, Jarquín se las arregló para guardar la valiosa pelota.

“Un amigo me regaló una cajita bonita para guardar la pelota”, afirma Jarquín, quien a sus más de 70 años de edad se mantiene en buenas condiciones físicas y tras una larga carrera como pelotero y entrenador, ahora está retirado, pero suele visitar los campos y los estadios porque la pasión por el beisbol nunca se apaga.

Una persona muy amable

“Trato de llevar la vida tranquila. Me siento bien en la medida de lo posible para mi edad. Trato de cuidarme, como por ejemplo no salgo a la calle de noche porque mi visión ya no es la misma. Pero gracias a Dios que me dio mucha energía durante mi juventud y todavía me queda un poco de ella”, cuenta la “Maravilla”, cuya humildad y popularidad lo hacen uno de los expeloteros más apreciados y respetados por los fanáticos.

Jarquín recuerda que en su época de jugador activo y miembro de la Selección Nacional, también tenía tiempo para compartir con sus amigos en San Isidro jugando “perreras”. “Eso sí, me decían que bateara a la zurda porque creían que si lo hacía a la derecha solo jonrones iba a pegar como si fuera un bateador de fuerza”, se ríe Jarquín ahora.

Más adelante, cuando visitaba a su esposa en el trabajo en el Hospital del Niño, fue impactado de ver a los infantes enfermos de cáncer que siempre sonreían, entonces se conmovió y por un tiempo, durante las posibilidades económicas se lo permitieron, llevó a los niños alegría y uno que otro regalo. “Es increíble como un confite puede hacer feliz a un niño”, apunta Cesarín, quien en el 2009 ingresó al Salón de la Fama del Deporte Nicaragüense.

Jarquín fue un pelotero de mucho éxito, pero nunca fue apegado a las cosas materiales. Cuando regresaba de torneos internacionales regala el uniforme de la Selección a sus amigos. Podría decirse que de las pocas cosas que guardó por mucho tiempo fue la pelota del último out del juego ante Cuba, que la hizo en una jugada inmortalizada por Frech, por medio de una emocionante grabación que todavía suena en las radios.

Sin embargo, el noble corazón de Jarquín pudo más que el apego a la famosa pelota y un buen día, más o menos en 1984, al ver como un grupo de chavalos en San Isidro no tenía una bola para jugar, sacó la suya de la cajita en donde estuvo guardada por 12 años y ahí quedó hecha pedazos una parte de la historia de nuestro beisbol, aunque para Jarquín fue mayor la satisfacción de no cortar la motivación de los jóvenes por el deporte rey de los nicaragüenses.

Detalles de «La Maravilla»

José César Jarquín Mendoza nació el 10 de enero de 1946 en San Isidro, Matagalpa.
Debutó en el beisbol nacional en 1968 en un torneo Mayor A y ese mismo año fue escogido por Stanley Cayasso para la Selección.

Actuó en ocho Mundiales de beisbol, siendo el mejor para él, el de San Petersburgo, Florida, en 1974.  Ahí en Florida bateó .407, con diez empujadas, para terminar como líder y mejor torpedero del evento.

También actuó en dos Copas Intercontinentales y dos Juegos Centroamericanos y Caribe.
Ganó plata en Medellín en 1978 y en Caracas 1983, ya como coach. A nivel local resumió .279 (2,600-725) con 149 robos y varios títulos.

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