Una nica de corazón

El escultor es un poeta que hace un poema de una roca. […] con su cincel destroza las angulosidades de la piedra bronca y forma el seno de Afrodita o el torso del padre Apolo. (Darío).

Recordemos a la escultora danesa-nicaragüense Edith Grön Dorthe, (1917-1990). Muchacha preciosa de ojos verdes y pelo dorado. Educada en el Instituto Nicaragüense de Cultura. Perfeccionó sus estudios en la Academia San Carlos, México. Fue egresada de la Universidad de Columbia, EUA.

Llegó a Nicaragua, desde Dinamarca, en 1923. A temprana edad fue víctima de un accidente. Su percance no fue impedimento para que pudiera mostrarnos su arte. Con su radiante juventud, sus sufrimientos y alegrías quedaron plasmados en nuestras piedras dándoles forma y expresión.

“Las manos de la princesa de rayos de oro”, como la llamó José Vivó, hacían poesía en la piedra, mientras en un estado de introspección, fijaba su vista y mente tallando los poemas de Darío. El poeta fue para ella uno de los temas principales de su escultura. Fue un aliciente de sus penas y dolores. El busto de Darío fue trabajado en barro, madera, cemento, bronce, y en mármol blanco traído de Guatemala. Esta última pieza de 75 cm de alto, fue donada al Teatro Nacional Rubén Darío en 1972.

En 1961, talló a Rubén con hábito de Cartujo. Se enviaron otras piezas del poeta creadas por ella, por toda América y Europa. En 1944, ganó el primer Premio Nacional Rubén Darío, con: El Amo Muerto.

La mexicana Frida Kahlo después de su accidente volcó su arte y pinturas en sus propios autorretratos. Fue sujeto y objeto de sus pinturas. En cambio Edith inclinó su mágico cincel para conmemorar a nuestros héroes nicaragüenses.

Según el biógrafo de la Universidad de Valencia, España, José Vivó: “Sus raíces permanecían todavía bien sujetas a su Dinamarca natal, […] tras su éxodo físico había sabido conectar o estaban adscritos a alguna de las diferentes corrientes internacionales”.

Efectivamente, pareciera que la influencia de Constantin Brâncusi llegó a Nicaragua arrastrada por la inquietud artística de Grön. La Mesa del Silencio, La Columna del Infinito y La Puerta del Beso del escultor rumano, forman parte del tríptico escultural en homenaje a los héroes caídos durante la Primera Guerra Mundial. Igualmente, Edith creó esculturas en honor a nuestros héroes.

En 1959, se inauguró la estatua de José Dolores Estrada. Militar que dirigió la Batalla de San Jacinto. La estatua de Andrés Castro, el valiente que derribó al filibustero de una pedrada, se encuentra a la entrada del Museo: Casa Hacienda San Jacinto.

El Relevo, contiene las figuras de Emmanuel Mongalo y Felipe Neri Fajardo. Héroes patrióticos que corrieron con antorchas incendiarias dándole fuego a la casa donde se resguardaban los filibusteros en Rivas.

Dedicó esculturas a: Emiliano Chamorro, Pablo Antonio Cuadra, Azarías H. Pallais, Josefa Toledo, Rene Schick, Miguel Larreynaga, Máximo Jerez, Ramón Romero, y al Cacique Diriangén —gran señor de los dirianes, luciendo el cuerpo del boxeador Bill Turcios.

Además de las obras nicaragüenses, esculpió más de cien obras diseminadas en varios países: España, Alemania, Francia, Dinamarca, Estados Unidos México, Costa Rica, y Perú. Llamó mucho la atención El castigado, figura comprometida, expuesta (1944) en el Palacio de Bellas Artes de México.

En 1990, Edith Grön muere, dejándonos un legado cultural de más de trescientas esculturas. La persistencia de esta escultora nacionalizada nicaragüense debe ser admirada por todos. Por eso el historiador, Eddy Kühl en su libro: Rubén Darío según un paisano Matagalpa, dedica un diálogo entre ella y Rubén para vivificarla y nunca olvidarla.

La autora es máster en literatura española.

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