El maestro ante la pandemia

El maestro hoy, en este tiempo de incertidumbre y dolor, de desconcierto para las sociedades, debe integrar lo que el papa Francisco llama “el lenguaje de la cabeza con el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos”

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La pandemia Covid-19 ha venido a medir con “escuadra y nivel” a las sociedades del planeta. Y también a “develar las intenciones del corazón”.

Empezó a manifestarse la enfermedad, potencialmente mortal y altamente contagiosa, y surgieron variadas respuestas ante ello. Gente que optó por tomar distancia de la realidad. Escuché expresiones como: “Eso es allá… eso aquí no pasa”; otros optamos por el “distanciamiento físico”, lavarnos las manos, hacer gárgaras… La evidencia ha dado la razón, a los últimos.

La sociedad, compuesta por individuos con diferentes papeles protagónicos, funciona mediante la armonía entre ellos.

El maestro es dentro de la sociedad elemento de amarre que cimenta las bases, dando fuerza a las columnas de esta primigenia construcción de la humanidad: la sociedad. El coronavirus ataca la nasofaringe, pulmones y microvasculatura; pero sobre todo ha dado una estocada al sistema inmunológico de los valores y principios, ha puesto a prueba la fortaleza de la sociedad ante el imprevisto, ha enseñado en plena era tecnológica que es más lo que no sabemos, que lo que sabemos. Y es allí, donde es vital la figura del maestro.

Maestro, según el diccionario significa: “Excelente o perfecto en su clase… Persona que a través de su vida y obra ejerce una enseñanza sobre los demás”. El doctor Roberto Calderón decía: “No saben a todo lo que me obligan, cuando me llaman, maestro”.

En esta pandemia dominada por la incertidumbre, el maestro debe iluminar el camino con la prudencia, sensatez y empatía por los demás. No es hora de prevalecer, es hora de sobrevivir. El maestro hoy, en este tiempo de incertidumbre y dolor, de desconcierto para las sociedades, debe integrar lo que el papa Francisco llama “el lenguaje de la cabeza con el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos”. Es decir que piense lo que siente y lo que hace, sienta lo que piensa y lo que hace; y haga lo que siente y lo que piensa.

Es poner generosamente al servicio de la sociedad toda su inteligencia emocional e intelectual, solamente así sus educandos recibirán el mensaje-enseñanza como genuino y podrán asimilarlo.

Enseñando Radiología a mis estudiantes, me tocó orientar desde el principio de la pandemia sobre la profilaxis, particularmente distanciamiento físico y uso de la “mascarilla”, con la decisión personal de usarla en mis clases y exigirla a mis estudiantes.

Actualmente las universidades abren las aulas virtuales y es alentador ver los esfuerzos de profesores, para que funcionen. A decir de un decano: “Son nuevos retos, a enfrentar”. La Educación es por esencia dinámica, tiene que ofrecer soluciones al hombre, aún de sobrevivencia.

El Maestro con su enseñanza y más aún con su ejemplo, es el artífice.

El autor es médico y profeso universitario.

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