Mi invitación a los miembros del Ejército

No es preciso que saquen los tanques ni los carros de combate para mostrar el músculo militar. ¡No! Simplemente salgan a la calle en traje de fatiga

Recién ha pasado el 18 de mayo. Un día como ese, en 1895, nació en Niquinohomo Augusto C. Sandino, aquel hombrecito que —sin pinta de político ni militar— se dibujó en el alma un puñado de estrellas.

En homenaje a ese General de Hombres Libres invito a los miembros del Ejército a que hagan una pequeña reflexión, en aras del amor por Nicaragua.

No es preciso que saquen los tanques ni los carros de combate para mostrar el músculo militar. ¡No! Simplemente salgan a la calle en traje de fatiga. Y con el clarín de Cabrerita, quien cada mañana despertaba al Coro de Ángeles, toquen una diana. Díganle a Nicaragua que ya dejarán de ser apáticos e inermes; que como soldados de honor han decidido romper el silencio cómplice, para ponerse al servicio del pueblo.

Sé de buena fuente que los miembros del Ejército ya están tomando medidas de distanciamiento. Incluso, se les ha visto usando mascarillas y guantes. ¡Enhorabuena! Entonces, les digo: con esa misma preocupación, conviértanse en dignos hijos de esta Patria: en vez de quedarse en los cuarteles, viendo los toros de largo, únanse a la población que está muriendo, ante la vista y paciencia de los gobernantes. Exhórtenlos a no seguir exponiéndose ante esta tragedia mundial. Y que las “hormiguitas de Sandino” vayan a palabrearle al oído esta noticia: “General: nuestro Ejército ha vuelto al redil de la dignidad. Ya no seguirá haciéndole el juego a la infamia, al crimen de lesa humanidad, al genocidio”.

No desperdicien esta oportunidad. Entren a la historia con paso firme y la mirada puesta en el horizonte. Sean consecuentes con esos principios que juraron ante el altar de la Patria: defender no solo el territorio nacional, sino lo más sagrado: la soberanía del corazón humano, basada en los valores esenciales de la ética y el humanismo.
Créanlo. Nicaragua jamás olvidará esa actitud gallarda y digna. Sacudan ya ese perverso lastre de egoísmo y codicia rampante. Den una pequeña muestra de ese decoro, que fue la divisa fundamental del General Sandino.

¡Salgan a la calle ahora mismo!, como lo están haciendo soldados honestos en todos los países del mundo. Todavía están a tiempo. ¡Los estamos esperando!

Pongo junto a mi nombre la firma de millones de hermanos que, estoy seguro, aún confían en que serán consecuentes y coherentes con ese Dios en el que ustedes creen. El mismo que, inexorablemente, un día nos juzgará a todos por nuestras vidas y obras.

El autor es músico cantautor nicaragüense.

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