Zona de Strikes: Vicente López, el «Johnny Bench de Nicaragua»

Vicente López es para los historiadores y expertos nacionales, el mejor receptor que ha producido Nicaragua en toda su historia beisbolística

Vicente Padilla, zona de strikes, beisbol

Su imponente estructura física, parecía estar revestida de bronce. Daba el aspecto de un atleta rudo pero genial a la misma vez. Con una personalidad firme y voz de mando. Sin perder la sonrisa, pero compitiendo al máximo en todo instante.

Así era Vicente López, el estupendo receptor de Quebrada Seca, San Isidro, cuya prodigiosa trayectoria no tuvo freno hacia la grandeza, mientras se establecía como el mejor enmascarado que ha pasado por los campos nacionales.

Dueño de un potente brazo, defensiva solvente y una inteligencia especial para la conducción del juego, López se convirtió en una autoridad en los años setenta, mientras su bate provocaba estragos y su carisma generaba afecto entre los fanáticos.

¿En realidad creés que sos el mejor receptor que ha tenido Nicaragua? me gustaba preguntarle aunque ya sabía su respuesta: “Por supuesto que lo soy”, decía con firmeza y luego agregaba: “Soy el Johnny Bench de Nicaragua”.

Y sin embargo, López era una persona sencilla y sin petulancias, aunque con una confianza enorme en sus cualidades, tanto que un día le prometió a su papá que le dedicaría un jonrón ante Cuba y le cumplió aquí en el Mundial de 1972.

Irrumpió en Primera División en 1970 y tras batear .218 con el Managua, nadie anticipó el gran bateador que se convertiría. Pero ya en 1971 subió a .360 con Carazo y no hubo manera de frenarlo, hasta sellar su gran historia.

Vicente actuó durante 13 años en el beisbol nacional y resumió .320 de average, con 872 hits, de los cuales 116 fueron jonrones. Anotó 510 carreras y remolcó 508. Todo eso mientras trabaja la tierra y con su camión transportaba arroz.

Su momento cumbre fue justamente su jonrón ante Cuba en el Mundial de 1972 para sellar la victoria 2-0 de Julio Juárez, ante más de 20 mil enloquecidos fanáticos. En ese torneo bateo .350 con dos dobles, el jonrón y siete carreras impulsadas.

Nadie le puso un pie adelante en la Selección en esa década y recibió una oferta para saltar al beisbol profesional con los Amigos de Miami en 1978, pero tuvo complicaciones personales (un camión le fue embargado en Costa Rica) y no decidió no firmar.

A nivel local, en siete ocasiones bateó sobre .300, aunque su impacto lo tuvo en 1978 al subir a .437 (332-145) para ser líder de bateo, con 34 jonrones y 91 remolques con el de Estelí. Se retiró del beisbol en 1982, dejando la impresión que podía dar más.

Sin embargo, sus compromisos laborales le impedían concentrarse en el juego y decidió continuar en su actividad comercial. Pero quedó constancia de su entereza indestructible, la que incluso yo pude palpar mientras moría víctima del cáncer en el 2010.

«Esto es fregado pero ahí voy haciéndole el ánimo», decía mientras era devastado por el dolor, que había puesto marchita su figura pero no lograba doblegar su espírito combativo. «Yo no me puedo aflojar, aquí soy el capitán del barco», agregaba.

Esa fue su mentalidad en el juego y por eso llegó a ser el mejor. «El Johnny Bench de Nicaragua». «Así quiero que me recordés», me dijo un día en el hospital, cuando lo visité con su amigo de siempre César Jarquín. Y creo que lo fue.

Edgard Rodríguez en Twitter: @EdgardR

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