Elecciones aunque Ortega no quiera

Daniel Ortega no puede evitar la realización de elecciones generales en noviembre de 2021, pero no porque así lo establece la Constitución Política de Nicaragua sino porque su dictadura es del género electoralista, se reproduce mediante farsas electorales. Además, Ortega está entrampado en una grave crisis y su única posibilidad de zafarse es mediante la celebración de las elecciones.

Teóricamente Ortega tiene la opción de reformar la Constitución para postergar el plazo de los comicios. Incluso podría ocurrir el hipotético caso de que se dé un autogolpe de Estado y que se declare un dictador absolutista y perpetuo, sin oposición de ninguna clase. Pero no existe la posibilidad real de que Ortega pueda hacer eso.

Por supuesto que el hecho de que el dictador esté obligado a realizar las elecciones del domingo 7 de noviembre de 2021, no significa que quiera que estas sean libres y transparentes, ajustadas a los estándares democráticos internacionales.

Lo que Ortega seguramente está pensando es hacer otra farsa electoral el año próximo. Su propósito es seguir detentando el poder no solo hasta enero de 2022, cuando se le vence el período presidencial actual, sino que más allá e inclusive para siempre. Ortega quiere estar en el poder hasta el final de sus días y cuando llegue ese momento heredarlo a un miembro de su familia; y en última instancia a alguien de su partido político.

De manera que no se necesita ser adivino o profeta, a fin de saber que para noviembre de 2021 lo que quiere Ortega es montar otro fraude electoral, igual o parecido a los que ha venido haciendo sistemáticamente desde 2008, después de que en enero de 2007 pudo recuperar el poder gracias a la corrupción, la traición y la división de la parte política democrática de la sociedad nicaragüense.

Ortega está comprometido a hacer una reforma electoral, supuestamente para mejorar el sistema de hacer elecciones, pero lo más probable es que sea para hacer una modificación superficial, para simular que cambia pero sin cambiar nada.

Una reforma electoral auténtica tiene que ser como la proponen la sociedad civil y los partidos y movimientos políticos democráticos de Nicaragua, y como la exige la comunidad internacional. Y lo más indicado es que sea acordada con la oposición. Pero en el caso de que la dictadura la hiciera solo con los partidos políticos del sistema, es decir, los que tienen reconocimiento legal, la verdadera oposición tendría que valorarlas para decidir si participaría o no en las elecciones de 2021.

La oposición democrática de Nicaragua y la comunidad internacional, en este caso la OEA, Estados Unidos (EE.UU.) y la Unión Europea, han sido claros en que no es con cualquier elección que se puede resolver la crisis nacional. Mucho menos con una farsa en la que Ortega se reelegiría una vez más, con el acompañamiento de partidos colaboracionistas.

Las elecciones que necesita el país y auspicia la comunidad internacional son para que termine sin violencia la dictadura y se abra el camino a la reconstrucción de la democracia de manera cívica y pacífica. Si no es para eso, no tendría sentido que la verdadera oposición participe en las elecciones.

La oposición auténtica, democrática y civilista, ha sido a nuestro juicio categórica en eso. Pero tal vez sería necesario que desde ahora hiciera un compromiso público y una declaración en ese sentido, para que Daniel Ortega entienda perfectamente que no es así no más que con otro fraude electoral obtendría la legitimidad política que necesita de manera apremiante.

Por otra parte, suponemos que la comunidad democrática internacional no reconocería la presidencia de Daniel Ortega, o de Rosario Murillo, o de cualquier otro representante de la dictadura, que saliera “elegido” en un nuevo fraude electoral. Eso es lo menos que podría hacer, pero debería advertirlo categóricamente para que Ortega lo entienda desde ahora. Y para que la piense muy bien antes de decidirse a hacer una reforma cosmética y falsa con el fin de montar otro simulacro electoral.

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