La monotonía en el tema

La monotonía es en ciertos casos una pieza inmóvil de la teatralidad acaso extravagante donde el concurrente se acostumbra al bostezo. Sin embargo existen recursos para suplir la adicción. Uno de ellos entre tantos es insistir en lo mismo.

Considero por comprobación cotidiana que uno de los argumentos que ya causa fastidio ese es el del “coronavirus”.

La redondez se tendió en la cabeza desde marzo. Ningún medio de comunicación en todos los estilos está exento de ocuparse sistemáticamente de la pandemia, ora en las páginas amarillas en el follaje rodante de la especulación, en la información política, por su puesto en la científica que es donde más cabe la especialidad, hasta en la deportiva. Creo que ni el pelo de la sopa está al margen de la suspicacia.

En mis consideraciones me inclino por la objetividad, por la racionalidad donde el fruto reinante sea el de la verdad.

Pero se abusa del alarmismo, de la búsqueda comercial de lograr el mejor “rating”.

La mascarilla cuya utilidad nadie va negar se pasea oronda por la nariz con el atuendo más atractivo y sugerente de los colores. Al parecer no existe otro tema en el mundo con recursos disminuidos por la versatilidad. Y lo peor es que la motivación carece del enfoque diferente. Lo que hacen los expositores con mayor frecuencia es apelar a la fotocopia flagrante del comunicado con un reprís que se puede memorizar. No pocos aspiran a ser las estrellas del firmamento informativo con el son pecaminoso de multiplicar a la depresión. Otros quieren cubrirse de gloria con el descubrimiento de la vacuna para terminar con el opresor letal. Alguien, un encandilado profeta vaticinó en la euforia la cercanía del “gol de oro”. El lavado de las manos con jabón no admite competencia en cuanto a ser el descubrimiento del siglo. El espumoso expediente es elemental, es una pieza básica tanto en la salubridad como en el aroma, lo cual es plausible reconocer pero no es tampoco para que se acabe el jabón como lo sugiere un ritmo tropical.

El extravío de los sentidos es un fenómeno que incluso establece una tácita devaluación en el tiempo. “Todo tiempo pasado fue mejor”, no es un invento de la inmediata emoción. Es el producto de una comprobada experiencia. Yo quiero ser más radical que Fabio. No estamos “medio locos”. Cabe la totalidad. Sufrimos un extravío frontal de la razón. “Cada loco con su tema” es un boleto verbal, no es un intruso en los espacios irrespetados de la lógica. La realidad es que entre más vivimos más padecemos los trastornos de la anormalidad. Y con la aquiescencia de la errátil civilización.

El autor es periodista.

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