Acompañados por sus pastores

La Iglesia católica de Nicaragua ha hecho en los últimos días, por medio de dos de sus obispos y la Comisión de Justicia y Paz de la Arquidiócesis de Managua, importantes pronunciamientos en solidaridad con el pueblo que está padeciendo al mismo tiempo dos mortíferas pestes: la política, social y económica de una despiadada dictadura y la pandemia del Covid-19.

El domingo 28 de junio, en la misa que ofició en la iglesia Santa Ágata, de Miami, el obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, fustigó a los “gobiernos dictatoriales caracterizados por el enriquecimiento y la concesión de privilegios para los familiares de quienes están en el poder”. Conocemos “parejas de esposos unidos por la complicidad para el mal”, dijo el obispo auxiliar de Managua quien se encuentra en el exilio debido a la feroz persecución de la dictadura. No mencionó nombres, pero todas las personas que lo escucharon y leyeron entendieron a quienes se refería.

Por su parte, el obispo de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez, en una Carta Pastoral diocesana que emitió con motivo de la celebración del día de San Pedro y San Pablo, el lunes 29 de junio, habla de los tiempos difíciles que vive el pueblo de Nicaragua, “por el azote de la pandemia y la crisis sociopolítica en que está sumergido el país desde abril de 2018”.

“El Estado debe respetar la voluntad popular, emanada libremente en la elección de autoridades que deberán responder ante el ciudadano y brindarle protección y cuido, frente a los poderes estatales cuando se ejercen abusiva o arbitrariamente”, enfatiza la Carta Pastoral del obispo matagalpino. Y sobre la pandemia, ante la cual el régimen se ha mostrado irresponsable e inclusive prohibió una iniciativa humanitaria de la Iglesia de Matagalpa para ayudar a los enfermos de coronavirus y promover la prevención del contagio, monseñor Álvarez lamenta que el pueblo nicaragüense esté viviendo en un tiempo “lleno de incertidumbre, de tristeza y de dolor”.

También la Comisión Arquidiocesana de Justicia y Paz, en un pronunciamiento que dio a conocer el martes 30 de junio ha lamentado la “gran tragedia” que sufren los nicaragüenses por la pandemia; denuncia el abandono del régimen a la población y reprocha la represión al personal médico que con toda razón ha reclamado mejor atención a las víctimas y transparencia de las autoridades de salud pública.

Debemos mencionar que igualmente la Iglesia cristiana evangélica está acompañando al pueblo y velando por sus feligreses en la dramática situación actual. Muchos pastores evangélicos —lo mismo que varios sacerdotes católicos— han fallecido víctimas de una pandemia que no respeta condición social, nivel económico, simpatías políticas ni creencias religiosas.

Los nicaragüenses han sido abandonados por un régimen inhumano, que extorsiona a la gente en vez de ayudarle.

Pero son acompañados por sus pastores bondadosos, que les prodigan el alivio espiritual que para los creyentes es tan importante o más que la ayuda material.

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