No dejar suelta a la fiera

En el editorial de este viernes 3 de julio, opinamos que una advertencia de la OEA al régimen de Daniel Ortega, de que las elecciones del próximo año no serán reconocidas en el caso de que no sean justas y transparentes, y certificadas por una observación electoral internacional creíble, podría ser más eficaz que suspender su participación en el organismo interamericano.

En el mismo sentido, pero de manera explícita y razonada, se pronunció el experto José Luis Velásquez Pereira, quien fuera embajador de Nicaragua en la OEA durante el gobierno democrático de don Enrique Bolaños.

El exembajador Velásquez dijo lo siguiente, en las declaraciones sobre este tema que dio a LA PRENSA y fueron publicadas el viernes 3 de julio: “La OEA es el foro más importante a nivel continental y nos conviene más tener el foco sobre Nicaragua. No nos conviene que Nicaragua salga de la OEA, o que sea expulsada, porque perderemos un foro importantísimo”.

La suspensión de Nicaragua de su participación en la OEA, en aplicación del artículo 21 de la Carta Democrática Interamericana, es una posibilidad que se está considerando y se discute intensamente. Se trata de una medida prevista para ser aplicada a un país donde se ha roto el orden democrático, y las gestiones políticas y diplomáticas para restablecerlo hubieran resultado infructuosas. El cual es, sin dudas de ninguna clase, el caso de Nicaragua actualmente, con la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo que ha desmantelado el orden democrático y constitucional.

LA PRENSA ha recordado a sus lectores, que el 24 de junio el secretario general de la OEA, Luis Almagro, presentó ante el Consejo Permanente de la OEA un contundente informe sobre la situación de Nicaragua y la intransigencia del régimen de Daniel Ortega.

Después de escuchar dicho informe, la mayor parte de los miembros del Consejo Permanente se pronunciaron a favor de la convocatoria a un período de sesiones extraordinarias de la Asamblea General, que de acuerdo con el artículo 21 de la Carta Democrática Interamericana es la competente para suspender a un país miembro donde se ha roto el orden democrático y constitucional.

Pero no lo convocaron. Tal vez no lo hicieron porque no hay los 24 votos que se necesitan para aprobar una decisión de tal magnitud, o porque hay dudas de que suspender al régimen de Ortega de la OEA sea la mejor decisión para avanzar hacia el objetivo superior, que es la restauración de la democracia en Nicaragua.

Según la experiencia de la OEA, expulsar o suspender a un país miembro dominado por una dictadura no necesariamente ayuda a recuperar la democracia. Puede ser al contrario, como en el caso de Cuba, expulsada en 1961, y el de Venezuela, cuyo régimen se salió de la OEA antes que lo suspendieran.

Los gobiernos democráticos miembros de la OEA tienen que encontrar el procedimiento diplomático o político más viable y efectivo, para obligar a Daniel Ortega a permitir la celebración de elecciones justas, limpias y debidamente observadas, que es el buen camino escogido para poner fin a la dictadura.

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