Entre Trump y Ortega no hay comparación

Hipotéticamente, el presidente Donald Trump perderá la reelección en los comicios que están a la vuelta de la esquina en Estados Unidos. ¿Podrá Ortega usar aquella famosa frase de los años ochenta, de que “Reagan se va, la revolución se queda?”

Irónicamente, un año después la revolución se fue. Ronald Reagan había concluido sus dos periodos.

Donald Trump y Ronald Reagan tienen mucho en común, los mismos pensamientos conservadores. Los republicanos que han gobernado Estados Unidos han utilizado la analogía lingüística contra los regímenes del ala izquierda, sus adversarios históricos.

Estamos en una etapa similar a la década de los años 80, cuando el enemigo de los sandinistas era Ronald Reagan. Ahora Ortega —gobernando con su mujer— tiene como rival muy poderoso a Donald Trump. El primero le propinó al régimen sandinista y a la Dirección Nacional del FSLN, en los años 80, bloqueo económico. El segundo le aplica sanciones exclusivas a su esposa, a sus chigüines y a miembros corruptos de su círculo de hierro. Ortega, aduce que dichas sanciones son “contra el pueblo”, pero ese cuento nadie se lo cree.

Daniel Ortega, etiquetado por la corrupción, crímenes de lesa humanidad y confusión Estado-partido, no aprende la lección e intensifica sus ataques contra el inquilino de la Casa Blanca. A Ortega lo conocen por sus hechos y sus rabiosos discursos y diatribas contra Estados Unidos, pero sus peroratas no lo favorecen y menos al pueblo.
Es difícil intentar tapar el sol con un dedo, ambos, Trump y Ortega tienen sus propios problemas internos, pero no son análogos. A Trump se le atribuye promover la desigualdad racial desde el inicio de su primera campaña, pero aun así ganó los comicios del 2016. Ahora, el próximo 3 de noviembre se celebrarán las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Ante las agitadas protestas por la muerte de George Floyd a manos de la Policía, el Gobierno se ha visto obligado a usar las fuerza policial y la Guardia Nacional, para repeler el saqueo de grupos delincuenciales.

Cualquier gobernante civil en el mundo haría lo mismo.

En Nicaragua, la corrupción, la represión, los asesinatos cometidos en mayor grado por las fuerzas policiales, paramilitares que reprimen al pueblo, corroen a Ortega. Al dictador nicaragüense se le ha pasado la mano y tiene las de perder.

Es obvio que entre Daniel Ortega y Donald Trump no hay comparación. Mientras el dictador Ortega se aferra al poder hasta su muerte, Trump aspira a un período más al que tiene derecho constitucional, y si pierde se va a su casa.

El autor es vicepresidente de la Asociación de Periodistas de Nicaragua (APN).

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