La invención de Roma

Copio el título de este artículo del que tiene el capítulo VI del libro Diez lecciones sobre los clásicos, que me obsequió recientemente mi estimado amigo don Carlos Muñiz.

Me parece apropiado el título, porque la fundación de Roma fue un hecho real, resultado de un proceso histórico-social-humano; pero también es un mito, una hermosa fantasía inventada para dar relevancia mitológica al origen de esa gran ciudad, que fuera imperio y centro cultural de proyección universal.

El mito del origen y la fundación de Roma es argumentado por Virgilio en La Eneida y comienza cuando Eneas huye de Troya que ha sido arrasada por los griegos. Eneas carga sobre los hombros a su anciano padre, Anquises y lleva de la mano a su pequeño hijo, Ascanio.

Detrás va Creúsa, la princesa troyana que es la esposa de Eneas. Creúsa desaparece a poco de salir de Troya, y cuando Eneas regresa a buscarla, ella le aparece en espíritu y le dice que los dioses le han asignado una gran misión:

Ir a Hesperia (Italia), allí librará grandes batallas, se casará con otra princesa y de su estirpe saldrán los fundadores de una nueva gran ciudad, más rica y poderosa que la destruida por los griegos.

No mucho tiempo después de salir de Troya, Eneas y los troyanos que lo acompañan pasan por Epiro, donde reina Heleno, hermano de Creúsa. Heleno también es un adivino, como su otra hermana, Casandra, la que previó la destrucción de Troya y alertó sobre esto, pero por una maldición de Apolo su profecía no fue creída.

Heleno dice a Eneas que cuando lleguen a Italia verán junto a un gran río a una enorme cerda blanca, alimentando a 30 cerditos. La gran cerda blanca es, dicho simbólicamente, la ciudad que el hijo de Eneas, Ascanio, fundará con el nombre de Alba Longa y los 30 cerditos las treinta tribus del Lacio, que se unirán a Eneas y sus hombres en la guerra contra los rútulos.

Como ya se ha dicho, Eneas no fue el fundador de Roma. La ciudad que él fundó en tierra italiana fue Lavinia, así llamada por el nombre de su nueva esposa. Sería mucho tiempo después, que en un hermoso paraje adornado naturalmente por siete colinas: Palatino, Capitolio, Viminal, Esquilino, Aventino, Quirinal y Celio, Rómulo y Remo —descendientes de Eneas— fundarían la gran ciudad que sería la cuna de un poderoso imperio y de una cultura que se expandiría por toda la Tierra.

Pasaron 300 años y después de Ascanio, a quien llamaban Iulus los latinos, reinaron en Alba Longa sus descendientes: Silvio, Eneas Silvio, Latino Silvio, Alba, Atis (o Capeto), Capis, Capeto II, Tiberino Silvio, Agripa, Rómulo Silvio, Aventino, Procas, Amulio y Numitor, el padre de Rea Silvia y abuelo de Rómulo y Remo.

Por la parte paterna los hermanos gemelos Rómulo y Remo eran nietos de Marte, dios de la guerra, y ellos serían los fundadores mitológicos de Roma.

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