El pensamiento y la filosofía liberal

En su obra Los Grandes Textos Políticos, Jean Jacques Chevallier (1900-1983), hace un recorrido histórico desde los grandes defensores del absolutismo monárquico (Maquiavelo, Hobbes, Bassuet etc.) dando paso luego a lo que Chevallier considera el asalto al absolutismo, que crean y fomentan las ideas de libertad, igualdad y justicia.

John Locke (1632-1704), considerado el padre del liberalismo moderno, proclama un Estado de igualdad, de libertad y prosperidad privada; manifiesta que nadie puede ser perjudicado en estos derechos, por naturaleza inherentes al género humano, y si lo es, están para eso las leyes buenas, los jueces buenos y las sentencias justas; los pensamientos de Locke, junto a los de Voltaire, J.J. Rousseau y Montesquieu hicieron posible los lineamientos políticos y jurídicos de la revolución francesas.

Por su parte el escocés Adán Smith, uno de los más preclaros pensadores del siglo XVIII, edifica las bases económicas sobre la libre empresa, la diversificación del mercado y la mano de obra y el respeto a la propiedad privada, elementos fundamentales acogidos y defendidos por el ideario liberal.

En Nicaragua, las influencias de cambios y renovaciones propiciadas por el liberalismo, llegan poco antes de nuestra independencia, pero alcanzan su mayor rigor a partir de la segunda mitad del siglo antepasado, con las figuras de Máximo Jerez y Francisco Castellón; fue Jerez un ideólogo de primera línea, un patriota en el campo de batalla y un diplomático de gran estatura sobre todo en misiones en los Estados Unidos. Por su parte Castellón, fue estratega político y militar, y también un excelente diplomático habiendo ejercido delicadas misiones en Francia e Inglaterra.

Con la revolución liberal iniciada el 11 de julio de 1893, el liberalismo en nuestro país entra en una nueva fase; el esplendor de su ideario y su esencia se plasma muy iniciada la revolución con la aprobación de “La Libérrima”, carta magna que caracterizó el espíritu renovador de connotados personajes que comulgaron en todo momento con la idea del cambio y la transformación profunda en lo político, en lo social y en lo económico; aunque algunos de los preceptos de la nueva Constitución no fueron cumplidos a plenitud, sin embargo el contenido doctrinario de un liberalismo puro, arraigado y perdurable, hicieron posible los cambios que en la época se necesitaban, arrancando las cadenas arcaicas del pasado llevando a Nicaragua a una modernización cuyos efectos aún están vigentes. Fue Zelaya el gran propulsor de dichos cambios y su fuerte sentido nacionalista, cobijó a la nación en el concepto de la dignidad y el progreso; su visión histórica y unionista con los países centroamericanos, queda reflejado en solo el inicio de La Libérrima. Su primer artículo refería la búsqueda de dicha unión. Sobre el particular mi recordado abuelo: José María Castellón Lacayo (1878-1969) escribió: “Las reformas promulgadas en la Constitución de 1893 son un faro de luz en la conciencia no solo de los nicaragüenses sino que también en la de todos los hijos de Centroamérica”.

El autor es magistrado de la Corte Suprema Justicia, miembro del Consejo de Administración y Carrera Judicial.

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