Primero condiciones luego elecciones

Desde abril de 2018 la mayoría de los nicaragüenses hemos apostado por encontrar una salida cívica y democrática a la compleja crisis que la dictadura ha provocado en el país, habiendo roto el orden constitucional y evidenciado su absoluta falta de capacidad para gobernar.

La comunidad democrática internacional y la OEA en particular, han propiciado la vía del diálogo y la celebración de elecciones libres, transparentes y observadas para la solución a la tragedia en que vivimos. Los dos intentos de encontrar una salida negociada han sido abortados por la dictadura, demostrando que el único lenguaje que es capaz de hablar es el de la violencia y represión.

La actitud de Ortega y sus múltiples rechazos a encontrar una salida democrática han provocado que más de 31 países apliquen sanciones a su círculo de poder más cercano y hoy pretende utilizar la pandemia, con sus consecuencias amplificadas por su negligencia, para pedir el levantamiento de esas sanciones pese a que son individuales.

Jamás nadie pensó que fuese fácil lograr verdaderas elecciones dejando atrás las amañadas, fraudulentas y excluyentes que han sido impuestas hasta ahora.

A la vista de la conducta reiterada de violaciones masivas de los derechos humanos y el uso del Covid-19 como arma biológica, resulta difícil pensar que la comunidad internacional pueda continuar considerando como factible la salida electoral sin modificar la correlación de fuerza interna y externa en detrimento del dictador. La historia ha demostrado que si bien Ortega es renuente a negociar sí responde a los cambios que lo debilitan y aíslan.

La unidad en la acción que la oposición ha planteado es la estrategia correcta para enfrentar al régimen, apartando los temas de casilla u otros susceptibles de provocar división.

La Coalición Nacional reconoce necesario fortalecer la unidad desde ahora para exigir reglas democráticas o elecciones bajo estándares internacionales, nunca elecciones estilo Roberto Rivas o de sus herederos, lo cual exige una reforma profunda en materia electoral, y la previa y más importante restitución de derechos y garantías constitucionales, la plena vigencia de nuestros Derechos Humanos, la presencia de organismos internacionales en nuestro territorio y, antes que todo la inmediata liberación de los presos políticos y el desmantelamiento de las fuerzas represivas.

Nicaragua requiere de un ambiente de libertad y seguridad para poder hablar de elecciones democráticas.

La Coalición ha alcanzado el consenso de defender una posición común, pero si bien creemos en la solución pacífica y democrática, la medicina para el enfermo terminal en que Ortega ha convertido al país, no puede ser un placebo empaquetado en negociaciones secretas con arreglos de cúpulas a espaldas del pueblo.

Elecciones al estilo orteguista nada solucionarán, únicamente profundizarán y exacerbarán la crisis, prolongándola indefinidamente con más dolor y sufrimiento para todos los nicaragüenses.

El autor es abogado, pertenece a la Coalición Nacional.

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