Despertares

Caminar en automático casi ha desaparecido porque las personas están más conscientes consigo mismas y con el otro, lo cual es bueno al poner atención en las rutinas que han sido dislocadas por nuevos estilos, formas de vivir en pandemia. Despertares obligados que nos han revuelto las neuronas y nos repetimos ¿hasta cuándo será esta vida?

Pero no nos adentramos en este despertar, seguimos negándolo y más bien se cae en procesos autodestructivos, desde lamentaciones, temor al fin del mundo, muerte lenta, enfermedades psicosomáticas, pérdidas o procesos de duelo, con un bombardeo de pensamientos negativos que nos destruyen el sistema inmunológico con cuadros de gripes, insomnio y depresiones.

Los jóvenes y adultos por encima de la media de tres décadas, con familias de cuatro o cinco personas en casa, están a punto o al rojo vivo con los cuadros estresantes a millón, sin posibilidad de salir de casa y poder compartir con amigos o amigas.

Aquí entra en juego como en toda dinámica familiar los condicionantes ambientales, socioeconómicos y psicológicos de la pareja como de sus descendientes. No es fácil lidiar con la pantallas del computador y celulares y el teletrabajo; con la atención del hogar y cuido de la familia sobre todo si en casa hay un adulto mayor o alguien convalesciente.

Los conflictos se manifiestan más rápido a casi cuatro meses de encierro, porque muchas personas salen en estos “permisos’’ o alertas de colores a celebrar la vida o la muerte y se lanzan a las calles sin tomar precauciones, o familias que se reencuentran y realizan celebraciones…

Los rituales forman parte de nuestras vidas y el trabajo, ir a la escuela, al mercado, viajar, pasear con la novia o el novio, pasear a los animales, trotar o caminar, conversar y mirarse o saludar fue vetado sin contemplaciones para resguardarse. Y ahora las salidas son también abruptas, y retomadas como al principio sin dar explicaciones; sin atender la voz de los epidemiólogos, sanitaristas, científicos, pues solo nos informan que nos preparemos con más aislamiento y más miedo controlado y esperanza de la salvadora vacuna.

Realmente el miedo controlado y sostenido por los medios audiovisuales es efectivo, pero las secuelas en las personas a nivel individual y grupal está perdiendo efectividad y se siente otro “respirar’’ en las calles, al vernos a los ojos ya no con miedo como al principio sino con más solidaridad y respeto al otro. Nos escuchamos, se dialoga a dos metros y en los taxis es más cercano y parecería que el cuerpo y en este caso los brazos y manos estuvieran amputados, porque se ha señalado que las manos al tocar nos contaminan y no sabe qué hacer con ellos.

La autora es psicóloga y comunicadora social.

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