El Tío Sam tiene la palabra

Los que esperábamos que el pasado diecinueve de julio Daniel Ortega dijera algo digno de mención, una vez más nos quedamos esperando. Por ese motivo voy a referirme a lo que no dijo, obviando todo lo que tiene que ver con los símbolos esotéricos que se le atribuyen al dibujo de la estrella y a la colocación de las sillas. Total, si alguien creyó que sucediera algo sobrenatural, esto no ocurrió.

Pero volviendo al tema, titulé este escrito El Tío Sam tiene la palabra, porque considero que todos los mensaje subliminales y no tan subliminales iban dirigidos a la administración del gobierno norteamericano. Empecemos por los acompañantes de Ortega en la tarima. Todos sin excepción eran sancionados por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de EE. UU. Si eso no fue un mensaje directo al inquilino de la Casa Blanca, entonces no sé qué fue.

Por mucho tiempo, en cada celebración del aniversario de la caída de Somoza, al día siguiente los titulares de los periódicos son los mismos, pareciera que Ortega vive en otro mundo, habló tanto tiempo y no dijo nada, etcétera.

Nada más alejado de la realidad, su falta de mención sobre los problemas que aquejan al país o sobre el clamor del pueblo que le reclama cese de la represión, de la corrupción, la excarcelación de los presos políticos y la necesidad de cambios en el sistema electoral brillaron por su ausencia. En cambio, nos hizo una explicación en detalle sobre la causa de muerte de los últimos doce mil fallecidos. Con ese discurso en apariencia insulso, lo que en verdad nos estaba diciendo es que nada de lo que es importante para la comunidad internacional y para nuestro pueblo, tiene importancia para su gobierno.

El mensaje fue claro: yo gobierno a como me ronca y las sanciones me tienen sin cuidado. Demás esta decirles que es una acción temeraria, a menos que Daniel ya haya leído el libro de John Bolton, exconsejero de Seguridad Nacional, en el que insinúa que su exjefe, entre otras cosas, es un empresario sin ideología política. Algo que de ser cierto es una mala noticia para la causa de nuestra democracia. Pero siguiendo con mi análisis, considero que la mención al actual embajador norteamericano, después de hacer referencia al asesinato de Sandino, tampoco fue una referencia al azar. Para finalizar, la actual administración norteamericana debería tener más que claro que Ortega tiene demasiados compromisos para salir corriendo al ruido de los caites (sanciones individuales).

Si en verdad se quiere propiciar un cambio, primero tienen que cambiar la manera de enfocar su política hacia Nicaragua. De lo contrario, la dictadura seguirá los pasos de Nicolás Maduro y nuestro pueblo continuará padeciendo sus atropellos y violaciones.

El autor es analista político.

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