¿Por qué no se callan?

Soy partidario de que en política hay que jugar como en el beisbol: aplicando estrategias para obtener buenos resultados, al igual que a los mánager en el deporte rey.

En el beisbol, el mánager ante las malas decisiones de los árbitros puede recurrir de apelación o revisión inmediatamente, en el mismo terreno de juego. Para eso hay un sistema de repetición instantánea de las jugadas, ya sea un jonrón, un hit, un robo de base o cualquier incidencia en el terreno de juego.

En Nicaragua, las decisiones de los árbitros electorales son inapelables desde el 2008, año en el que se cometió un escandaloso fraude electoral y a partir del cual se instauró un sistema dictatorial oprobioso.

Dos años antes, en el 2006, Eduardo Montealegre Rivas fue el primero en reconocer el triunfo de Daniel Ortega en primera vuelta, a pesar que el vicepresidente del Consejo Supremo Electoral (CSE), Emmett Lang, admitió que faltaban por contar el 8.5 por ciento de las JRV, que el PLC reclamaba como propios. O sea que si Montealegre cómo candidato de ALN hubiera apelado la decisión de los árbitros electorales, como en el beisbol, había posibilidad de una segunda vuelta. Pero Montealegre no actuó con estrategia política, todo lo contrario, fue a felicitar a Ortega. Y colorín colorado, los candidatos Montealegre y José Rizo fueron derrotados.

El banquero, como es sabido, sabe de sumas y restas, pero sabe más de dividir. Eso ocurrió en el 2006 en el seno de una de las facciones roja, la de Eduardo Montealegre. ¿Arrogancia o sed de poder? Y aunque había expertos en matemáticas calcularon mal. Matemáticos como Pitágoras, Einstein y otros grandes de las “ciencias exactas” los habrían aplazado.

Ahora de nuevo la historia se repite. La presidenta del Partido Ciudadanos por la Libertad (CXL ) heredera política de Eduardo Montealegre, al parecer se vuelve a equivocar. Los desaciertos y la falta de estrategia política la han llevado a cometer los mismos errores de su antecesor. La señora Kitty Monterrey se niega a integrar su partido a la Coalición Nacional cuando no nos podemos dar el lujo de ir a unas elecciones generales divididos y dando oportunidad de cometer fraude al partido en el poder.

La rebelión de abril del 2018 fue tan fulgurante gracias a que contó con la valentía y preponderancia de la juventud, aún vigente, que hizo que la dictadura tronara contra la oposición.

Qué lastima no saber aprovechar el momento culminante de los errores del partido de Gobierno. Y si la dirigencia opositora al régimen no decide unir el voto en una coalición después no tendría ninguna justificación para lamentarse, pero le habría hecho otro inmenso daño a la sociedad nicaragüense.

El autor es periodista, vicepresidente de APN.

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