Un llamado a la empatía

Lo que ocurre en nuestro país es un ejemplo del caos que causa la desunión de una patria y la separación causada por lo político, económico y social. Lo que vivimos está basado en la diferencia de nuestros intereses y nuestra percepción moral de lo que nos rodea.

Es inhumano saber que en pleno siglo XXI existen tantas violaciones a nuestros derechos humanos como nicaragüenses, las cuales quedan escondidas bajo las mentiras que descaradamente son infundadas por el gobierno dictatorial. Uno de los ejemplos más recientes, del que ninguno de nosotros somos ignorantes, más del que la mayoría somos indiferentes, es el que ha ocurrido en Peñas Blancas. Más de 500 nicaragüenses, entre ellos niños, ancianos y mujeres embarazadas, permanecieron acorralados contra un muro en la intemperie, siendo oprimidos por las mismas personas quienes tienen el deber de protegerlos.

Muchos nos quejamos por el sinnúmero de violaciones que la policía y antimotines les dan al pueblo, ¿pero qué hemos hecho para crear un cambio? Hemos permanecido ignorantes, excluyendo de esto al pequeño porcentaje de personas que han estado dispuestas a darlo todo, inclusive la vida para hacer un cambio. Lastimosamente, los que estamos comprometidos a luchar por un mejor futuro no somos los suficientes. ¿Hasta dónde llega nuestra empatía por el prójimo? Nuestra misma Constitución, en el artículo 8, lo establece: “El pueblo es la fuente de todo poder político”, pero hemos dejado que nuestros derechos nos sean arrebatados y ahora nuestra última alternativa que nos queda es la unión para salir adelante. Esta unión que nuestro país ansía empieza por la empatía, por el amor al prójimo y por el amor a nuestra patria.

Desmond Tutu, ganador del premio Nobel de la Paz, dijo: “Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”. Estos no son tiempos para permanecer en la indiferencia. Aquella palabra “imparcialidad” de la que muchos erróneamente se han adueñado, no aplica en los momentos que vivimos. La imparcialidad deja de existir en el momento en el que ves a un nicaragüense ser asesinado en plena luz del día por gritar “viva Nicaragua libre”, y no hacés nada al respecto porque en ese momento no solo sos un espectador de la injusticia, también te convertís en el respaldo del opresor. Todos nosotros tenemos juicio propio y somos conscientes al saber qué es lo sensato e insensato. Es momento de un cambio, porque Nicaragua requiere de cada uno de nosotros y solo el pueblo salva al pueblo.

La autora es estudiante universitaria.

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