LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Reactivar la resistencia pacífica ciudadana

No se aprecia un camino claro hacia la victoria del pueblo nicaragüense azul y blanco en el discurso opositor y no lo habrá mientras no se reactive la resistencia pacífica organizada de la ciudadanía. La presión internacional es insuficiente por sí sola, aunque tomen medidas contra el orteguismo gobiernos y bloques de países tan poderosos como los Estados Unidos y Europa, y organizaciones mundiales y regionales como Naciones Unidas (ONU) y la de Estados Americanos (OEA).

En el supuesto de que la presión internacional haga caer al régimen orteguista, esa victoria adolecería de un componente estratégico: el pueblo de Nicaragua. Sería como una libertad casi regalada —aunque haya todo un antecedente de lucha—, por tanto, subordinada, sin altivez ni gallardía, no tendría autonomía y es probable que no dure mucho tiempo, no sentaría las bases para la construcción de un proyecto nacional que deje atrás todos los vicios, tome las medidas para que no haya de nuevo una dictadura y enrumbe el país hacia el desarrollo.

La situación es tan complicada que ni siquiera la presión internacional de los más poderosos tiene garantía de triunfo, como hemos observado en Venezuela, donde una cuidadosamente orquestada operación norteamericana que logró el consenso para un cambio drástico en el poder, nada menos que de parte de Nicolás Maduro, sus principales líderes en el partido, los generales que mandan en el Ejército y el presidente de la Corte Suprema de Justicia, fue impedida en el último momento, cuando el presidente se disponía a abordar un avión hacia su exilio en Cuba.

Debemos tomar en cuenta que hay otros jugadores en este drama latinoamericano y que tienen mucha fuerza, como se demostró en el caso venezolano. Lo cierto es que Rusia interfirió en la maquinación norteamericana y con el apoyo de Cuba, impidió la huida de los actuales gobernantes. Oficiales de la Seguridad del Estado cubano se llevaron a Maduro a un fuerte militar para impedir su salida del país.

Los rusos mantienen en Caracas una fuerza militar de al menos 100 efectivos fuertemente entrenados y armados en un inquietante desafío a los EE. UU. También instalaron un poderoso sistema de defensa de misiles. El fracaso de Washington ha sido confirmado por Mike Pompeo, secretario de Estado del presidente Donald Trump, y John Bolton, su exconsejero de Seguridad Nacional.

Pareciera que los movimientos, organizaciones y partidos y fuerzas políticas estuvieran apostando únicamente a la posibilidad de que haya elecciones libres, lo que es altamente improbable porque las perdería la dictadura, y lo sabe, por lo que no aceptaría tales comicios. Los Ortega-Murillo no quieren dejar el poder, al contrario, desean perpetuarse en él porque se consideran seres iluminados, míticos, dioses predestinados a salvar al pueblo.

La presión internacional le doblará el brazo al orteguismo, justifican algunos supuestos opositores. Al menos, paralelamente deberían de estar trabajando intensamente en reactivar la resistencia pacífica organizada de la ciudadanía, no acciones espontáneas y aisladas, sino planificadas, como parte de un conjunto que obedece a objetivos, coordinadas y cuidadosamente preparadas en todo el territorio nacional, de modo que logren un alto grado de evasión y elusión de la represión de la dictadura y su sistema de control social, y con mecanismos y procedimientos que minimicen las capturas y golpizas.

Ahora aparece citado por medios de comunicación, Ryan C. Berg, profesor adjunto de Relaciones Internacionales en la Universidad Católica de América, autor de un estudio en el que excluye la presión popular interna y se concentra en lo que pueda hacer contra la dictadura Ortega-Murillo la comunidad internacional, y en particular EE. UU.
A las dirigencias políticas nacionales no les ha bastado la historia nacional y mundial que claramente indica que los pueblos deben luchar por su libertad y que no le piden permiso a las dictaduras para hacerlo. Ellos deberían seguir el ejemplo de la persona que hace unos días en una huerta quemó un afiche oficialista, de quienes dejaron caer pinturas azul y blanco en una carretera, de los estudiantes que lanzaron consignas y mostraron la Bandera de Nicaragua en un lugar público o el de pobladores de La Trinidad que realizaron un cacerolazo.

Otros sostienen que la derrota de la dictadura será mediante una implosión, de lo cual no hay ninguna señal de que pudiera ocurrir a corto plazo. Esta posición se hermana con la electoralista, hace a un lado la resistencia popular, que es lo verdaderamente estratégico si se quiera que se haga realidad la consigna más coreada durante las manifestaciones del 2018: ¡Que se vayan!

El autor es periodista y escritor.

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