Elecciones: ¿sí o no?

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Elecciones: ¿sí o no?

Las elecciones 2021 no serán la fiesta cívica que el país merece, sino la carta a jugar para colocar a Daniel Ortega contra la pared.   O las da con las garantías que tanto la oposición verdadera y la comunidad internacional exigen, o se arriesga ser desconocido como gobierno y, por lo tanto, que ciudadanos y gobiernos extranjeros reconozcan al gobierno que debe sustituirlo. Se puede alegar que ahora mismo hay muchas razones para desconocer a Ortega como gobierno. Es cierto. Pero ninguna legal, lo suficientemente fuerte, para que la comunidad internacional lo haga. O sea, las elecciones son la oportunidad de cambio. Haya o no haya. Estas son las opciones que, a mi criterio, tenemos.

Opción 1

Cerrar la vía electoral. Decidimos, como piden muchos, que no puede haber elecciones con Daniel Ortega en el poder. Que, sea como sea, se las robará y, pensar siquiera en hacer elecciones, aún con las reformas que se pudieran hacer, sería traición. La premisa sería: jamás Ortega hará elecciones que pueda perder, o lo que es lo mismo, que no pueda robárselas. Resultado posible: Ortega hará las elecciones con la oposición colaboracionista que consiga, por supuesto las “ganará”, los que dicen que hay que insurreccionar el país lo seguirán diciendo otros cinco años y la comunidad internacional, a falta de una oposición real que denuncie el fraude o desconozca el proceso electoral, tendrá que seguir reconociéndolo, a disgusto, como jefe de Estado.

Opción 2

Hay elecciones. La oposición logra, más o menos, unirse. Al menos se forja un bloque fuerte. Se establecen las condiciones mínimas para participar y Ortega, en parte por las presiones que tiene y en parte buscando la legitimidad que no le darán los partidos zancudos, decide jugársela. Pierde las elecciones. Piñata. Oposición incendiaria. Para mayor información ver elecciones de 1990, Capítulo doña Violeta. Y, aun así, parece ser la mejor solución, aunque improbable.

Opción 3

Hay elecciones y fraude. La oposición logra, más o menos, unirse. Al menos se forja un bloque fuerte. Se establecen las condiciones mínimas para participar y Ortega, en parte por las presiones que tiene y en parte buscando la legitimidad que no le darán los partidos zancudos, decide jugársela. Pierde las elecciones, pero decide robárselas. Cambia los resultados. Para mayor información ver elecciones de 2008.  El bloque opositor denuncia el fraude y se declara ganador. La comunidad internacional tendrá que escoger entre un gobierno oficialmente establecido a través de un descarado fraude o un gobierno extraoficial salido del voto popular. ¿Cuál creen que escogerá la mayoría de países?

Opción 4

Elecciones y resistencia. La oposición logra, más o menos, unirse. Al menos se forja un bloque fuerte. Se establecen las condiciones mínimas para participar, pero Ortega, sabiendo que perderá decide no ceder nada y la pone así: “O juegan con mis reglas o juego solo con mi oposición”. Algunos partidos, todos sabemos cuáles, aceptan jugar así, pero el bloque opositor se mantiene unido y llama a desconocer los resultados de un proceso que cerró toda posibilidad de competencia justa y transparente. La comunidad internacional presiona también. No reconocerá como gobierno lo que salga de un remedo de elecciones. El cambio sería inminente.

Coincidencias

Por mucho que barajé las opciones, siempre me sale una extraña coincidencia entre quienes piden descartar las elecciones desde ahora y las conveniencias de Daniel Ortega. Una oposición que decide, a priori, no jugar la carta electoral, sólo está dejando las cosas tal cual están  y amarrando las manos de quienes mañana quieran desconocer a este régimen. También, reconozco, que coinciden con Ortega quienes apuestan a elecciones como sea, solo para mantener los espacios que les asignen. En ambos escenarios Ortega juega a gusto.

Condiciones

Ni “no elecciones” ni “elecciones”, sino ambas a la vez. A ver si me explico: retar a Ortega a un juego limpio, sabiendo que no lo aceptará o que en el camino buscará como torcerlo. En otras palabras, aceptar y prepararse lo mejor posible para ganar unas elecciones con-di-ci-o-na-das a sabiendas que, casi con seguridad,  no ocurrirán, que habrá que abandonar el juego para dejar con las vergüenzas al aire al mañoso. Esta vez no se vale agarrar diputaciones salidas de fraudes. Sería el todo o el nada

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