Un gran reto para el Cosep

El presidente del Cosep, José Adán Aguerri, no dio a conocer este miércoles —como lo había anticipado— su decisión de presentarse o no para una nueva reelección al cargo que ejerce desde hace trece años en ese organismo de la cúpula empresarial.

Desde que se fundó el Cosep (con el nombre de Cosip) hace 48 años, nunca una misma persona había sido su presidente por tanto tiempo y de manera continua. Por eso, pero sobre todo por la crítica situación sociopolítica y económica que sufre el país a partir de la rebelión democrática de abril de 2018, desde la sociedad y del mismo seno del gremio empresarial se ha planteado la demanda de una renovación en la presidencia del Cosep.

No es que José Adán Aguerri hubiera ejercido el cargo de manera irresponsable e ineficiente. Tampoco se trata de que ha estado tanto tiempo en la presidencia del Cosep, contra la voluntad de los agremiados. Ni es que una nueva reelección de Aguerri en la presidencia del Cosep, por tres años más, pudiera violar los estatutos de la organización gremial ni que sería antidemocrática.

El quid del asunto radica en que el Cosep está involucrado plenamente en la lucha por la democratización del sistema político de Nicaragua, la cual debe incluir sin falta la prohibición expresa de la reelección presidencial porque es uno de los fundamentos de la dictadura. Y, por lo tanto, el Cosep tiene que predicar con el ejemplo y practicar internamente la alternabilidad en el ejercicio del poder. Es cierto que la naturaleza del sector empresarial privado es diferente a la del Estado. Pero la empresa privada cumple un rol de primordial interés nacional, en tanto que generadora de empleo y creadora de la riqueza que sustenta el funcionamiento del Estado. Además, el Cosep desempeña una función política activa del máximo interés público. La desempeñaba cuando era aliado del régimen orteguista bajo el llamado modelo de diálogo y consenso; y es un factor político de mucha incidencia pública desde 2018, cuando rompió su alianza con el régimen y se unió a las fuerzas de la oposición política y social a la dictadura de Daniel Ortega.

Precisamente por su alianza con el régimen orteguista —que sin duda fue beneficiosa para la empresa privada y colateralmente también para la sociedad nicaragüense, pero ante todo sirvió como pie de amigo a la dictadura—, es que algunos opositores desconfían del Cosep, temen que se vuelva a entender con la dictadura y lo impugnan sistemáticamente. Inclusive lo atacan por su interés en los negocios y los beneficios empresariales, lo cual es la naturaleza de la empresa privada y es absurdo atacarla por eso, a menos que sea por ideología socialista.

Se puede decir que el sector más atacado en los medios de comunicación y redes sociales opositoras, después de la dictadura, es la empresa privada y particularmente el Cosep. Algunos opinantes opositores lo atacan con más insistencia y dureza que al mismo régimen dictatorial, que es el enemigo común contra el cual se deben concentrar todas las energías de la lucha democrática.

Sin duda que el sector empresarial seguirá siendo atacado cualquiera que sea la posición política del Cosep. Pero un hecho ejemplar como sería la renovación democrática de su principal liderazgo, le restaría motivos y fuerza a los enemigos de la empresa privada.

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