Septiembre 1856, triunfo de la unidad

Desde la independencia nacional, en 1821, hasta 1856, los habitantes de la hoy Nicaragua no tuvieron el sentimiento de la nicaraguanidad; de pertenencia a una comunidad superior a sus sentimientos locales o sectarios. Mas no podemos culparlos. Antes de la independencia, Nicaragua, entendida como un conglomerado de cierta unidad orgánica y mental, no existía. Había dos ciudades principales: León y Granada, con sus respectivos pueblos adjuntos.

Pero sus relaciones eran mínimas. Siguiendo el modelo colonial de los enclaves, ambas estaban mejor comunicadas con la metrópolis, España, que entre ellas mismas. León lo hacía a través del puerto El Realejo. Granada a través del lago Cocibolca y el istmo de Rivas. Entre las dos no había más que trochas impasables durante las lluvias torrenciales, circunstancia común en todo Centroamérica. Para darnos una idea: el jinete portando la declaración de independencia, firmada en Guatemala el 15 de septiembre, llegó a León el 22. A Granada hasta el 2 de octubre.

Una parte de la provincia se sentía pues leonesa. La otra granadina. Mas no nicaragüenses, entidad que no tenía aún realidad ni sustancia sociológica. Naturalmente, ninguna quería subordinarse a la otra: ¿Por qué los granadinos debían someterse a los dictados de la distante León? Surgieron pues las predecibles guerras localistas que, debido al recién adoptado marco republicano, adquirieron tintes supuestamente políticos. Los leoneses bautizaron su bando como “democráticos”, los granadinos el suyo como “legitimistas”. Su odio y luchas fueron una orgía de sangre de seis guerras civiles. En la última, el bando democrático (leonés) contrató a mercenarios norteamericanos, los filibusteros, a fin de derrotar a los legitimistas atrincherados en Granada. El resto lo sabemos: los filibusteros se “quedaron con el mandado”, obligando a que ambos bandos se percataran de que el extranjero les estaba robando el país y apartándolos a ellos. Dirigieron entonces sus armas contra él, en una guerra ahora nacional, pero luchando separados, tanta era su mutua desconfianza y rencor. Sin embargo, la dinámica de los acontecimientos los llevó a considerar la imperiosa necesidad de superar sus antagonismos. Ocurrió entonces lo que antes parecía impensable: democráticos y legitimistas firmaron, el 12 de septiembre de 1856, un pacto de unidad; el “Pacto Providencial”.

Fue en ese instante, como lo expresó magistralmente Pablo Antonio Cuadra, que se produjo entre los nicas “la primera vivencia colectiva profunda del “nos” nacional”. Por primera vez leoneses y granadinos se sentían miembros de algo mayor que los cobijaba, miembros de una hermandad e hijos de la misma bandera. Lo extraordinario es que, como un acto de Dios, “providencial”, dos días después se produjo la batalla de San Jacinto, victoria que, como fruto de la unidad, levantó la moral de los nacionales y cambió el rumbo de la guerra.

Pero aunque la guerra fue seguida de un período de paz, conocido como el de los treinta años, bajo la superficie siguieron vivos los sectarismos que luego estallaron, otra vez, ahora entre conservadores y liberales; siempre la tragedia de la bandera partidaria ondeando sobre la nacional; nicaragüenses considerándose verdes o rojos antes que azul y blanco.

El intento contemporáneo más fuerte de rescatar el culto a la nacionalidad, de las garras del partidarismo, comenzó con la transición democrática de doña Violeta, en 1990. Pero fue abortado por el regreso de Ortega. Sin escrúpulo alguno, volvió a enarbolar su bandera roja y negra como si fuese más importante que la enseña nacional y, para escándalo mundial, convirtió en delito enarbolar la bandera azul y blanco. ¡Qué negación más clara del espíritu del 14 de septiembre!

Mas el virus del faccionalismo pringa también a la oposición. Ocurre cada vez que los intereses grupales hacen naufragar los intentos de unidad que podrían salvar la patria del nuevo filibustero. A 164 años del pacto providencial seguimos necesitando otro.

El autor es historiador, autor del libro En busca de la tierra prometida, Historia de Nicaragua 1492-2019.

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