Mara y gobierno: el poder en riesgo de Daniel Ortega

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Mara y gobierno

El poder real del régimen de Daniel Ortega reside en ser mara y gobierno a la vez. Vivir y actuar al margen de la ley, como pandilla mafiosa, pero exigir que se le trate como gobierno. Esta dualidad le permitió llegar hasta donde está. Tanto la comunidad internacional como el gran capital, lo sabían mara, pero se sentían obligados a tratarlo con los protocolos que se exige a cualquier gobierno. “Sea como sea”, decían, “este es el gobierno legítimo de Nicaragua”, obviando los fraudes y los abusos que lo mantenían en el poder. “Con él nos tenemos que entender”, insistían. Lo que vemos ahora es que, con el paso del tiempo, y es lo lógico, se volvió más mara y menos gobierno. Por los eventos que se avecinan, podría quedar solo la mara.  Y nada del gobierno.

Noviembre 2021

El gran peligro que avizora Daniel Ortega es quedar después de noviembre 2021 sin el reconocimiento que como gobierno hasta ahora le dispensaba la comunidad internacional. O sea, quedar solo como mara. Eso le preocupa, no vayan a creer, y por eso ha empezado a mover sus fichas en el entendido que le tocará negociar buscando la posibilidad de ser otros cinco años más mara-gobierno, o sobrevivir siendo la pura mara.

Hora cero

Las señales de los tiempos nos indican que la tenaza se empieza a cerrar. Alrededor de la dictadura, y también, por desgracia, alrededor nuestro. Era previsible. La presión a ambos lados comienza a subir. Al frente, en un año nomás, tenemos noviembre 2021, que viene a ser una especie de hora cero para la dictadura, pero también para nosotros. Noviembre 2021 será un tiempo de quiebre, no solo porque haya elecciones, sino también por la gran posibilidad de que no las haya.

Ofensivas

En una esquina, por fuera, vemos a Estados Unidos radicalizando su lenguaje, la OEA rediseñando una ofensiva, Naciones Unidas señalando con más insistencia las violaciones de Ortega, y organizaciones dispuestas a llevar el reclamo de sus víctimas a tribunales internacionales. Por dentro, la oposición empieza a despertar después de su letargo, con acciones, aunque simbólicas, coordinadas. En la otra esquina, el régimen, aislado y acorralado, enseña los dientes. Usa la estrategia de huir hacia adelante:  incrementa su arsenal represivo, aumenta sus “arcas” de presos políticos, desata una ofensiva de “terrorismo fiscal” y confisca medios emblemáticos.

Multipropósito

Si se fijan, todas las últimas acciones del régimen están encaminadas a tres propósitos: una, conseguir recursos, dinero que le está faltando; dos, procurarse fichas para ceder en una posible negociación, que solo aceptará si le permite sobrevivir siendo mara y gobierno; y tres, golpear a los bajos a quienes considera sus enemigos, para debilitar su respuesta, preparándose desde ya para quedar como forajidos con poder.

Cadena perpetua

En este contexto Ortega se saca de la manga de la camisa una ley que instaure la cadena perpetua en Nicaragua. Usa el cruel crimen contra dos niñas campesinas y se monta sobre su sangre para, por un lado, dotarse de más herramientas represivas, y por el otro, soltar un distractor que le quite presión a sus propias acciones. La vieja táctica goebbeliana: imponer a las masas los temas de los que se hablarán, para desviar la atención de los que no quieren que se hable.

Presos políticos

Una las estrategias de Ortega y Murillo es la acumulación de presos políticos, para tenerlos disponibles en cualquier momento, como monedas de cambio. La cruel paradoja de esto es que entre más alto sea su valor de cambio, más presos políticos tendrá en sus mazmorras. Por eso no le importa que sean inocentes o inofensivos. Lo que le importa es que haya quién esté dispuesto a pagar por ellos. Sucede como en los secuestros: el pago de rescate estimula más secuestros. El cálculo de los delincuentes es que, a pesar que se sabe de esta paradoja, los familiares y compañeros de las víctimas pagarán por ellos. El humanismo que de un lado faltó, se impondrá por el otro.

Tiempos

El asunto es que el tiempo va corriendo. Y Daniel Ortega lo sabe. Su propósito es por ahora solo mantenerse en el poder. Un día a la vez, como los Alcohólicos Anónimos, pero pensando que un simulacro de elecciones de las suyas podría darle otro período como gobierno, siendo la mara que es. La oposición tiene todas ventajas. Lo único que necesita es unirse, para juntos derrotarlo en elecciones, si se dan, o juntos desconocerlo, si no se dan. El peor escenario es que se forme un bloque de oposición colaboracionista, que venda la sangre de abril, y participe en elecciones sin las condiciones mínimas. Ahí, Ortega se habrá salido con la suya. Y tendremos gobierno y mara para otros cinco años.

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