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La Chureca

Este panorama gris se repite todos los días en La Chureca, mientras la alcaldesa Reyna Rueda evita referirse al tema. LAPRENSA/W.LÓPEZ

La Chureca que no debería de existir, pero resurgió

La Chureca fue el vertedero a cielo abierto más grande de Latinoamérica. Se le pudo poner fin con apoyo internacional, pero las imágenes de la gente buscando material reciclable entre la basura sigue ahí

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El horror ha vuelto a La Chureca. Aunque hace siete años y medio la Cooperación Española dio por finalizado el millonario proyecto que sellaba 40 años de miseria y contaminación medioambiental, hay decenas de personas que hurgan la basura que todos los días produce Managua y que no es seleccionada en la planta procesadora de desechos sólidos instalada en el complejo.

Les llaman «pepenadores» y con un saco al hombro y un palo con punta — conocido como gancho — buscan algo, cualquier cosa, que les genere dinero. Es un drama que se repite a diario, sea bajo un sol inmisericorde o en un día lluvioso, rodeados por zopilotes que buscan comida entre los desperdicios y que luego vuelan a manchar el azul celeste del cielo, haciendo más triste la escena.

En teoría nada de esto debería existir. Para eso el gobierno de España, a través de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), invirtió 41.2 millones de euros entre 2009 y 2012 en el denominado “Programa de Desarrollo Integral del Barrio Acahualinca”. El Concejo Municipal hasta creó la Empresa Municipal de Tratamiento Integral de Desechos Sólidos (Emtrides) para garantizar orden y que no se echara a perder el proyecto de los españoles.

El proyecto fue inaugurado en febrero 2013 y con este se selló el vertedero a cielo abierto más grande de Latinoamérica, se puso a funcionar la planta recicladora y construyeron 258 viviendas en Villa Guadalupe para la misma cantidad de familias que por décadas comieron, trabajaron y vivieron entre la basura. Algunos les llamaban de forma despectiva “churequeros”, pero entre ellos se llamaban “pepenadores”.

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José — así le llamaremos a un joven para proteger su identidad — es una de esas decenas de personas que se rebuscan la vida entre la basura amontonada al costado oeste de los terrenos de La Chureca. Él no es los “pepenadores” históricos, sino que llegó hace unos meses al lugar porque lo vio como la única forma de obtener unos pesos para llenar su barriga. O por lo menos no morir de hambre. Vive en un barrio vecino de La Chureca y cada día suele llegar a las 8:00 a.m al lugar. “Por el portón no me dejan entrar, así que me meto por otro lado y paso toda la mañana y parte de la tarde en la rebusca. A veces uno sale premiado, otros días nos va feo”, dice. Además, reconoce, que le gustaría trabajar en la planta pero es difícil entrar.

La Chureca

Cuando la planta fue construida, la idea era que las personas que hurgaban la basura, trabajaran ahí. Y así fue al inicio: se les entrenó para el nuevo trabajo, hubo entrega de uniformes y equipo de protección, pero según denuncias de ellos mismos, con el tiempo han sido desplazados por foráneos. Incluso, en varias ocasiones hubo intentos de bloquearle la entrada a los camiones recolectores de basura en protesta por esas arbitrariedades, pero la presencia policial no lo ha permitido.

Burlan la vigilancia de Emtrides

Pese a que la Alcaldía no permite el ingreso de LA PRENSA al sitio, además de obtener el relato de dos «pepenadores», se constató la forma en que funciona el sistema: al menos hay dos lugares por donde se logran meter estas personas, burlando la vigilancia privada. Esperan que los camiones lleguen a descargar y el poco material reutilizable que consiguen, lo sacan sobre hombros por uno de los puntos por donde ingresan e inmediatamente lo venden.

La Chureca
Detrás del portón principal de La Chureca, ubicada en el Distrito Dos de Managua, se aprecia parte de sus hectáreas. Cada vehículo que ingresa con desechos, debe pasar por una pesa, ubicada al lado derecho. LAPRENSA/W.LÓPEZ

La segunda fuente que se refiere a este tipo de trabajo también solicita anonimato. Le llamaremos Carlos. Reconoce que técnicamente está prohibido que lleguen a «churequear» y pese a que los responsables de Emtrides están al tanto de su presencia, no los expulsan. Al menos algo está a su favor, consideran. «Es que si nos sacan, están obligados a que nos den trabajo en la planta. No nos pueden sacar y ya», aclara. Su cara cuarteada y quemada evidencia las jornadas calurosas que ha enfrentado entre los cerros de desechos, sin importar que siempre lleve gorra o un suéter con su capucha puesta, como si hubiera clima frío aunque las temperaturas en verano superen los 40 grados y la sensación térmica sea aún mayor. La humedad, el vapor y gases que emana la basura suman otro reto en la jornada diaria.

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¿Esto que está pasando en La Chureca es conocido por las autoridades municipales? Este medio de comunicación abordó a la alcaldesa Reyna Rueda el pasado martes 29 de septiembre al finalizar la sesión con sus concejales, pero no respondió. «¿Ha ido recientemente a La Chureca? ¿Cuál es la situación después de más de siete años que la cooperación española entregó el proyecto?» fueron las dos preguntas realizadas respecto al tema, pero ninguna respondió. Al contrario, al escucharlas empezó a caminar deprisa.

Datos sobre La Chureca

El descontrol que hubo en La Chureca durante cuatro décadas la convirtió en el basurero más grande de Latinoamérica. Según el documento La transformación del vertedero de La Chureca, publicado por la Cooperación Española para la inauguración del proyecto y entrega formal a las autoridades de Managua, aparece que el lugar llegó a reunir más de cuatro millones de metros cúbicos de desperdicios. Algunas «montañas» alcanzaban hasta 25 metros de altura.

Cuando se desarrolló el proyecto, 258 familias habitaban en los terrenos del vertedero. Sus casas eran de cartón y plástico. Al mismo número de núcleos familiares se les construyó una vivienda en un área bautizada como Villa Guadalupe.

A diario, según Emtrides, cerca de 1,400 toneladas de basura llegan a La Chureca. Una parte es separada en la planta procesadora de desechos sólidos. El resto va a los vasos de vertido.

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